Arabes israelíes castigan a Barak y boicotean las urnas

Sólo el 10 por ciento con derecho a voto había depositado su sufragio cuatro horas antes del cierre de los colegios electorales. Según los observadores, ése constituye uno de los grandes fenómenos de la jornada, capaz incluso de inclinar la balanza a favor del candidato Ariel Sharón.

06 de Febrero de 2001 | 15:32 | EFE
JERUSALEN.- La comunidad árabe israelí expresó hoy, mediante su boicot a las urnas y las manifestaciones llevadas a cabo, su malestar con el primer ministro dimisionario, Ehud Barak, a cuya formación, el Partido Laborista, han votado tradicionalmente.

Sólo el 10 por ciento del medio millón de árabes israelíes con derecho a voto había depositado su sufragio cuatro horas antes del cierre de los colegios electorales, previsto para las 22.00 hora local (20.00 GMT), mientras que el índice general de participación era del 51 por ciento a esa misma hora.

Según los observadores, ése constituye uno de los grandes fenómenos de la jornada, capaz incluso de inclinar la balanza a favor del candidato de la derecha ultranacionalista israelí, Ariel Sharón, líder del Likud, en las elecciones a primer ministro que se celebran hoy.

Los votantes árabes israelíes han manifestado de ese modo su indignación con Barak, sobre todo por la muerte de trece miembros de su comunidad por policías judíos en octubre pasado, al principio de la actual "Intifada de Al Aqsa".

Pero también ha sido una forma de expresar su malestar por la discriminación que han sufrido los árabes israelíes por parte del Estado de Israel -fundado por los laboristas en 1948-, y contra la que en los últimos años han protestado de forma más abierta.

A media tarde, en un esfuerzo desesperado por tratar de que los árabes israelíes acudieran a las urnas, los responsables de la campaña de Barak grabaron un mensaje del ministro de Cooperación Regional, el veterano dirigente laborista Simón Peres -muy admirado por esa comunidad-, en el que los instaba a ir a votar.

El mensaje fue transmitido por un sistema telefónico a unas 80.000 familias de la comunidad árabe israelí, compuesta por algo más de un millón de personas.

También en Jerusalén oriental, donde viven árabes israelíes y 200.000 palestinos, los colegios electorales estaban casi vacíos, y en ellos se veían más policías, vigilantes y miembros de mesas electorales que votantes.

Los árabes israelíes son los que se quedaron en el Estado de Israel tras la primera guerra árabe-israelí de 1948, mientras que los 200.000 palestinos de Jerusalén oriental son los que viven en ese sector de la ciudad, conquistado por el Estado hebreo en la "Guerra de los Seis Días", de 1967, y anexionado de hecho poco después.

Shadi, el presidente de mesa de un colegio electoral situado cerca de la Puerta de Yafo, en el casco antiguo del sector este de la ciudad santa, dijo que a los árabes y los palestinos no les interesan realmente las elecciones israelíes.

"Tenemos una lista de 180 votantes, pero vinieron sólo 20. A casi nadie le interesa, son indiferentes y no hay suficientes candidatos a las elecciones", manifestó Shadi, un árabe israelí que vive en Jerusalén oriental.

El presidente de mesa comentó que no sabe si otros miembros de su familia o sus amigos han votado y concluyó que "ello no cambia mucho porque, de todos modos, dentro de un año habrá nuevas elecciones".

En otro colegio electoral de Jerusalén oriental, situado en el barrio residencial de Sheik Shárraj, un habitante de la aldea palestina de Ras el-Amud, que prefirió permanecer en el anonimato, consideró que el voto es obligación de todos los ciudadanos.

"He venido a votar, algo que todos los ciudadanos tienen obligación de hacer, aunque aquí, en el colegio electoral, no he visto a amigos míos", declaró.

La calma y el bajo índice de participación han caracterizado la jornada electoral en Jerusalén oriental.

Pero a diferencia del votante anterior, cientos de habitantes de las aldeas drusas de Daliat el-Carmel y Usafía, en el norte del país, boicotearon las elecciones israelíes.

Sin embargo, este boicot no obedece tanto a la decepción política con el Partido Laborista o el Likud, sino a una decepción económico-social.

Los drusos -una comunidad musulmana que se separó de la corriente principal del Islám hace unos diez siglos- protestaban así por el hecho de que, en sus 53 años de existencia, el Estado de Israel no ha construido zonas industriales en sus aldeas.
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