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Discurso completo de Juan Claro

UNIÓN DEMÓCRATA INDEPENDIENTE (UDI)

LA ACTUAL SITUACIÓN POLÍTICA Y LAS EXIGENCIAS QUE NOS IMPONE EL FUTURO

A) Descripción de la actual situación política

1.- El Presidente Ricardo Lagos fue elegido en segunda vuelta y por una leve mayoría. En la elección presidencial la Concertación y la Alianza por Chile tuvieron un respaldo electoral prácticamente equivalente. Ello por sí solo debería haber determinado que el gobierno buscara promover, al menos aquellas iniciativas de mayor importancia, intentando alcanzar permanentemente acuerdos con la oposición, para que tales iniciativas contaran con una adhesión ampliamente mayoritaria. El gobierno sólo habría podido prescindir de la oposición, imponiendo su exigua mayoría, si durante todo el curso de su gestión se hubieren dado conjuntamente tres requisitos: (a) un liderazgo muy fuerte y marcado del Presidente, (b) una coalición de gobierno férreamente unida y (c) un apreciable éxito en la gestión del gobierno.

2.- Con posterioridad a la elección presidencial, y aun antes de estallar los últimos escándalos de corrupción, ocurrieron los siguientes hechos de relevancia para este análisis:
La elección parlamentaria del año 2001. En esa elección (i) La Alianza por Chile experimentó una sustancial alza en su votación respecto de la elección parlamentaria anterior. (ii) La UDI se convirtió en la primera fuerza política del país, demostrando, una vez más, su fuerte arraigo en los sectores populares, además de contar con el líder y candidato presidencial del sector. (iii) Dentro de la Concertación, se produjo un fuerte debilitamiento de la Democracia Cristiana, especialmente en relación al PPD. La Democracia Cristiana incluso dejó de ser el partido mayoritario del país a manos de la UDI.

Precisamente como respuesta a su derrota la Democracia Cristiana, en busca de recuperar su identidad, eligió como presidente al senador Adolfo Zaldívar, líder de los sectores con menos afecto concertacionista de la Democracia Cristiana. Desde su elección la Democracia Cristiana no ha perdido oportunidad para hacer sentir al Presidente Lagos que no cuenta con una adhesión incondicional de ella y que la dirigencia de ese partido -en agudo contraste con la lealtad de que dio muestras la izquierda concertacionista en los gobiernos de los ex presidentes Aylwin y Frei- no vacilará en poner sus propios intereses por sobre los del conglomerado oficialista e incluso por sobre los del propio gobierno.

El partido que había emergido como nueva ‘‘estrella’’ de la Concertación, el PPD, fue incapaz de imprimir un rumbo al conglomerado. Desde la misma elección dio muestras de un estilo hegemónico incompatible con ese rol. Llegó a proclamarse como el único capaz de enfrentar a la UDI, destacando como fortaleza su diversidad frente a la homogeneidad de ésta. A poco andar, sin embargo, el presidente del PPD, Guido Girardi, que había emergido de la elección como un potencial líder, se vio envuelto en el episodio de las cartas enviadas con fondos de la Cámara de Diputados para su elección interna, con lo cual gran parte de su capital, forjado precisamente como un denunciador de escándalos, se perdió. Posteriormente, se produjo la marginación del PPD de una de sus figuras más populares y emblemáticas, el senador Nelson Ávila.

La gestión del gobierno, en el cual había grandes expectativas, dejó mucho que desear en todas las áreas. El gobierno no fue capaz de impulsar el crecimiento del país ni de resolver los problemas de cesantía, salud, educación ni seguridad ciudadana, sin duda los más apremiantes para la población. Por el contrario, las desacertadas medidas adoptados ahondaron muchos de estos problemas.

Como consecuencia del fracaso del gobierno para resolver los problemas de la gente, del desmembramiento del PPD, del deseo de perfilamiento y autonomía de la Democracia Cristiana y de desacertados nombramientos en el equipo político del gobierno, el Presidente Lagos, repetimos aun antes de los últimos escándalos de corrupción, había perdido gran parte de su liderazgo y su iniciativa política.

