La dosis se está haciendo peligrosa

Sin jugar a nada, la selección Sub 20 volvió a caer por goleada en el Mundial Sub 20 -esta vez, 1-4 ante Estados Unidos- y ni siquiera el pundonor o la calculadora le alcanzan para ser uno de los cuatro mejores terceros y clasificar para la segunda ronda.

20 de Junio de 2001 | 17:57 | Patricio Corvalán C., emol.com
MENDOZA/SANTIAGO.- En el colegio, si uno se equivocaba en Química y en vez de echar nitrito a la pipeta le ponía nitrato, la mezcla podía explotar y a uno -sin pito que decir- lo echaban de la clase. No es que desde acá propongamos el cese del técnico Héctor Pinto, ni mucho menos, pero volver a caer estrepitosamente en el Mundial Sub 20 -esta vez 1-4 ante Estados Unidos- merece al menos la analogía, porque Pinto volvió a equivocar los componentes y la pipeta se le reventó en las manos.

Sí, convengamos en que para variar el partido comenzó con dosis de infortunio y mala definición (ambas por parte de Chile) y con el oportunismo al que los estadounidenses nos tenían acostumbrados en otras áreas, pero no en el fútbol. A los seis minutos, en la primera llegada gringa, Baesly recibió uno de los incontables centros de la izquierda que pillaron a la defensa desubicada. No es posible que dos defensas vayan a cubrir a un mismo jugador en el área y dejen solo a otro para que reciba y anote.

El problema es que de ahí en adelante, Chile sólo mostró empuje. Oyarzún, Pinto, Droguett y Campos no fueron capaces de detener los embates blancos -rápidos, pero previsibles- y ahí Pinto (el DT) equivocó nuevamente la dosis, porque dejó que el partido se le diluyera sin que hiciera un cambio táctico para cerrar la puerta.

El gol de Valdés (27') fue sólo una ilusión. ¿Alguien podría decir a qué estaba jugando Chile hasta ese momento? Ni Pardo ni el voluntarioso volante del Bari tuvieron la claridad para engancharse con Cáceres, y ni hablar de juntarse con Salgado, que siempre pareció temeroso incluso de recibir la pelota.

El nuevo gol de Baesly (40') fue el premio al fútbol directo, rústico y veloz de los norteamericanos. Ante eso, la fórmula chilena se dibujaba en la cancha con Villagra -el mejor valor nacional- correteando en el medio, pero insuficiente para el desdoble como para acompañar a Pardo, que esta tarde demostró que definitivamente la tibieza no sirve para ser seleccionado.

Por si fuera poco, el error de Héctor Pinto con las mezclas causó la explosión en el segundo tiempo, pero el estallido fue en el propio equipo rojo, porque hizo ingresar a Fernández por Salgado para liberar a Valdés para que se fuera al ataque. El problema es que ninguno de los dos cambios tácticos le rindió frutos y para peor Pardo, que debía a esas alturas echarse el equipo al hombro, siguió disfrazado de carrusel cada vez que intentaba entrar al área rival.

Dos nuevos goles -a los 68', Davis, y a los 75', Buddle- no hicieron más que poner en la pizarra la confusión nacional. Ya no había salida, ya no había piernas ni jugadores que pudieran complicar de verdad a la zaga estadounidense.

Si uno pierde así, goleado, pero por matarse atacando, vale, pero perder sin sabor a nada, no vale. Duele. Es lo mismo que cuando a uno le explotaba la pipeta en la clase de Química: no había ni un solo derecho a pataleo.
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