Samaranch dejó la presidencia del COI

Los miembros del Comité Olímpico Internacinal habían dado unos minutos antes, en votación individual y secreta, un respaldo rotundo a Jacques Rogge

16 de Julio de 2001 | 08:48 | EFE
MOSCU.- Juan Antonio Samaranch, presidente del COI durante los últimos 21 años, se despidió hoy del cargo con una sonrisa de tranquilidad, la que esbozó al abrir el sobre que escondía el nombre del belga Jacques Rogge, su sucesor en el puesto y un leal seguidor de su filosofía humanista del deporte.

Con un centenar largo de miembros del COI puestos en pie a su espalda, Samaranch se acercó a un modesto atril -lo único modesto en el majestuoso Salón de Columnas del palacio Dom Soyuzov- para hacer su anuncio: "Aún como presidente del COI, tengo el honor... y el placer de anunciaros que el nuevo presidente será el doctor Jacques Rogge".

El elegido se vio pronto rodeado de colegas deseosos de felicitarle, pero él, un hombre de carácter mediterráneo y de exquisita educación, tuvo el detalle de abrirse hueco y llegar hasta la estadounidense Anita DeFrantz, una de sus rivales en las elecciones de hoy, para abrazarla y darle un beso.

Anita, como es conocida en el seno del COI, fue la primera candidata eliminada en la ronda de votaciones, tras reunir el apoyo de sólo nueve de los 118 electores. Es la única mujer, en los 107 años de vida del COI, que ha aspirado a la presidencia.

Eran las doce y cinco minutos de la tarde en Moscú, donde veintiún años atrás, en el mismo Salón, Samaranch fue elegido para el primer puesto del deporte mundial.

Dos pantallas gigantes de vídeo repasaron, para entretenimiento de los centenares de invitados al acto, los momentos más significativos de este periodo.

Los miembros del COI habían dado unos minutos antes, en votación individual y secreta, un respaldo rotundo a Rogge. Pero sólo las tres personas encargadas del escrutinio -el senegalés Kéba Mbaye, el alemán Thomas Bach y el filipino Francisco Elizalde- conocían el nombre del ganador y el margen de su victoria.

Sin embargo, en cuanto se supo que uno de las candidatos había logrado la mayoría absoluta en la segunda ronda, todos los que esperaban el resultado en el Dom Soyuzov pensaron en Rogge.

Luego se reveló que había obtenido 59 votos, por 23 del surcoreano Un Yong Kim, misteriosamente desaparecido, 22 del canadiense Dick Pound y seis del húngaro Pal Schmitt.

Entre los asistentes al anuncio del ganador había un buen número de españoles, sobre todo barceloneses, desplazados a Moscú simplemente para conocer al nuevo presidente "y para dar un abrazo a Samaranch", como Pedro Antonio Martín Marín.

"Habrá un antes y un después de Samaranch en el deporte mundial", afirmó el ex secretario de Estado para el Deporte.

Juan Antonio Gómez Angulo, actual ocupante de ese puesto; Pasqual Maragall, ex alcalde de Barcelona; José Miguel Abad, consejero delegado de Barcelona'92, y otros amigos y familiares de Samaranch le acompañaron en la despedida, aliviada por la elección de Rogge como presidente y, unas horas antes, por la de su hijo como nuevo miembro del COI.

Para que no todo fuese perfecto en la jornada del adiós, la asamblea había rechazado la admisión de otro gran amigo suyo, el ex presidente suizo Adolf Ogi. Demasiados suizos -hubiera sido el sexto- para un organismo en el que otros países no tienen ni a un representante.

Jacques Rogge, de 59 años, cumplió con el guión habitual y dedicó sus primeras palabras a agradecer la confianza de los votantes y la ayuda prestada por Samaranch, por sus primeros mentores en el deporte belga y por su esposa, para quien hace tiempo "se acabaron las vacaciones, las fiestas y las cenas".

Aunque Samaranch mantuvo públicamente la neutralidad durante la campaña, las personas más cercanas a él estaban convencidas de que Rogge era su candidato. De hecho, los miembros del COI coincidieron hoy en calificar de "continuista" al cirujano belga, de quien no se espera que, a corto plazo, hunda profundamente el bisturí en las estructuras olímpicas.

El himno olímpico, que sonó dos veces, puso banda sonora a esta "transición afectuosa", según definición de uno de los votantes, el uruguayo Julio César Maglione.
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