Cobreloa quedó con la boca seca y amarga

El cuadro loíno no pudo con su desorden ni con la aplicación táctica de Rosario Central e hipotecó sus posibilidades de seguir vivo en la Copa Libertadores de América tras caer 3-2 ante el cuadro argentino. Abdala y Tagliani anotaron los goles naranjas, que no fueron suficientes para rescatar un resultado positivo en Calama.

08 de Mayo de 2001 | 21:18 | emol.com
CALAMA/SANTIAGO.- Cobreloa cerró los ojos tras empatar el partido 2-2 a nueve minutos del final del partido ante Rosario Central. Los cerró bien fuerte y fue en busca del triunfo. La apuesta era tan grande como al principio del encuentro de ida por los octavos de final, pero arriesgada al mismo tiempo.

Y el tiro le salió por la culata. Un "jugadón" de Ezequiel González, que se llevó por delante a cuatro jugadores loínos, terminó por enterrar las ilusiones de los hinchas locales y las del técnico Oscar Malbernat.

No fue injusto el 3-2 en favor del cuadro argentino. Y por dos razones muy poderosas: el pobre rendimiento de los hombres de Cobreloa, en especial de Baldivieso, Dinamarca e Italo Díaz, y la certeza táctica que tuvieron los jugadores rosarinos para plasmar en la cancha la planificación del DT Edgardo Bauzá.

Ni siquiera el gol de Abdala a los 14' desarmó el armado trasandino, pero sí dejó más al desnudo las falencias loínas, especialmente cuando el rival atacó por el centro del campo con la afinada pareja que formaron González y Juan Antonio Pizzi. ¡Si de ahí para adelante el arquero Mele fue figura!

Todo se puso cuesta arriba cuando Loeschbor aprovechó a los 47' una de las tantas fallas de Díaz para igualar el marcador. Y nueve minutos después fue Cuberas quien ganó por arriba sin problemas tras un fallido despeje de Baldivieso.

La reacción minera llegó de la mano de la garra, del esfuerzo de Madrid (hizo harto más que un deslucido Vivar), Pozo y Tagliani. El argentino igualó la cuenta a nueve minutos del final, pero luego apareció la mágica jugada de Ezequiel González y la derrota loína. Incluso el mismo González pudo aumentar la cuenta cuando enfrentó solo a Mele, pero éste evitó la cuarta caída de su valla al apurar la definición de su compatriota.

Poco queda por hacer en Rosario. Claro, algunos dirán que la esperanza es lo único que se pierde, pero se debe tener uno que otro argumento para creérsela. Porque con la vara quedó alta, muy alta, y la boca seca y amarga.
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