Pesa tu vida: Un aterrizaje forzoso de vuelta a la realidad

Denisse Fuentes ya está de regreso en Chile y se reencontró con su familia. Sin embargo, sus ganas de volver a viajar están ahí, reclamándole nuevos destinos. ¡Lee su nueva columna acá!

17 de Marzo de 2017 | 12:26 | Por Denisse Fuentes
El Mercurio (archivo)
"Viajar es marcharse de casa, es dejar los amigos, es intentar volar; volar conociendo otras ramas, recorriendo caminos es intentar cambiar. Viajar es vestirse de loco es decir 'No me importa', es querer regresar. Regresar valorando lo poco, saboreando una copa, es desear empezar…".

El jueves desperté con un mensaje en mi celular: Rodrigo me enviaba, entre anécdotas y aventuras vividas en nuestro viaje juntos que no podía dejar de escribir en mi libro que está a punto de ver la luz, este poema de Gabriel García Márquez, que no puede definir y definirme mejor lo que significa este momento: el comienzo de muchos viajes. Vestirse de loco, valorar lo poco, desear empezar...

Loca fui, locuras viví, valoré hasta lo más mínimo, reí de la ridiculez y cuando el sábado pasado a eso del mediodía aterrizaba en Chile, lo único que deseaba era volver a empezar, volver a partir.

Sí, porque no les voy a mentir: el aterrizaje ha sido forzoso. Mi regreso ha estado lleno de amor y abrazos, pero también ha sido doloroso en los recuerdos que se hacen presentes, cercanos pero a la vez lejanos. Aun puedo sentir, palpar lo lugares y sabores que sentí, los aromas que olí.

El retorno ha tenido de dulce y agraz, y ha hecho volver más fiel y firme mi convicción de volver a empezar, de vestirme de loca y partir a volar.


Mi familia me recibió con un amor que emociona incluso al escribirlo. Mi vuelo se atrasó horas y cuando salí, ahí estaban mis viejos queridos, mi papá miraba pendiente la puerta de salida, mi mamá a su lado expectante también trataba de verme entre la cantidad de personas que salían.

Justo en el momento en que salí, se cruzó una persona que le tapó la visión a mi papá, pero mi mamá sí me vio, y corrió a abrazarme y decirme: "Mi niña, llegaste". Me miraba y me abrazaba, y sus ojitos se llenaron de lágrimas. Mi hermano que vi a lo lejos, fue a buscar a mi papá, que seguía parado en el mismo lugar que me había esperado durante horas. Nunca vio cuando salí y solo esperaba esperanzado verme pasar por la puerta.

Cuando finalmente me vio, se acercó a mí, me envolvió entre sus brazos y como cuando era una niña, me abrazó fuerte, con el amor de un padre a una hija. Mi viejo no dice mucho en palabras, sino que habla con la mirada.

El abrazo de Benja, mi hermano, mi partner, mi amigo, tampoco se hizo esperar. Con una cara de sueño que no podía disimular -la noche anterior había salido de carrete- igual quiso estar. Con su abrazo y su mirada supe que sabía exactamente cómo me sentía, algo que corroboré en el café que tomamos por la tarde.

Tenía el corazón a mil, un torbellino de emociones giraban a mi alrededor. Tenía un jet lag del terror, no sabía qué día era, y tenía ganas de dormir y después despertar, pero estaba feliz de corazón por ver a mi familia, que es lo que más amo en mi vida.

Sin embargo, algo me dolía, algo no encajaba y trataba de ponerle forma y razón, pero no lo lograba. Hasta que dije: "¡Basta Denisse! Que el aterrizaje en Chile no borre lo aprendido, la libertad, la mujer, la paz y plenitud con la que ves y vives la vida, no le corresponde a tu amada vuelta por Asia. Tu pequeña vuelta al mundo recién comienza. Eso te pertenece a ti, ya que tu decidiste partir, dejar lo cómodo, lo conocido, salir de la zona de confort, moverte, no anclarte ni estancarte, dejar lo peros y las trabas acá".

Así que me vestí de loca, aprendiendo del fuerte y del débil, y me lancé a vivir y a sentir. Lloré con alegría, lloro aún cada vez que escribo. Me sumergí en mi computador, y me puse a producir en silencio y casi sin que se note mi presencia. Escribo y hago activo mi pequeño y gran plan de acción, mi carta Gantt para volver a partir a vestirme de locura, cultura y volar tan alto como pueda.

Aquí en silencio, junto a un sauce llorón que me enviaron desde el otro lado de la cordillera para que me cundiera mejor, escribo y les escribo. Relato las hazañas de una vuelta por Asia que está en busca de su segunda, tercera e infinitas versiones, porque otros continentes reclaman su participación. Preparo a mis viejos para que mi próximo despegue no cause tanto dolor, aunque sé que ya se lo huelen y lo ven venir. Mi viejo me lo vaticina y a ratos me lo insinúa; mi hermano ya sabe y me lee por completo; mi mamá me mira, me pide con sus ojos que no parta tan luego, me siente y sabe que aunque esté en silencio solo con un computador al frente, es ahí cuando me pierdo, creo, construyo y actuó.

Que el Victoria Peak de Hong Kong se haga presente. Que los bocinazos y tuc-tuc del sudeste se hagan notar. Que Tailandia no se quede atrás con su famosa y loca avenida "Khoa Sand Road". Que Camboya se manifieste con su incomparable Ankor Watt. Que Vietnam y su túneles de cuchi abran camino hacia un Singapur que dice aquí estoy con su imponente Marina Bay, dándole el pase a las inmensas Torres Petronas que iluminan Malasia, hasta las Islas de Bali que se pierden en los campos de arroz de Ubud. Los night market, los sleeping bus, las visas, las fronteras, las vacas de la India y su hermoso Taj Mahaj, todo eso que se muestre y despierte. Están lejos de ser un recuerdo.

Partí este blog hablando de peso y calorías, pues vistiéndome de loca y volviendo a empezar, y sin dejar mi historia atrás, ahora les hablo de la historia de un viaje y mil destinos que estoy por cruzar y estampar en un pasaporte que está reclamando por más.

A vestirse de locos…

Denisse Fuentes Estrada
, Fundadora & Directora Fundación "Pesa Tu Vida" (www.pesatuvida.cl; Facebook: Pesa Tu Vida; Twitter: @PesaTuVida/@D_FUENTESE; Instagram: Pesa Tu Vida/Denisse.fuentes.e); autora de "La Dieta de la Muerte"; Joven Líder 2015; Diplomada Internacional en Coaching Neurolingüístico.
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