NBA: O´Neal, el dueño de las finales

El pívot de Los Angeles Lakers se ha convertido en la principal -sino en la única- arma capaz de superar por sí sola la resistencia de los Sixers de Filadelfia. Y esta noche, además de buscar el cuarto y definitivo triunfo en la final de la temporada, intentará apropiarse del MVP que le negaron, a favor de Allen Iverson, en la temporada regular.

15 de Junio de 2001 | 11:00 | EFE
FILADELFIA.- La llegada de Los Angeles Lakers a las Finales de la NBA generó a los actuales campeones de liga la posibilidad no sólo de renovar el título sino también de establecer quién era el auténtico líder dentro del equipo, si el pívot Shaquille O'Neal o el escolta Kobe Bryant.

Después de cuatro partidos y la ventaja de 3-1 sobre los Sixers de Filadelfia la balanza se ha decantado de forma completa del lado de O'Neal, que ha sido no sólo el jugador más consistente y sólido de los Lakers, sino también el factor que desequilibró por completo la eliminatoria.

Sus promedios, de 34 puntos y 17 rebotes por partido, con 8 tapones en el segundo para empatar la mejor marca en la historia de la NBA, no ha dejado ninguna duda de que es el jugador clave para los Lakers, mientras que Bryant tendrá que esperar y admitir que sin la aportación y presencia de Shaq su equipo no estaría a las puertas de revalidar el título de campeones por segundo año consecutivo.

"Llegué a las Finales con un espíritu de venganza por varias cosas que no me gustaron durante la temporada regular y después con los premios que se dieron", comentó O'Neal.

El pívot de los Lakers también ha dejado mal a su entrenador, Phil Jackson, cuando dijo que el duelo entre O'Neal y Dikembe Mutomo no iba a ser la clave de la eliminatoria sino el que protagonizasen Bryant contra Allen Iverson.

"Lo único que quiero recordarle a todos es que desde que tenía cinco años nadie ha podido pararme ni dentro ni fuera de un campo de baloncesto", declaró O'Neal.

"Mi aporte es importante dentro del equipo y eso es algo que no se puede negar, pero siempre he dicho que Bryant es un gran jugador y necesario como el resto de los compañeros", añadió.

O'Neal, ante la rebelión infantil y poco pensada de Bryant, tuvo que defender y reivindicar durante toda la temporada su condición de líder y jugador que había permitido a los Lakers conseguir su primer título de liga la pasada temporada después de 12 años de espera.

"Siendo la primera opción de juego en el ataque los resultados han mostrado que nos convertimos en un equipo imparable, mientras que cuando lo hacemos de otra manera podemos ganar, pero nos cuesta mucho más", explicó O'Neal, de 29 años.

El pívot de los Lakers dijo que estaba listo no sólo para revalidar el título de campeones con los Lakers, sino para que se le dé el premio de Jugador Más Valioso (MVP) de las Finales que son los dos trofeos que quería tener de nuevo.

"Perdimos el invicto y pensamos que se nos acabó el mundo, pero de inmediato le hice ver al resto de mis compañeros que lo que debíamos ganar era el título de campeones y ahora estamos listos para cumplir con el gran objetivo", subrayó O'Neal.

El entrenador de los Sixers, Larry Brown, reconoció que O'Neal era el mejor jugador que había actualmente en el baloncesto profesional de la NBA.

"No puedo decir más que siento una gran admiración por O'Neal porque ha realizado hasta ahora una serie excepcional frente a un jugador como Dikembe Mutombo que también se ha ganado ya el derecho de estar en el Salón de la Fama", destacó Brown.

El máximo responsable de los Sixers definió como "fenomenal" el trabajo de O'Neal en las Finales y no pensaba que hubiese otro profesional que pudiera aportar más de lo que había hecho el pívot estrella de los Lakers.

"No quiero entrar a definir quién es el líder dentro de los Lakers, lo único que sé es que O'Neal ha sido hasta ahora nuestro gran verdugo, porque inclusive los triples de los reservas de su equipo y muchos de los puntos que anota Byrant son consecuencia del trabajo que antes ha forzado su compañero", explicó Brown.

Bryant no ha querido entrar tampoco en la polémica de su reivindicación de líder porque las estadísticas no se lo permiten y porque O'Neal le ha vuelto a recordar con hechos que en el deporte del baloncesto profesional un gran pívot siempre es una garantía absoluta de triunfo, mientras que un escolta, con la excepción de Michael Jordan, no lo es.

Los Lakers sintieron el pánico en el tercer partido cuando con menos de tres minutos vieron como O'Neal tuvo que dejar el campo por seis faltas personales y de no haber sido por el acierto e inspiración de un jugador irregular e inconsistente como Robert Horry los Sixers ahora tendrían empatada la eliminatoria, sin que Bryant lo hubiese podido evitar.

Pero quizás el aspecto más importante de la presencia de O'Neal con los Lakers es que después de haber perdido de manera sorprendente el primer partido, de inmediato les trasmitió la confianza que no iba a suceder por segunda vez porque los Sixers le habían dado otro motivo más de venganza, la de perder la racha de victorias consecutivas.
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