El que esté
sin pecado que lance la primera piedra...
Jesús de Nazareth
Los
sacerdotes que suscribimos esta carta sentimos que es un deber de conciencia
el exponer nuestra opinión acerca de los dolorosos acontecimientos que
están afectando a nuestra amada Iglesia en la persona de monseñor
Francisco José Cox Hunneus:
Nos parece que monseñor
Cox ha sido acusado, juzgado y condenado sin prueba concreta alguna.
Él ha guardado
silencio como cordero que es llevado al matadero, aceptando su nuevo destino,
según se ha afirmado, por espontánea decisión.
Nos preocupan los insistentes
llamados del actual arzobispo de La Serena, don Manuel Donoso, para que se
presenten testigos que puedan llevar a monseñor Cox a los Tribunales
de Justicia: pareciera impaciente por lograrlo.
Nos estremece el proceder
del padre Joaquín Alliende Luco, quien siendo compañero de toda
una vida de monseñor Cox, ha dado a la publicidad confidencias de amigo
que le hiciera el afectado.
Hay una parte
oscura en mi alma que se contradice con el Evangelio.
Quizá ni monseñor
Donoso ni Joaquín Alliende tengan ninguna parte oscura en el alma.
Cada uno de nosotros,
los que firmamos esta carta, reconoce tener en el alma alguna parte oscura
que se contradice con el Evangelio... ¿y quién no?. Puede ser
un pecado de lujuria o de envidia, una sed descontrolada de dinero (avaricia)
o de poder, algún otro pecado capital o, quizá, alguna traición
a los Mandamientos...
Nos duele la soledad de
monseñor Cox. Pero en ese aislamiento en que parecieran haberlo abandonado
sus hermanos obispos, ¡cómo nos ha alegrado la declaración
escrita que entregó monseñor Bernardino Piñera, arzobispo
emérito de La serena, al diario La Segunda,
del lunes 4 del mes en curso!. Efectivamente, monseñor Cox es un apóstol
herido.
¿Hay alguién
capaz de lanzarle más piedras a monseñor Cox, después
de todas las ya recibidas por él?
Nsotros, que servimos
a la Diócesis de Chillán durante 40 años y más,
podemos dar testimonio de que jamás en nuestras parroquias, en nuestros
colegios o en nuestros movimientos de Iglesia vimos actitudes extrañas
o escuchamos cargo alguno en contra de monseñor Cox. Por el contrario,
sus expresiones de afecto, dirigidas a niñas, niños y jóvenes,
a las familias, a los honrados lustrabotas de nuestra Plaza de Armas y a las
empleadas de casa particular, a la gente de campo y a personas investidas
de autoridad, expresiones cordiales de las cuales disfrutamos también
los sacerdotes, le ganaron el cariño, la gratitud y la admiración
de todos en esta Familia Diocesana-Iglesia de Esperanza
a la que él tanto de bueno y de verdadero le brindó.
¡Cuántos
jóvenes quisieron, cuando él fue nuetsro Padre Obispo, seguir
sus pasos ingresando al Seminario con el sueño de llegar a ser sacerdotes.
Chillán tuvo entonces un recor de vocaciones!
No sabemos cuál
va a ser el desenlace de este drama. Puede desatarse una caza
de brujas, o puede esto transformarse en un boomerang
que dañe a quienes ahora están en plan de ataque...
Opinamos que, al menos
en este caso, se ha actuado en forma precipitada, imprudente y sin caridad.
En Dios ponemos nuestra
confianza: Él es el único juez que, siendo justiciero, es misericordioso.
Firman:
Andrés Lacalle Andrés, Párroco de Cobquecura
José Antonio Ortega Martin, Párroco de San Juan de Dios, Chillán
Eloy Parra Irribarra, Párroco del Buen Pastor, Chillán
Osvaldo Salgado Coe, Párroco de El Sagrario y rector de la Catedral
de Chillán
Ricardo Sammon OBrien, Párroco de Portezuelo
Ramón Seco Pérez, Párroco de Chillán Viejo