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Columna: Los pasillos de la Conmebol

Si todo se maneja como siempre se ha manejado a niveles dirigenciales, este miércoles se ratificará a Colombia como sede de la Copa América. Como siempre aflorarán las frases bolivarianas, el compromiso etereo de tranquilidad y los llamados a no flaquear ante el terrorismo.

26 de Junio de 2001 | 18:51 | Patricio Corvalán C, emol.com
SANTIAGO.- Todo depende. El mundo futbolístico sudamericano está, a lo menos, expectante y conmovido. Expectante por saber qué va a pasar este miércoles en la cada vez menos secreta reunión para definir la sede de la Copa América -que en el papel comienza en Colombia en dos semanas más-, y conmovido por los dos nuevos hechos de violencia que hacen dudar de ese país como anfitrión y que obligan a rastrear reuniones secretas que decidirán ese futuro.

Todo depende, porque el mismo jefe de seguridad del torneo, el general colombiano Aldemar Bedoya, asumió un tono novelesco para garantizar la normalidad apelando a que el secuestro del vicepresidente del fútbol colombiano, Hernán Mejía, había sido realizada "a un ciudadano común y corriente y no a un organizador de la Copa América".

Bedoya asoma tan confiado pese a la incertudumbre que le baja los bonos a la amenaza de muerte contra la selección argentina entregada en una carta a la embajada de ese país en Bogotá, porque según él "no hay registros de Inteligencia que nos hagan preocuparnos".

A nadie le gustaría estar en los zapatos de Nicolás Leoz. El presidente del fútbol sudamericano deberá este miércoles suspender el torneo, ratificarlo en Colombia o cambiar de sede y ninguna de las tres salidas tiene el piso seco. Tal vez la salida más conflictiva desde el punto de vista deportivo sea la se cambiar de sede, tomando como antecedente no sólo que Colombia ya fue despojada en 1986 de ser anfitrión del Mundial adulto (cuando la violencia no era ni la millonésima parte de lo que es ahora) sino porque el argumento de la inseguridad sería inmanejable a la hora de imaginar torneos como Copa América o la Merconorte, en que perfectamente la visita podría cuestionar la localía de cualquier equipo colombiano bajo estas razones.

La suspensión también se ve inviable. ¿Alguien sería capaz de sentarse con calculadora en mano para reestructurar el siempre caótico calendario de competencias sudamericanas?

¿Suspenderlo entonces? Tal vez, pero ¿hasta cuándo? Si Leoz espera el ciento por ciento de garantías de parte del Presidente Andrés Pastrana puede sentarse para seguir engordando, y no por mala voluntad o ineficiencia de los colombianos sino porque ningún país en realidad podría darse el lujo de esa fanfarronería.

Si todo se maneja como siempre se ha manejado a niveles dirigenciales, Colombia seguirá siendo sede del torneo y en la fecha programada (desde el 11 de julio). Como siempre aflorarán las frases bolivarianas, el compromiso etereo de tranquilidad y los llamados a no flaquear ante el terrorismo.

Seguramente, la pelota rodará en toda Colombia.

¿Seguramente?

Todo depende.
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