3.- En medio de este cuadro, ya muy delicado para el gobierno, estallaron los escándalos de corrupción que el país conoció desde fines del año 2002 (coimas, GATE y CORFO-Inverlink). Frente a estos casos la reacción del gobierno fue débil, tardía y contradictoria. A ningún funcionario se le solicitó oportunamente la renuncia, consagrándose un principio de irresponsabilidad política. El gobierno, que había partido proclamando enérgicamente que se llegaría a la verdad cayere quien cayere, cambió de rumbo y no vaciló en promover una elocuente visita masiva de sus funcionarios y de políticos de la Concertación a solidarizar con el ex ministro Carlos Cruz. Tampoco las autoridades dieron ninguna señal de rectificar los hábitos poniendo fin al cuoteo político y renovando los equipos de gobierno. El último cambio de gabinete, en medio de la crisis, fue una clara demostración de la incapacidad del gobierno para hacer frente a los hechos y rectificar el rumbo, lo que parece especialmente desafortunado e inexplicable si se tiene presente que en el caso coimas cinco diputados de gobierno fueron desaforados, en el caso GATE hay 22 personas sometidas a proceso y en el caso CORFO-Inverlink se perdieron más de cien millones de dólares de propiedad fiscal.

La reacción de los partidos ejes de gobierno no fue mejor. El PPD, que había expulsado a Nelson Ávila, fue particularmente ambiguo con sus personeros comprometidos en los hechos. El Partido Socialista siguió un rumbo zigzagueante entre el apoyo a Juan Pablo Letelier y la condena a Carlos Cruz.

4.- A raíz de su intervención personal en el caso CORFO-Inverlink, el Presidente, perdió el halo de prestigio e incluso el respeto de que estaba revestido, especialmente en sectores dirigentes del país. Fue objeto de fuertes críticas y, como consecuencia de sus desafortunadas declaraciones, sindicado como personalmente responsable de un posible descalabro financiero. Se agregaron a esto la errática conducción del papel de Chile en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y, como muestra final de su falta de autoridad, el embajador en Ginebra se permitió votar en contra de las instrucciones del Presidente. Por último, en el marco del caso GATE se encuentran en curso escenarios judiciales no resueltos que pueden conducir a resultados impredecibles.


B) Las exigencias que nos impone el futuro

1- De lo expuesto en la letra A) precedente se aprecia que, a estas alturas, ninguno de los tres requisitos que debía tener el gobierno para imponer una conducción, se está dando y muy difícilmente se darán todos ellos conjuntamente en lo que resta del período presidencial.

Como se ha dicho, el liderazgo del Presidente Lagos se encuentra seriamente resentido.

La Concertación, lejos de estar unida, da muestras de una acentuación de su proceso de descomposición interna. Existen fuertes desaveniencias entre los partidos. Así, por ejemplo el presidente de la Democracia Cristiana no asiste a reuniones en que esté el presidente del PPD. Del mismo modo, en estos mismos días los partidos discrepan sobre la posición a adoptar frente a Cuba. Tan evidente es este clima de animosidad que las posiciones encontradas han impedido incluso concretar el acto simbólico de ‘‘refundar’’ la Concertación. Pero más grave aun. Ya no se trata sólo de pugnas entre los partidos de la coalición, sino incluso al interior de ellos. De esta forma al Presidente ni siquiera le basta para conservar el cuoteo con designar determinado número de personas de un partido, sino que los cargos, además, deben distribuirse entre las corrientes internas del respectivo partido. En la Democracia Cristiana, los senadores Jorge Pizarro y Carmen Frei atacan duramente algunos de los proyectos de la agenda modernizadora del Estado que cuentan con la anuencia de su propia directiva. El senador Foxley efectúa planteamientos públicos sobre el financiamiento de la salud, duramente combatidos por sus propios camaradas. El PPD, que no ha podido salir de su crisis, enfrenta ahora un dilema que tiene que ver nada menos que con su identidad, demostración de que la diversidad no puede llegar al extremo de que los dirigentes de un partido no compartan ni siquiera lo más esencial. Así, se enfrentan con singular virulencia y publicidad dos líneas que buscan tomar control de la directiva, una tenida por más liberal y otro tenida como de izquierda. El Partido Socialista, por su parte, también enfrenta notoriamente dividido su elección interna, demostración de lo cual ha sido la pública pugna al interior de su bancada de diputados. Se suma a todo este desconcierto la virtual desaparición del Partido Radical. Hoy se asiste a un espectáculo inusual. No hay unanimidad en la Concertación frente a ninguna medida o iniciativa que adopte el gobierno, y lo que es más paradojal, tampoco la hay al interior de los partidos de esa coalición. Así, por ejemplo, frente a la proposición de Vittorio Corbo para el Banco Central -unánimemente aplaudida por la oposición, los sectores dirigentes, el mundo académico y los mercados nacional e internacional- hay DC a favor y en contra, PPD a favor y en contra y socialistas a favor y en contra.

