Intervención
de la ministra de Relaciones Exteriores, María Soledad Alvear, ante
el Consejo de Seguridad de la ONU
Nueva York,
14 febrero 2003
Sr. Presidente,
Deseo agradecer en primer
término a los Srs. Blix y Al Baradei por los detallados y cuidadosos
informes que nos han entregado esta mañana sobre el desarrollo de las
inspecciones de la UNMOVIC y de la Agencia Internacional de Energía
Atómica en Irak. Ellos reflejan la integridad profesional que ha caracterizado
el trabajo de inspecciones, así como la honestidad conque se ha extraído
y relatado la verdad, desde una situación no desprovista de complejidades
y obstáculos.
Hemos escuchado atentamente
sus informes, animados por la disposición constructiva que es propia
de un país que cree sinceramente en el valor del sistema multilateral,
en la obligatoriedad de las resoluciones del Consejo de Seguridad y en la
virtud que encierra la decisión de explorar todos los caminos posibles
para el mantenimiento de la paz.
Mi gobierno estudiará
durante los próximos días estos informes, con la detención
necesaria para participar responsablemente en los debates en los que el Consejo
examinará la evolución de este proceso, buscando adoptar decisiones
basadas en hechos y no en meras hipótesis.
Sin embargo, lo que hemos
escuchado esta mañana, nos permite reconocer que perdura en el régimen
que gobierna Irak una actitud ambivalente ante el proceso de inspecciones.
Si bien existen indicaciones de progreso que podrían alentar aún
esperanzas de un cambio decisivo de actitud de parte del régimen iraquí
ante lo que le exige la comunidad internacional, se mantienen aquellas actitudes
negativas y dilatorias que demuestran un ánimo de no cooperación,
y alientan las sospechas acerca de la presencia de armas de destrucción
masiva en su territorio.
A la luz de los antecedentes
entregados por el jefe de UNMOVIC y el director de la OIEA esta mañana,
esperamos que el gobierno de Irak intensifique la cooperación, sin
dilación, entregando la información requerida por los inspectores
de manera de permitir la implementación efectiva de las resoluciones
de este Consejo.
Ante este cuadro, deseo
reiterar hoy día los puntos que han dado base a la posición
de Chile desde el inicio del debate.
En primer lugar, que las
resoluciones del Consejo de Seguridad deben cumplirse en forma completa y
no cabe una aproximación selectiva hacia sus disposiciones. Eso no
es lo que hace Irak. Reconocemos por lo tanto que la mantención de
la presión sobre el régimen de Saddam Hussein ha demostrado
ser el único mecanismo capaz de inducir una cierta apertura y respeto
ante las decisiones del Consejo: ella debe mantenerse sin descanso ni atenuación.
Reiteramos que de acuerdo a lo señalado en los párrafos operativos
4 y 11 de la resolución 1441, el incumplimiento por parte de Irak,
o toda injerencia de Irak en el proceso de inspecciones notificado al Consejo
por el jefe de UNMOVIC, deberá ser examinado por el Consejo a fin de
determinar si se cumplen plenamente todas sus resoluciones en la materia,
con objeto de asegurar la paz y la seguridad internacionales. La resolución
señala claramente que la infracción de sus obligaciones expone
al Irak a graves consecuencias.
Segundo, mi país
considera que dentro del sentido terminante y urgente que anima a la resolución
1441, el proceso de inspecciones debe mantenerse, fortalecerse y profundizarse,
haciéndose de tal manera preciso e intrusivo, que delate cualquier
esfuerzo de engaño o evasión que intente el régimen iraquí.
En este sentido, esperamos con interés las opiniones que los inspectores
entreguen acerca del valor y la aplicabilidad que pueden tener las propuestas
formuladas por Francia. Sin embargo, es evidente que los tiempos de los que
disponemos no son infinitos. La gravedad de la situación demanda respuestas
inmediatas y categóricas del régimen iraquí a los inspectores.
En tercer lugar, Chile
considera imprescindible el rol que las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad
deben jugar en esta crisis. Nos parece que sobre esta materia cabe realizar
una reflexión particular.
Hemos observado con desaliento
durante el último mes, un grado creciente de división en el
Consejo. Este hecho preocupante, que si bien tiene sus raíces en posturas
legítimamente diferentes ante la crisis, se ha visto alentado por una
voluntad insuficiente de escuchar y proponer. Deseamos contribuir a reencontrar
el camino de un debate que recupere una práctica de trabajo que combine
la convicción con el respeto de las preocupaciones ajenas; la capacidad
de persuasión con la tolerancia, y sobre todo, la paciencia.
Tal como ha señalado
recientemente el Secretario General, en el examen de la actual situación,
"el Consejo debe proceder de una manera determinada, reflexiva y deliberada.
Sus medidas deben ser vistas como firmes, efectivas, creíbles y razonables
no sólo por los miembros del Consejo, sino por el público en
general." Por eso concordamos con el Secretario General que la unidad
del Consejo es la base de cualquier acción internacional dotada de
legitimidad y fuerza. Sólo un Consejo unido, podrá adoptar con
credibilidad las decisiones que corresponden para lograr el propósito
de desarmar al régimen de Irak.
Por ello, nos sumamos
decididamente a la invitación que nos hace el Secretario General de
tomar el tiempo necesario para continuar explorando el consenso más
amplio posible para encontrar una solución comprehensiva que devuelva
al pueblo iraquí, que ha padecido tan prolongado sufrimiento, la plena
participación en la comunidad internacional. Sólo animados por
este espíritu podremos hacer verdadera la afirmación en la que
todos hemos coincidido: la de agotar todos los medios de solución pacífica
de este conflicto, reservando el uso de la fuerza para el momento en que ellos
han sido probados por todos, como imposibles.
Muchas Gracias