El "derby" fue una fiesta en Barcelona

19 de Noviembre de 2005 | 19:55 | Bernardita Ochagavía, desde Barcelona
BARCELONA.- Parecía el fin del mundo. Gritos, aplausos, bocinazos y miles de personas saltando por las calles de Barcelona fue el resultado espontáneo de un clásico que se esperaba con ansias, de un partido que llevó a la cancha gran parte de las figuras del fútbol actual y que enfrentó a los máximos rivales de la liga española: el Barcelona FC y el Real Madrid.

"¡Eso es equipo!", gritaban unos, apuntando al Barca, mientras las cervezas se multiplicaban en las mesas del bar. Todo estaba preparado para que el gran "derby", como le dicen en la capital de Catalunya, fuese un espectáculo en sí mismo, con un Real Madrid que venía con el orgullo herido y un Barcelona, quizás demasiado inflado.

Casi 40 minutos de cobertura en el noticiario central del día previo al partido, más de 20 mil cámaras apuntando el campo de juego y más de 7 mil bares en todo Catalunya que ofrecieron el partido en directo fue el preámbulo de lo que sería el duelo en campo madrileño.

El ánimo sólo estaba para celebrar y así lo hicieron los catalanes. Tres goles en el Estadio Santiago Bernabéu eran más que una buena razón para hacerlo, más aún cuando permitía pisotear al eterno rival en su propia casa, con consecuencias quizás inesperadas.

La gloria llegó a los 15 minutos del primer tiempo cuando Eto’o convertía el primer gol. Los gritos se multiplicaron, los niños lloraban sin entender qué pasaba y a un compatriota chileno se le escapaba un "vamos conchetu..." en medio de una multitud catalana que lo miraba con ojos de extrañeza por la expresión. Mientras tanto, la camarera no paraba de ofrecer cervezas, alguna "tapa" y bebidas para pasar el calor que se generaba en el bar con tanta trifulca.

Ni el entretiempo logró calmar los ánimos que de fiesta a esas alturas tenía mucho. Pero vino el segundo tiempo y los dos goles de Ronaldinho y ya el partido estaba ganado, al menos en el bar. "¡Vamos por el cuarto!", gritaba el cocinero mientras los comensales no dejaban de vociferar y comentar cada jugada, cada tiro de esquina, cada tarjeta amarilla o cada fuera de juego.

Las mujeres presentes chillaban con cada acercamiento al arco, aunque fueron pocos, del Real Madrid, mientras los hombres presentes miraban con cara de extrañeza el entusiasmo femenino y el sonido que emitían.

Incluso el chileno se paraba y sentaba, se acomodaba junto a su amigo español mientras se pedía otra cerveza para calmar la ansiedad de un partido que está lejos de la efervescencia y entusiasmo que concitaba la selección chilena en los mejores tiempos y contra los mejores rivales.

El frío de las calles se aplacaba con el calor intenso que hacía en los bares de la ciudad de Barcelona. Todos saturados de espectadores que sólo buscaban disfrutar de un partido que llevaba semanas preparándose y meses con los asientos agotados para verlo en vivo y en directo.

Pero la fiesta se desató minutos después del encuentro. Tal y como ocurre en Chile, los catalanes se volcaron a las calles a tocar las bocinas, gritar por los balcones y celebrar en grande un triunfo que llena de orgullo a Barcelona y que ensombrece a la capital española.