Hannelore Kohl: La mujer detrás del Canciller

A los 68 años y tras sufrir durante largo tiempo una terrible enfermedad que la obligaba a no exponerse a la luz, la ex esposa del ex Canciller alemán, Helmuth Kohl, Hannelore, fue encontrada muerta este jueves en su residencia.

05 de Julio de 2001 | 16:25 | DPA
La ex esposa del Helmuth Kohl, HanneloreBERLIN.- Al final, las fuerzas abandonaron a Hannelore Kohl, la mujer que acompañó durante los dieciséis años de gestión al ex canciller alemán, Helmut Kohl, y fue durante mucho más tiempo el pilar de una familia y la personificación de la imagen de "la mujer detrás del gran hombre".

Sobre sus sentimientos, la berlinesa que se suicidó hoy a los 68 años nunca dejó que se filtrase una palabra, siguiendo fiel su código personal de conducta de que la esposa del canciller alemán no debe perder el autocontrol.

Hace no mucho tiempo había minimizado en una entrevista la alergia a la luz que la tenía confinada a su casa de Oggersheim. Pero esa vida limitada y dolorosa sin luz de día se tornó insoportable para la ágil mujer, por lo que decidió poner fin a su vida.

Hannelore Kohl dio muestra de una fortaleza sosegada durante todos estos años. Con su atuendo clásico, su peinado un tanto anticuado y una sonrisa eterna, acostumbraba a guardar silencio cada vez que aparecía junto a Helmut Kohl en visitas oficiales o en campañas electorales.

Sólo en los momentos en que no estaba el canciller admitía: "He salido de la sombra de mi esposo". Con ello se refería a su incansable compromiso para con las víctimas de accidentes con daños craneano-cerebrales.

Para ellas fundó en 1983 el curatorio ZNS, para el que logró reunir millones de marcos. En ese espacio que supo crear para sí misma, Hannelore Kohl no tenía competencia, conocía la materia como pocos y luchaba sin pausa. Así, se ganó el respeto de los médicos y los enfermos, con quienes estuvo siempre en contacto, pero a puerta cerrada.

Para la opinión pública siguió siendo una persona casi muda, de un recato rayano con la rigidez. Cuando recién se instaló con su marido en la sede de gobierno de Bonn, no tardó en sentir en carne propia las bromas sobre "la rubia tonta del campo". Dijo que allí comenzó a construir una coraza que la convirtió en opinión de muchos en "la mujer más subestimada de Bonn".

"Cuestión de práctica", era su escueta y famosa respuesta a la pregunta sobre cómo aprender el oficio de primera dama. A esta práctica pertenecía también un "entrenamiento de supervivencia" para personas que se mueven "en la mira de los medios", agregaba.

Cuidar cada palabra que se dice, estar siempre presentable y ante todo saber cerrar la boca en el momento indicado, así describía su código personal de conducta después de haber sufrido "muchos sinsabores" a causa de los titulares de la prensa. Junto con su marido también consiguió proteger la vida privada de sus hijos Walter y Peter.

Hay otra cosa que también formaba parte de las máximas personales de Hannelore Kohl: saber adaptarse. "Adaptarse no es una mala palabra", respondía cuando se le preguntaba por su marido, su vida y si hubiera escogido otra forma de vivir.

Ella, que había estudiado secretariado y podía taquigrafiar en cuatro idiomas, decía que podía haber seguido la carrera de ciencias naturales, pero acto seguido terminaba el asunto tildando esas hipótesis de "superfluas" con un argumento contundente: "Me he decidido por mi marido".

Hannelore Kohl pasó 53 de sus 68 años junto a Helmut Kohl. Lo conoció en una escuela de baile a los 15 años, cuando llegó de Leipzig a la ciudad de Ludwigshafen, en el suroeste alemán, como refugiada de guerra.

Tras doce años de noviazgo llegó el casamiento y justamente hace pocos días, los Kohl habían cumplido el 41 aniversario de casados.

Para Hannelore, su vida fue ser esposa. Una vez dijo que las mujeres casadas de su generación no se planteaban la profesión como alternativa. Y ésa fue justamente su profesión: esposa de canciller.

Cuando comenzó a declinar la suerte de su marido con el escándalo de financiación ilegal del partido democristiano a fines de 1998, sus apariciones en público fueron cada vez más raras.

La alergia a la luz que contrajo en 1993 por un tratamiento de penicilina se agravó el año pasado y la obligó a permanecer casi todo el tiempo en casa. En marzo, relató en una entrevista que salía a hacer caminatas al anochecer y se mantenía en forma con una bicicleta fija. No quiso dar la imagen de mujer sufrida y prefirió hablar de su labor para la fundación.

Sin embargo, tiene que haber sufrido mucho por no haber podido cumplir el deseo de asistir junto a su marido a la boda de su hijo Peter en Turquía el mes pasado.
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