Mujeres se toman las calles en Colombia

Más de medio millón de mujeres tomaron por asalto la capital de Colombia el viernes por la noche al llamado del alcalde, Antanas Mockus, en ausencia de sus maridos o compañeros, condenados a pasar la noche en su hogar para reflexionar sobre la violencia doméstica y urbana.

10 de Marzo de 2001 | 18:11 | AFP
BOGOTA.- "Vete a dormir", grita Betty, orgullosa de haber dejado a su marido en la cama, a uno de los pocos hombres que osaron salir a las calles de Bogotá durante la histórica "noche de las mujeres", que también puede ser la noche de los sobrevivientes para los escasos temerarios que se animaron a salir.

Más de medio millón de mujeres tomaron por asalto la capital de Colombia el viernes por la noche al llamado del alcalde, Antanas Mockus, en ausencia de sus maridos o compañeros, condenados a pasar la noche en su hogar para "reflexionar sobre la violencia doméstica y urbana".

Si la mujer es el futuro del hombre, lo demuestra en esta marejada de liberación teñida de nostalgia por la ausencia de su otra mitad durante este paréntesis a su vida común.

"¡Colombia es un país machista, la infidelidad es sólo perdonada a los hombres, pero los perdonamos porque los necesitamos! Son cada vez menos en relación a las mujeres", reconoce Irma, de profesión psicóloga, con una sonrisa.

Junto a Adriana y Christina, que asienten con un movimiento de cabeza, Irma toma un breve descanso sobre el manillar de su bicicleta antes de continuar su ruta junto a sus dos amigas por la plaza 93, que hoy es de uso exclusivo para su sexo en la zona norte de Bogotá.

Los escasos representantes del género masculino en medio de esta marea femenina deben hacer proezas para escapar a los chiflidos, lluvia de harina, gritos y pellizcones en el trasero, como lo pudo verificar el corresponsal de AFP en el lugar.

Los gritos de "Vete a dormir. Los hombres a la cama", lanzados desde autos o terrazas de restaurantes invadidos por las mujeres, se transformaron en el grito de guerra contra los hombres en el corazón de esta capital de casi siete millones de habitantes que apenas logra respirar a 2.600 m de altura.

Betty, una de las más virulentas hacia el sexo opuesto, no esconde sus cartas. "¿Mi marido? Lo até a la cama para que se quede en casa". Nadie puede probar que sea absolutamente verdad, pero todas aplauden a su alrededor.

Su voz resulta inmediatamente cubierta por los gritos de un tono más bien alegre que furioso de sus compañeras, reunidas sobre la avenida para controlar el pasaje de automóviles.

Los hombres descubiertos reciben una lluvia de gritos y son abordados. Unas 30 jóvenes apuntan al periodista estranjero con el dedo. "¡A la casa!", se escandalizan y entran en acción, sin ir más lejos que un pellizcón furtivo en las nalgas al intruso. Incluso los policías masculinos en moto deben acelerar para escapar al castigo.}

"¡A la cama, a la cama!", gritan Lía y Gloria, con el eco de sus hijas adolescentes Derni, Diana y Paula. "El hombre no es nuestro enemigo, pero queremos demostrar que nosotras somos menos agresivas", puntualiza Diana, en medio de un estallido de risa.

Bogotá sufre un profundo clima de inseguridad, con el resultado de 21.284 víctimas de muerte violenta, 18.496 de ellas hombres, en los cinco últimos años. El 40% de las mujeres fueron golpeadas por su marido o compañero durante 2000.

Otras dos participantes, menos amables, exigen un salvoconducto al testigo de esta liberación por una noche. Con el seño fruncido, concienten apenas a dar sus nombres -Juanita y Gina- antes de desaparecer en la oscuridad.

Nueve jóvenes encaramadas a una terraza tiran bolitas de pan al representante masculino. En vez de huír, el blanco se presenta y muestra su salvoconducto. "¡Ponte a bailar!", ordena una de ellas.

Juan Manuel, el sereno de una pizzería vecina, descorcha vino chileno para tres clientes. "Yo también debí mostrar mi salvoconducto para llegar hasta el restaurant", reconoce mientras hace saltar el corcho.

El fin del toque de queda, fijado para las 1.00 hrs locales (06 hrs GMT) de este sábado es sólo una cuestión de minutos para los millones de hombres enclaustrados en sus hogares.
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