Huelgas generalizadas paralizaron Argentina

El paro general convocado para este jueves por la principales agrupaciones sindicalistas de Argentina tuvo un nivel de acatamiento generalizado. Las calles de Buenos Aires parecían como las de un día domingo, en absoluta calma, a la vez que los manifestantes se encargaban de expresar su rechazo al nuevo plan de ajuste impulsado por el Gobierno el Presidente De La Rúa.

19 de Julio de 2001 | 18:59 | Reuters
BUENOS AIRES.- Argentina quedó este jueves prácticamente paralizada por una huelga general contra un plan de recorte del gasto público, con el que el Gobierno pretende reconquistar la confianza de los inversores nacionales y extranjeros.

La medida de fuerza, precedida el miércoles por un paro de los empleados estatales, fue todo un éxito pese a que, según las encuestas, la mayoría de los argentinos estaba en desacuerdo con los sindicatos. "Yo espero que en el día de hoy en esta manifestación en paz que ha dado, el pueblo argentino haga reflexionar y Dios ilumine al señor Presidente", dijo el titular de la Confederación General del Trabajo, Rodolfo Daer.

El séptimo plan de ajuste desde que Fernando De la Rúa asumió la presidencia, en diciembre de 1999, consiste en que el Estado no gaste más de lo que recauda para llegar al equilibrio fiscal. El pago del servicio de la deuda tiene la prioridad. Para lograrlo se recortará un 13 por ciento los salarios de los empleados públicos y las jubilaciones superiores a 300 dólares en un país donde la canasta familiar es de 1.500 dólares y el desempleo alcanza al 16,5 por ciento de la población.

Sindicatos pelearán hasta el final

El ajuste provocó la reacción de las tres principales centrales obreras del país, que se unieron para repudiarlo con una huelga general un día después que los empleados estatales pararon por 24 horas.

En Buenos Aires, que concentra la mayoría de la actividad industrial y de los servicios del país, el transporte público estaba prácticamente inmovilizado, facilitando el cumplimiento de la huelga y dándole a la ciudad un aire de domingo. En el resto del país la atmósfera era similar.

La convocatoria a la huelga fue reforzada por algunos actos de violencia.

Hubo incendios de autobuses, vagones de trenes y taxis en Buenos Aires y otras ciudades del interior del país. Según una encuesta realizada entre 600 personas el martes por una consultora privada, el 55,1 por ciento dijo que se opone a la medida, el 18,4 por ciento dijo que está de acuerdo y el 8,8 por ciento dijo que está muy de acuerdo.

Los sindicatos son vistos por muchos argentinos como defensores de sus propios intereses más que del de los trabajadores. Tienen una base de poder económico importante, gracias a las cuotas médicas que se descuentan obligatoriamente de los sueldos de los trabajadores, estén afiliados o no a los sindicatos.

Según la misma encuesta, el 47,1 por ciento de los consultados opinó que se convocó a la huelga "por interés personal o en beneficio de los propios sindicalistas", mientras que sólo el 16,2 por ciento consideró que fue "para defender a los trabajadores".

Crisis política

La nueva huelga general se suma a la erosión del poder del Presidente, quien, según una encuesta, apenas tiene el apoyo del 20 por ciento de la población. Según otro sondeo de una consultora privada y difundido este jueves, De la Rúa es el Mandatario que más huelgas generales ha sufrido en los primeros 19 meses de presidencia desde la reinstauración de la democracia en el país en 1983.

Argentina "tendría que tener por lo menos una tregua", pidió el vocero presidencial, Juan Pablo Baylac. La dificultad de De la Rúa para lograr el respaldo de la coalición que lo llevó al Gobierno ha generado dudas acerca de la gobernabilidad del país.

Esta misma percepción tienen los mercados internacionales, que le cerraron sus puertas por temor a un cese de pagos a pesar de que los principales indicadores de la economía -nivel de deuda, déficit fiscal y comercio exterior en relación al PBI- son similares a los de otros países emergentes.

El blanco de las críticas es el déficit fiscal. Si bien los analistas dicen que no es demasiado alto -un 2 por ciento del PIB-, su tendencia creciente en los últimos seis años y la decisión de financiarlo con deuda sembraron dudas entre los inversores sobre la estabilidad y capacidad de pago del país.

Los mercados castigaron otra vez el miércoles la deuda argentina, ante reportes de que el congreso podría frenar el ajuste del Gobierno. El jueves, los legisladores oficialistas intentaban convocar a una sesión extraordinaria para el viernes con el fin de aprobar el plan, pero con algunas reformas. Los diputados buscan que el peso del recorte no lo paguen empleados públicos y los jubilados, sino empresas privadas, con más impuestos.

Los mercados bajaron el jueves por las deliberaciones del congreso y las declaraciones del gobernador de la provincia de Buenos Aires, Carlos Ruckauf. El gobernador dijo, sin hacer mayores precisiones, que su distrito está "en situación de cesación de pagos" porque el congreso provincial no le permite pagar los sueldos con bonos del estado en vez de dinero.

Sin embargo, su subsecretario de Finanzas, Gerardo Otero, aclaró más tarde a Reuters que el eventual cese de pagos no afectará a los bonos externos de la provincia.

Las acciones argentinas cerraron con una baja de 1,6 por ciento, el bono Global 2008 cerró en Nueva York con una caída del 1,52 por ciento y el riesgo país con un alza demás de 3 por ciento.
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