Carta del presidente de la DC, Adolfo Zaldívar,
a los militantes del partido
Camaradas:
Considerando que muchos
de ustedes, e innumerables compatriotas, han pedido nuestra opinión
respecto de las diversas versiones e interpretaciones sobre lo ocurrido en
nuestra Patria hace tres décadas, decidí hacerlo a través
de
esta carta abierta:
Las condiciones y circunstancias
de lo ocurrido hace 30 años son imposibles de extrapolar al Chile de
hoy. Menos transmitir con fidelidad y objetividad, a las actuales generaciones,
las responsabilidades que cada persona e institución tuvo en la crisis
política, económica y social que culminó en el 11 de
septiembre de 1973, con las trágicas secuelas y consecuencias que aún
condicionan a sectores de la sociedad chilena.
Llevamos treinta años de recriminaciones y no se atisba explicación
o justificación a lo ocurrido que satisfaga a todos quienes fueron
actores del conflicto. Incluso en cada bando, en que se dividió el
país, se advierten disensiones y lecturas disímiles sobre las
formas en que procedieron unos y otros.
No pueden ahora intentar, algunos, reescribir la historia y pretender imponer
una versión oficial de lo ocurrido. Esa actitud repugna la conciencia
de los demócratas que conocen la génesis, desarrollo y culminación
del proceso que derrumbó la democracia, dando pábulo a lo que
vino luego durante el régimen militar.
Lo peor es para los huérfanos de esa tragedia, así denomino
a las generaciones nacidas a partir de los 60, 70 y 80, que han debido pagar
la irresponsabilidad de aquellos dirigentes que la hicieron posible; varios
de los cuales hasta hoy se justifican tratando de acomodar los hechos. En
lo personal asumo las responsabilidades que por acción u omisión
pude cometer.
No obstante no debo ni quiero, como persona ni como presidente del partido
Demócrata Cristiano, seguir prisionero del pasado. Sí, declaro
que soy solidario de los actos institucionales del Partido y no renegaré
de su historia.
Camaradas, viene a mi mente, como advertencia premonitoria, la frase de Konrad
Adenauer a su colaborador Von der Groeben, cuando intentaban construir la
unidad de Europa parados sobre millones de cadáveres: "Ayude a
producir resultados rápidos. Después de treinta años,
todo empieza de nuevo".
Siento que mi deber actual es con el futuro de los niños, con los sueños
de los jóvenes de hoy y con el trabajo de las generaciones mayores
que sienten que, de persistir este clima, sus vidas se diluirán en
el pasado negándoles un futuro cercano que les ofrezca esperanzas y
oportunidades.
Como partido político de centro, eje de la estabilidad institucional
de Chile, debemos dar pasos en tal sentido. Contribuir a superar el dolor
del pasado, no olvidándolo para evitar equivocarnos, pero asumiendo
una actitud positiva y soñadora, capaz de construir algo bello, incluso,
a partir de la fealdad de ayer.
En su mayoría somos mujeres y hombres de fe que aceptamos y respetamos
a quienes piensan distinto. Por eso a 30 años de la tragedia del Chile
de 1973, contemporáneo aún para algunos, y ya historia para
la gran mayoría, quiero llamarlos a asumir una actitud que contribuya
a mirarnos entre todos fraternalmente.
Debemos rescatar y proyectar el espíritu del 5 de octubre en términos
tales que no sea sólo el día en que se le ganó el plebiscito
a Pinochet. Esa noche demostramos que Chile puede privilegiar la contienda
democrática como forma de dirimir nuestras diferencias y aunque en
esa elección hubo ganadores y perdedores -pese al abismo que nos había
separado 17 años- primó la cordura y la responsabilidad cívica.
En definitiva ganó la Nación al reencontrarnos todos los chilenos
con nuestra historia y tradición republicana.
Luego, si bien el país tuvo avances en la consolidación democrática
y el crecimiento económico, no interpretamos debidamente el espíritu
y mandato que nos había dado el pueblo para abrirnos al futuro y dejar
atrás los odios y divisiones.
No profundizamos ese espíritu, permitiendo que se rigidice el quehacer
político como consecuencia, entre otras limitantes, de un sistema binominal
que evita la expresión plural de la realidad nacional.
La extrema derecha, al imponer el sistema político institucional, buscó
eliminar un centro político fuerte y autónomo ya que eso le
permite dividir al país en dos bloques. Desde uno de los cuales influye
decisivamente al controlarlo por presiones económicas y corporativas.
Este modelo artificioso es también oportuno, para un sector de la izquierda,
ya que al disminuir la gravitación e influencia del marxismo pudieron
separarse de los ortodoxos reubicándose a la izquierda del centro.
Nos ha faltado audacia, decisión e imaginación para terminar
con esa división que nos hace prisioneros del pasado.
Ahora, con las pupilas puestas en el futuro, la Democracia Cristiana busca
interpretar al Chile del 2003 afianzando un liderazgo que vaya, incluso, más
allá de las fronteras del 5 de octubre; desbordando los márgenes
de la actual coalición de gobierno en un proyecto nacional y popular.
Así quebraremos el diseño estratégico de la UDI cuyo
interés es que todo siga igual para tener ellos una opción de
poder; objetivo que a veces cuenta con la ingenua colaboración de algunos
de nuestros socios.
Vencer esa situación e interpretar los cambios tecnológicos
del mundo actual, así como contener el avance desmedido del materialismo,
egoísmo y hedonismo -que condicionan nuestras existencias- será
la mejor forma de testimoniar una forma de vida comprometida con valores y
principios, que en nuestro caso debe basarse en la alegría de servir
y ser auténticos.
Quiero llamarlos a demostrar con nuestras actitudes que queremos una sociedad
mejor. Los Demócrata Cristianos debemos ser factor de convivencia,
felicidad y prosperidad para nuestros compatriotas. Desterremos la gravedad
y hosquedad en nuestro trato, seamos ejemplo de servicio público y
honestidad en nuestras acciones cotidianas.
Reafirmemos nuestro compromiso espiritual de servir a los demás, pongamos
amor y esperanzas cuando algún chileno sufra. Así estaremos
recuperando el alma de Chile. Nuestra Patria, desde su origen, pese a sus
dolores fue jovial y extrovertida. Recuperemos para nuestros hijos la alegría
y amistad que siempre caracterizó a nuestro pueblo.
A 30 años de la crisis que condicionó la vida de los mismos
chilenos que la provocaron, incluso a costa de sus propias vidas -en algunos
casos-, tenemos la obligación de liberar a las nuevas generaciones
de tanta equivocación y barbaridad.
El pueblo chileno nos conoce y sabe de nuestras flaquezas pero también
sabe que más allá de éstas siempre nos hemos parado con
decisión y firmeza a la hora de luchar. Lo hicimos en defensa de la
libertad amenazada y cuando pisotearon la dignidad humana.
Camaradas, los conmino a proceder con fuerza y convicción para que
la profunda herida que sufrió la Patria en 1973, sea sólo una
cicatriz sublime que nos impulse al futuro para construir, entre todos, una
sociedad que cobije y de oportunidades a cada hombre y mujer que labora en
esta tierra.
Esa es la tarea que los Demócrata Cristianos debemos asumir para los
próximos 30 años.
ADOLFO ZALDÍVAR
LARRAÍN
Presidente Nacional Partido Demócrata Cristiano
Santiago, agosto 20
de 2003.-