No creemos que después de todos los episodios vividos la Concertación vuelva a ser una fuerza coherente que permita un respaldo eficaz al Presidente en la segunda mitad de su mandato. Da la impresión que ni siquiera el afán de aferrarse al poder podrá, como otras veces, servir de aglutinante, ya que todos los dirigentes perciben que, salvo que ocurra un hecho extremadamente extraño, el poder lo perderán de todas maneras en la próxima elección presidencial.

Debe tenerse presente que los tres años que restan de gobierno estarán cada vez más marcados por la proximidad de elecciones que tensionarán aún más las relaciones al interior de la Concertación, limitando el campo de acción del gobierno y esterilizando su gestión. Recuérdese que la elección presidencial del 2005 -que irá acompañada de una elección parlamentaria- no sólo representará un cambio en la persona del gobernante y su equipo sino, muy probablemente, de la coalición que sustenta el gobierno después de 16 años. Atendida la importancia de la elección es ineludible que la elección municipal previa de 2004 esté influida por este fenómeno, lo que sin duda acentuará las tensiones en la coalición gobernante y será terreno fértil para que los partidos persigan su propio interés con el objeto de quedar mejor posicionados para la elección presidencial y parlamentaria y para un posible gobierno futuro en manos de la actual oposición.

Así, lo probable es que crecientemente, a medida que se acerque el fin del gobierno, el Presidente vaya contando cada vez menos con la Concertación y deba apoyarse prioritariamente en su círculo más íntimo, en el cual cuenta más con lealtades personales que partidarias.

Como expresión del mismo fenómeno antes señalado y de carecer de equipos idóneos -en términos tales que fue incapaz de incorporar aires renovados al gabinete por no contar con personas adecuadas en disposición de aceptar los cargos- lo probable es que la gestión del gobierno tampoco sea exitosa y esto continúe contribuyendo a su deterioro.

Obviamente los fenómenos señalados en las letras a), b) y c) se retroalimentan, por lo que lo más probable es que sólo quepa esperar un agravamiento de ellos en lo que resta del gobierno. En efecto, la división de la Concertación debilita el liderazgo del Presidente y atenta contra una gestión coordinada del gobierno. A su vez, la falta de liderazgo del Presidente le impide imponer la unidad de la Concertación y tampoco le permite contar con los mejores para una buena gestión de gobierno. Por último, la evidente mala gestión del gobierno compromete el liderazgo del Presidente y, en la medida que los partidos no quieren pagar los costos de esa mala gestión, también provoca mayor desunión en la Concertación.

2.- Ante este cuadro, e incluso por un mínimo instinto de conservación, ya no será posible que el gobierno se apoye únicamente en la Concertación. Algún concurso de la oposición se requerirá, mucho más ahora que la mayoría concertacionista en la Cámara de Diputados se ha reducido al mínimo. No esperamos que el Presidente de la República efectúe una profunda rectificación que cambie el rumbo de su gobierno. No hay liderazgo para hacerlo. Tampoco ello parece políticamente viable ya que supondría la ruptura formal de la Concertación. Obviamente, si el Presidente optare por este camino, más allá de nuestra condición de partido opositor, por nuestro patriotismo y compromiso con los más pobres y por la fidelidad a nuestro estilo, el Presidente podrá contar con la colaboración de la UDI.

