Padre defiende gusto de hijo de 2 años por usar vestidos

Un escritor explica por qué ha decidido permitir que su hijo se ponga los vestidos de su hermana y difunde la falta de prejuicios en la crianza y conceptualización del género. Consultamos a un psicólogo si esto podría perjudicar a un niño.

19 de Enero de 2015 | 08:49 | Por Ángela Tapia Fariña, Emol.
The Huffington Post
Si a tu hijo menor le gusta usar vestidos, ¿deberías darle la libertad de hacerlo o prohibírselo? ¿Se debe explicar que esa ropa corresponde a otro género antes de permitir que se ponga uno o dejarlo disfrutar de su niñez, sin prejuicios de lo que debería o no vestir?

El escritor y actor Seth Menachem es conciso al asegurar: “mi hijo se pone vestidos y a mí me parece bien”. Así lo aseguró al The Huffington Post, en una columna que no dejó indiferentes a quienes la leyeron, y pudieron ver en imágenes cómo su hijo menor de dos años, Asher, disfruta de ponerse la ropa de su hermana mayor, de 4 años, Sydney.

Antes de dar rienda suelta a comentar las distintas experiencias que ha vivido debido a las preferencias textiles de su único hijo hombre, Menachem invita a reflexionar sobre las distintas opciones que hay para vestir, entre Sydney y Asher: la primera, elige vestidos ante la opción de pantalón. Mientras que el segundo, no elige debido a su corta edad, y es vestido con lo clásico –y obvio para muchos- para un niño pantalón y polera.

“(Pero) lo que suele hacer es arrancarse la ropa y gritar la palabra ‘vestido’ una y otra vez. Escala a la silla del armario y alcanza uno de los vestidos de Sydney: ‘Este’, dice. Así que, la mayoría de los días, mi hijo va vestido como una princesita Disney. Dejando a un lado todas las costumbres sociales, no le quedan nada mal los vestidos. Y puede que en un día de verano en Los Ángeles, a casi 30ºC, sea la opción más práctica”, relata el padre.

Según explica Menachem, en un comienzo se avergonzaba un poco de que su hijo saliera con vestido a la calle, pero no justamente por este hecho, sino que le aproblemaba que la gente creyera que había sido decisión de él, como padre, vestir a Asher así. “Como si entre mis planes estuviera el hecho de utilizar a mi hijo para romper las normas sociales, o, como me preguntó una amiga de mi madre: ‘¿Es que querías otra hija?’.

En dicha ocasión, el padre –que se dirigía a un cumpleaños infantil con sus dos hijos-, había tratado de vestir con pantalones a su hijo, mientras éste hacía un berrinche de proporciones. “Las lágrimas le caían por la boca y, de repente, me di cuenta de que estaba luchando por algo en lo que ni siquiera creía. Estaba haciendo que mi hijo se sintiera mal por algo por lo que no debía avergonzarse. Así que paré. Le di un abrazo y me disculpé”.

Para el académico de la Escuela de Psicología de la Universidad Andrés Bello, Emmanuel Rechter, pese a las buenas intenciones de Menachem, el tema de Asher es complejo.

“La consolidación de la identidad (sexual) supone un proceso permanente, que no cesa durante toda vida. La infancia y la adolescencia son etapas fundamentales y, en dicho contexto, la influencia de los padres resulta crucial”, aseguró el profesional, subrayando el hecho de que en la niñez “se inicia el proceso de reconocimiento e identificación de roles, siendo el género un aspecto relevante del proceso”.

¿Quieres que sea gay?

La columna del padre continúa relatando lo que fue al momento de llegar al cumpleaños con su hijo menor  luciendo un vestido. “¿Te parece divertido? Hay niños aquí. ¿Quieres que lo vean? ¿Es que quieres que sea gay?”, fueron algunas de las preguntas que recibió de otros padres que vieron al menor llegar al cumpleaños con un vestido de princesa lila y unos zapatos brillantes.

“Yo mantuve la calma. Les expliqué lo mejor que pude que no había correlación entre la forma de vestir y el hecho de ser gay. Y si resulta que es gay, no será por nada que yo haya hecho, sino porque es gay y punto. Quizás es una etapa. O quizás no lo es. Pero, sea lo que sea, no quiero que se sienta incapaz de expresarse por falta de apoyo de sus padres. Algunos lo entendieron. Otros, atrapados por la religión o por la ignorancia, nos pusieron mala cara”, escribió.

“Un amigo gay me vio con los niños un viernes por la noche en un concierto de jazz en el museo y, sin venir a cuento, dijo: "Bueno, yo no me ponía vestidos cuando era pequeño", que es como decir: "No te preocupes. Tu hijo no es gay como yo". Este hombre gay y casado intentaba tranquilizarme por un problema que ni siquiera existía. Si mi hijo es gay, pues vale. Quizás es. O quizá no. Quizá va a ser travesti. O quizá no. Pero yo no tengo control sobre ello. Lo único que puedo hacer es apoyarlo”, relató.

Ante eso, Emmanuel Rechter despeja las dudas, asegurando que el que a un menor se le permita usar o no un vestido no es determinante para adelantar conclusiones relativas a su identidad sexual, es decir, no guiará su futura orientación hétero u homosexual.

En lo que sí influye es en la “afirmación de los roles femenino y masculino. En tal sentido, el caso que se señala (el de Asher) merece una serie de consideraciones que ameritan la evaluación de un profesional”, concluyó el psicólogo.
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