Koizumi visita santuario de Yasukuni y desata la ira asiática

Sin embargo, los gobiernos de Beijing y Seúl dieron poca importancia al adelanto de la visita y criticaron con dureza al primer ministro japonés por poner en peligro el futuro de las relaciones de China y Corea del Sur con Japón.

13 de Agosto de 2001 | 08:13 | EFE
TOKIO.- El Primer Ministro japonés, Junichiro Koizumi, adelantó a hoy la visita que había prometido al santuario sintoísta de Yasukuni para evitar convertir ese acto en una exaltación del pasado militarista nipón y en una provocación para el resto de Asia.

Sin embargo, los gobiernos de Beijing y Seúl dieron poca importancia al adelanto de la visita y criticaron con dureza al Primer Ministro japonés por poner en peligro el futuro de las relaciones de China y Corea del Sur con Japón.

El Primer Ministro Koizumi acudió a primera hora de la tarde al santuario de Yasukuni para presentar sus respetos a los caídos japoneses.

Con traje de gala y escoltado por numerosos agentes de seguridad, el primer ministro se encaminó al santuario donde se recuerda a los 2,5 millones de soldados japoneses fallecidos en las diversas guerras en las que participó Japón desde 1869.

Koizumi permaneció casi media hora en Yasukuni, firmó en el libro de visitas, y presentó ante el altar mayor o "honden" sus respetos a los caídos.

En contra de lo que estipula la ortodoxia sintoísta, según la cual deben hacerse tres inclinaciones de cabeza, la última precedida por dos suaves palmadas ante el altar, el mandatario sólo se inclinó una vez, lo que se interpretó en medios locales como un intento de restar contenido religioso al acto.

Finalizada la visita, que congregó a varios centenares de ciudadanos, el primer ministro dijo que el adelanto de la misma obedecía a razones de "interés nacional", para evitar que la coincidencia de fechas con el aniversario del final de la segunda Guerra Mundial provocara malentendidos y fuera criticada por los países asiáticos que Japón colonizó.

El mandatario japonés se negó a aclarar si la visita fue de carácter oficial, pero insistió en que había sido un acto "sincero" y se mostró confiado en que no empeoren las relaciones con otros países de Asia.

"No deseo despertar sospechas dentro o fuera de Japón", aclaró Koizumi en un largo comunicado en el que añadió que "este país rechaza la guerra y está dispuesto a abrazar la paz".

Asimismo, expresó "un profundo pesar" por no haber sido capaz de mantener su promesa de visitar Yasukuni el 15 de agosto, como afirmó en abril y repitió posteriormente durante la campaña electoral de las elecciones al Senado que su partido, el Liberal Demócrata (PLD), ganó a fines de julio.

El recelo que genera la visita de los primeros ministros japoneses a Yasukuni se ha convertido en algo habitual en los últimos años, lo que explica que sólo tres hayan visitado el santuario hasta el momento.

Yasuhiro Nakasone estuvo a título oficial en el santuario sintoísta el 15 de agosto de 1985 y Ryutaro Hashimoto asistió con carácter privado el 29 de julio de 1996, día de su cumpleaños.

Las suspicacias surgen por que desde 1978 se honra en Yasukuni a catorce criminales de guerra de Clase A, juzgados en el Tribunal Internacional de Tokio al término de la Segunda Guerra Mundial, siete de los cuales fueron condenados a muerte.

Los nombres de estos se añadieron en secreto a las listas de los homenajeados en Yasukoni, pero un año más tarde aquella decisión salió a la luz y desató una polémica que dura hasta hoy.

Pese a que el ala más conservadora del PLD criticó el adelanto de la visita, el secretario general de esa formación, Taku Yamasaki, la elogió por la dificultad que entrañó tomarla.

También se mostraron conformes con ella representantes del partido Komeito, apoyado por la secta budista Soka Gakkai, que consideraba una amenaza contra el mandado constitucional de separar los actos religiosos de los del Estado el acudir el día del aniversario de la rendición de Japón.

En los últimos días decenas de funcionarios fueron movilizados para tratar de asesorar al primer ministro y sondear cómo reaccionaría la opinión pública internacional al plan de Koizumi, un primer ministro que pese a ser tildado de reformista está muy próximo al ala más nacionalista de su partido.
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