Sin embargo, lo probable es que, habiendo renunciado tanto él como su coalición a la posibilidad de un cuarto gobierno de la Concertación, el Presidente procurará mantener la actual situación arrastrándola hasta el final de su mandato, sin que pueda descartarse que, por patriotismo o por último para salvaguardar su imagen histórica, impulse algunas rectificaciones. Pero éstas no serán de una envergadura tal que supongan un profundo cambio en el estilo de hacer las cosas. Creemos que los últimos días han demostrado lo que decimos: la proposición de Corbo para el Banco Central, unida a declaraciones explícitas del Presidente y su Ministro de Hacienda manifestando una voluntad y una decisión de dar por terminado el cuoteo y designar a los mejores fue una rectificación, pero acto seguido, la designación de los nuevos intendentes fue una vuelta al estilo habitual de conducción del gobierno.

3.- Creemos que planteados los hechos como están, el curso futuro de acción de la UDI en relación con el gobierno parece claro.

Hay quienes quisieran que la UDI le niegue la sal y el agua al gobierno y contribuya a agudizar aun más la seria crisis que éste experimenta para obtener dividendos políticos. Voces en el mismo sentido surgieron cuando a fines del gobierno del ex Presidente Frei se nos instaba a aprobar una reforma laboral perjudicial para los trabajadores para no comprometer un casi seguro triunfo en la elección presidencial. También aparecieron estas voces cuando, dando muestra de un ejemplar espíritu democrático, la UDI permitió resolver la defectuosa inscripción de los candidatos demócratacristianos en la última elección parlamentaria.

Tenemos meridianamente claro que, precisamente por las mismas razones antes señaladas de patriotismo, compromiso con los más pobres y fidelidad a nuestro estilo, la UDI mantendrá claramente su perfil opositor. Desde nuestra posición como partido líder de la oposición, continuaremos denunciando lo inaceptable y combatiendo el estilo de gobernar de una Concertación sin rumbo, ineficaz y severamente cuestionada. Estamos convencidos, además, de que para que los chilenos puedan ponerse en el camino de superar sus problemas es indispensable un cambio de personas, políticas y estilo en la conducción del gobierno y también sabemos que nada de eso puede esperarse de la Concertación. Es imperativo, entonces, que la Alianza por Chile alcance el gobierno y sólo cuando eso ocurra cada chileno podrá esperar un real cambio y un impulso hacia el progreso personal y colectivo.

Hemos dicho antes que, aunque no sean demasiado sustanciales, el Presidente de la República puede y debe efectuar algunas rectificaciones. Nuestra impresión es que, atendido el cuadro que enfrentan el gobierno y la Concertación y que antes se ha descrito, lo probable es que para concretar esas rectificaciones el gobierno no cuente con el respaldo que requeriría de la Concertación y necesite del concurso de la Alianza por Chile y especialmente de la UDI. Con la misma fuerza con que reafirmamos nuestro rol opositor somos enfáticos para declarar que, una vez más por razones de patriotismo, compromiso con los más pobres y fidelidad a nuestro estilo, cada vez que lo requiera el gobierno contará con el respaldo leal y desinteresado de la UDI para concretar toda medida o iniciativa que suponga rectificar los malos hábitos que nos han conducido al actual estado de cosas. Tenemos muy claro que el fracaso del gobierno conlleva también el fracaso de todos los chilenos, especialmente de los más desvalidos. Si hoy somos el partido mayoritario es precisamente porque los chilenos ven en nosotros la encarnación de un nuevo estilo de servicio. Por lo mismo, así como lo hemos hecho en el pasado y le constan al Presidente, al gobierno y a la Concertación, no negaremos nuestro concurso para iniciativas de bien nacional, no criticaremos por criticar, no nos prestaremos para caer en la descalificación personal ni contribuiremos al debilitamiento de nuestras instituciones. Somos opositores, pero no buscamos el poder por cualquier medio ni queremos ejercerlo para cualquier cosa. Nuestra condición de partido mayoritario y nuestra propia historia nos imponen responder con patriotismo y responsabilidad a la esperanza que depositan en nosotros millones de chilenos.


Santiago, Abril de 2003.

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