Columna: Agua bendita

17 de Abril de 2001 | 12:28 | Amanda Kiran
Me habían contado que jugaba increíble.

Me habían dicho "Amanda, tienes que verlo, es un dotado para el deporte".

Había leído que si el golf era el paraíso, Dios entonces era negro.

Pero quería verlo yo.

Por eso, cuando Tomás y Alberto me invitaron a mirarlo jugar en Argentina -una de esos "¿quieres ir con nosotros?" que implicaba que cada uno se pagaba- acepté feliz de compartir el honor, muy rápidamente, tal vez demasiado como me lo recuerda mes a mes la cartola del banco.

Pero no me arrepiento ni por un minuto. Llegamos al húmedo calor de Ezeiza un jueves, con el torneo ya en pleno, así que pasamos por el hotel a ducharnos (por dios que suena bien eso) y de ahí en un transfer a la cancha. No podíamos esperar más, queríamos recorrerla como si buscáramos un tesoro, ver uno a uno a los jugadores, pero por sobre todo a Tiger, ese era el motivo del viaje, de las cartolas y del sueño.

Pisamos el club, y ya nos sentíamos muy lejos de Argentina, en un ambiente lleno de gente, lleno de idiomas, muy gentiles, recibiéndote en la entrada, atendiendo tus dudas, haciéndote sentir muy importante.

Haciéndole el quite a una tienda de recuerdos, comenzamos a caminar bastante perdidos, sin querer preguntar mucho para no parecer demasiado desubicados, así que Tomás, disimulando, a veces miraba de reojo el mapa de la cancha para tratar de encontrar nuestro destino.

Entre nuestra confusión, de repente alguien me tocó el hombro. Era la Sofía, una amiga que trabaja en la Agricultura.

-¡¡¡Amanda!!!, ¿qué andas haciendo acá?
-Hola, lo mismo que tú, pero más relajada, vengo a ver a Tiger.
-Tiger anda en el siete. Partió a las dos.
-Ahhh, sí sé, ya, para allá vamos entonces (la verdad, no tenía idea, pero no podía ser menos que ella, no quería, porque ella siempre sabía todo antes).
-Bueno, nos vemos por ahí...-me dice mientras sigue caminando-.
Si, respondí, nos vemos...

A mis amigos ni los miró, pero fue mutuo, así que seguimos hacia el hoyo ocho, para ver a Tiger más adelante. Pensamos que ya había pasado, que la Sofía estaba por fin equivocada, porque sentimos aplausos a lo lejos.

Nosotros nos quedamos parados en una lomita cerca de la salida, cuando de repente lo vi. Primero su jockey, después el símbolo de su auspiciador, luego su cara y su estampa, ya mis poros estaban más que espantados, y yo sentía miles de escalofríos por todos lados. Tomás y Alberto, boca abierta. Era como estar en una película: la estrella, más encima, acompañada en el reparto con David Duvall...

Amanda KiranLo tuve a un metro, a un mísero metro, más de una vez, pero aunque creí que estaba sola él nunca me vio, jamás cruzó la mirada conmigo, estaba demasiado concentrado coqueteando con la pelota ante demasiada gente.

Mis amigos enmudecieron hasta el tercer día de campeonato, sólo hablábamos cuando salíamos del club, aunque nunca nos referíamos a nosotros. Era todo hablar de Woods, como si de verdad hubiésemos estado en el paraíso, con Dios a un metro.

Cada vez quedábamos más atontados y ni mencionábamos a otros grandes como Olazábal, Cabrera, Franco, Lawrie, que se paseaban al lado de nosotros. Tiger era el eclipse.

Ya había sido un viaje perfecto, cuatro días inolvidables, conocimos gente, caminamos mucho, conversamos y nos reímos, pero el juego me quiso dar más, el último regalo.

Estábamos los tres, sentados muertos de calor, esperando a Tiger en el hoyo 13, era el último día, y moríamos de sed. No había kiosco cerca, había que ir al 18, y queríamos esperar a Woods y a Duvall que iban punteros. Mientras esperábamos, Tomás se levantó a ver donde venían y Alberto lo acompaño; yo me quedé sentada bajo el sol con los ojos cerrados. Me pasaba mi pañuelo por el cuello y la cara, cuando siento que una sombra me tapa el sol. Era Tomás o Alberto, seguro, ya de vuelta.

-Bueno, cabros, ¿y viene Tiger?
-¿Tiger? I'm Tiger...

Me morí dos segundos y cuando resucité abrí los ojos lentamente. Una buena impostura de la voz, sin duda, pero el que estaba al frente era demasiado distinto a Tomás o a Alberto o a...

-Here, have my water, I have lot´s in my bag.......(ten, tómate mi agua, yo tengo muchas en mi bolso) y se fue a su siguiente hoyo.

Yo, empalidecí, orgullosa y confundida, feliz pero con ganas de llorar, estuve con Tiger menos de un minuto, y es más de lo que cualquiera puede desear, no pude hablarle, apenas pude respirar.

Ni me di cuenta cuando llegaron mis amigos deciéndome a lo lejos que Woods estaría luego en el 14 y con un par de botellas de agua para mí en las manos. Pero me vieron paralizada, con una botella en la mano.

-¿Y esa agua?, me preguntaron, ¿donde la conseguiste?

Podría haberles dicho la verdad, pero iba a sonar a mentira. "Me la dio un señor muy simpático", contesté, "pero no me la pienso tomar".

-Estás loca de verdad -me dijo Tomás- esto de seguir tanto al Woods..., bueno, pero levántate que ya va a salir, capaz que hasta lo veamos cerca de nuevo.

Amanda Kiran
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