Conoce la relación entre angustia e hiperactividad en los niños

Los trastornos de ansiedad, las crisis de pánico y la hiperactividad pueden tener un origen común, llamado angustia.

31 de Diciembre de 2014 | 15:32 | Por Francisca Vargas V.
Los padres muchas veces no saben cómo lidiar con los episodios de angustia que presentan sus hijos porque no logran comprender qué los provoca y cómo acompañarlos.

Es que cuando se habla de angustia, ésta no solo puede ser causada por un gran shock emocional, sino que existen numerosas razones por las cuales un niño puede angustiarse y tender a evadirse a su modo.

Las razones pueden ser varias, situaciones familiares de abuso y de maltrato o cuando se produce una muerte o separación. En esas circunstancias, cuando el pequeño vive situaciones de orden traumático y no se le da espacio para que exprese su sentir o no se le ofrecen palabras que les permita entender las situaciones dolorosas, el niño puede caer en angustia.

Y, en muchos casos, la expresión de esa angustia puede ser la hiperactividad.

“Esta relación de angustia con hiperactividad y déficit atencional son pocos los que la hacen. Sin embargo, considero que es fundamental ligar las dificultades de muchos niños para atender y no parar de moverse, con situaciones que los angustian”, afirma la doctora Gisela Untoiglich, reconocida psicoanalista argentina.

La experta comenta que esto sucede cuando el adulto no se ubica en el lugar de sostén del niño, y por el contrario, el niño es el que sostiene al adulto, construyendo una asimetría invertida.

Asimismo, para Francisca Carrasco, psicóloga de Clínica Avansalud el tema de la hiperactividad puede ser un síntoma de ansiedad que muchas veces tiene su origen en dinámicas familiares, que perturban emocionalmente al niño, o favorecen la hiperactividad.

“Sin embargo, hay casos en que se observa una predisposición genética en el niño a que presente una conducta hiperactiva y la ansiedad aparece como algo secundario”, afirma. Pero, comenta que el déficit atencional se confunde con cuadros de angustia, dado que la sintomatología puede ser la misma.

“Afortunadamente ahora hay mayor atención al estado psicológico de los niños. Antes no se le daba tanta importancia a los miedos que presentaban los niños, o a la hiperactividad como un reflejo de alguna perturbación emocional”, concuerda con la especialista trasandina.

Transmisión en el útero

“Los seres humanos nacemos en estado de desamparo y necesitamos de un otro adulto para la supervivencia, esto nos da un alto grado de vulnerabilidad”, afirma la doctora Untoiglich. Es por eso que los bebés percibirían intensamente a sus madres, ya que dependen de ellas para su supervivencia física y psíquica.

Por lo tanto, dice, si la madre en los primeros tiempos del embarazo y/o nacimiento está viviendo situaciones angustiantes, esto se transmitirá a los hijos.

¿Cómo? “En la falta de placer en ese encuentro, en el repliegue de esa madre y en la dificultad para conectarse positivamente con el niño y esto deja marcas tanto a nivel psíquico como biológico”, explica. Sin embargo, advierte que esto no significa que los padres sean los culpables de lo que le ocurre al niño, pero en los primeros tiempos hay una dependencia absoluta.

De ahí que anime a que los progenitores armen redes de sostén para el niño, ya que si ellos fallan, los chicos pueden encontrar en otros adultos el apoyo que buscan.

Alternativas a tratamientos

Gisela Untoiglich dice que no todas las personas necesitan tratamientos terapéuticos. Algunos, por ejemplo, pueden canalizar su angustia en expresiones artísticas. En este proceso es fundamental trabajar con los padres, en principio para que entiendan que ese niño está sufriendo y no se trata de que él quiera arruinarles la vida.

“Muchas veces es necesario un trabajo psicoterapéutico conjunto con padres y niños e introducirse en aquello que angustia a los padres y que no les posibilita conectarse con este niño”, declara.

¿Cómo involucrar a los padres en la mejora de sus hijos? La psicóloga Francisca Carrasco habla de potenciar la comunicación de padres e hijos.

“Los niños se expresan principalmente a través del juego, por lo que se recomienda destinar unos minutos al día, no importa si no es mucho tiempo, a jugar de manera libre con el niño. Esto no sólo favorece el lazo, sino que si se sigue el juego al niño, podemos conocer mucho acerca de lo que siente, y lo ayudamos a sentirse más contenido y comprendido”, aconseja.

Respecto a la administración de medicamentos la experta de Clínica Avansalud, aconseja antes descartar las causas emocionales y ambientales. “La medicación puede tratar los síntomas, pero sí no trabajamos las causas o si no le damos al niño y a la familia herramientas para manejar de mejor manera ciertas situaciones, el problema volverá a aparecer de una forma u otra”, sostiene.
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