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Kiryat Shemoná: El pueblo que vive al filo del peligro

Desde la retirada de las tropas israelíes del sur del Líbano ocurrida en junio del 2000 y luego de casi 30 años de constantes bombardeos, los cerca de 24 mil habitantes de esta localidad -ubicada en la frontera norte de Israel con el Líbano- están comenzando a disfrutar de una cierta tranquilidad.

16 de Junio de 2001 | 14:12 | Loreto Flores, desde Tel Aviv
TEL AVIV.- Vivir en Kiryat Shemoná, una municipalidad ubicada en la frontera norte de Israel con el Líbano, en un sector llamado el "dedo de la Galilea" frente a las Alturas del Golán y junto a las montañas de Naftali, es una experiencia de real patriotismo, porque aunque parezca increíble no existe una sola casa en el lugar que no haya recibido al menos un impacto de bala o una bomba de mortero disparadas por sus vecinos.
La seguridad es un tema fundamental en la frontera
Hace sólo un año, desde la retirada de las tropas israelíes del sur del Líbano ocurrida en junio del 2000, y luego de casi 30 años de constantes bombardeos, sus cerca de 24 mil habitantes están comenzando a disfrutar de una cierta tranquilidad en la ciudad, a pesar del peligro que constituye que muchas de las casas están ubicadas a unos tres kilómetros de la frontera que divide ambos países.

Pero las situaciones de tensión no sólo las han vivido los israelíes, sino también las cerca de 200 familias libanesas que habitan en la comuna, quienes llegaron hace unos años huyendo de su país y se convirtieron en refugiados en Israel, con la dificultad que implica el que muchos ni siquiera hablan el hebreo, idioma oficial de este país.

Para hacer frente a este drama, la municipalidad les ha construido una escuela y les ha entregado atención médica, además de una subvención de cerca de 900 dólares mensuales, que equivalen al sueldo mínimo en Israel.

Aunque se calcula que en un tiempo llegaron a sumar casi seis mil libaneses en esta zona, la mayoría de ellos volvió a su país o se refugio en otros lugares.

"El problema más grave que tenemos aquí es que existe un grado importante de desempleo y como muchos de los refugiados no saben el idioma la situación se complica. Ellos no pueden regresar porque son amenazados por el movimiento islámico Hizbolá y si regresan van a la cárcel por traición a la patria", asegura el alcalde subrogante de Kiryat Shemoná, Shimon Himi.

Seguridad en la frontera

Actualmente, el municipio está construyendo un gran camino alrededor de una reja de 14,5 kilómetros que se convertirá, cuando esté totalmente terminada, en una segunda línea de contención, que esperan se transforme en un lugar de paseo y de entretención familiar, a pesar de la situación de constante tensión que se vive en el lugar.

"Israel actualmente está ubicada en la línea establecida por la ONU para el retiro de las tropas del país y se instaló en la frontera internacional reconocida. Desde junio del año pasado no ha habido ataques, pero se utiliza de todo para proteger el territorio", enfatiza Ofer Lior, miembro del ejército israelí encargado de la construcción de la reja.

Las tropas israelíes ocuparon el sur del Líbano en 1982. Recién el año pasado, en el mes de junio, el ejército de Israel se retiró unilateralmente de ese sector y se instaló en la frontera reconocida por las Naciones Unidas.

La violencia en la zona no se detieneEn Kiryat Shemoná realizan cada cierto tiempo simulacros de guerra como si estuvieran bombardeados durante una semana, por lo que todos deben dirigirse a alguno de los 200 refugios que existen en la ciudad, los que actualmente están manejados computacionalmente para abrir sus puertas; una operación que manualmente antes podía demorar hasta tres horas, ahora solo tarda ocho segundo con un sistema único en el país.

"En los refugios estamos preparados para todo, incluso para la diversión y educación de los mas pequeños mientras dure el tiempo que hay que estar ahí dentro", dice el alcalde subrogante.

Pero también es posible que una de las habitaciones de las casas se convierta en refugio, ya que por ley en Israel actualmente las viviendas deben contar con una pieza acondicionada para ese efecto, es decir, construida totalmente de concreto, con ventanas antibalas y con puertas resistentes, además de todo lo necesario para enfrentar un ataque, desde mascaras antigases hasta conexiones para teléfono y televisión.

"Los niños libaneses deben sentir lo mismo que nosotros"

Liora Daniel, profesora de uno de los colegios primarios de Kiryat Shemoná, llegó a vivir al lugar hace 22 años junto a su esposo. Aunque el plan era estar sólo cinco años en la comuna, hoy día no piensan irse.

"Pasamos épocas muy duras en medio de la guerra. Lo más difícil es para los chicos que tenían miedo y muchas veces no querían ir a la escuela. Hace un año vivimos más tranquilos. Incluso los jóvenes llevan una vida normal, salen los fines de semana en la noche, se reúnen, pueden salir", afirma Liora.

Hen Erlich y Roni Nagari, son dos niñas del colegio donde trabaja Liora, de 10 y 12 años respectivamente, quienes a pesar de lo duro que les ha tocado vivir quieren mucho a su ciudad y responden juntas que no quieren irse de allí.

"Los chicos libaneses deben sentir igual que yo, a ellos también les debe dar miedo toda esta situación de tensión", afirma Roni. Y agrega que supone que los niños que viven en el Líbano entienden "nuestro sufrimiento, pero por otro lado puede que no nos quieran".

Similar opinión tiene Hen, quien señala que sus pequeños vecinos reciben los bombardeos de las tropas israelíes tal como ellos los de las tropas libanesas, por lo que, concluye, "deben sentir el mismo miedo que nosotros".

Cuando se les pregunta cómo solucionarían este conflicto, las pequeñas niñas responden que "lo mejor sería que los padres se unieran a través de los niños, porque lo único que deseamos es estar unidos y que no haya mas guerra".
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