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Escándalo por abuso sexual pone a prueba a Iglesia Católica en EE.UU.

El episodio, en el que la iglesia es acusada de encubrir una decena de casos de pedofilia alrededor del país, ha socavado seriamente la autoridad moral de la institución religiosa, desmoralizando a los sacerdotes y podría costarle cientos de millones de dólares.

10 de Marzo de 2002 | 17:09 | Reuters
BOSTON.- Un escándalo sobre abuso sexual infantil por sacerdotes, ha estremecido a la Iglesia católica estadounidense, presentando lo que académicos consideran es la mejor oportunidad en décadas para realizar reformas dentro de la institución.

El escándalo, en el que la iglesia es acusada de encubrir una decena de casos de pedofilia alrededor del país, ha socavado seriamente la autoridad moral de la institución religiosa, desmoralizando a los sacerdotes y podría costarle cientos de millones de dólares.

La actual controversia tiene sus raíces en acusaciones de abuso sexual contra un sacerdote en Boston, pero la extensión del problema y el daño que ha causado se extiende mucho más allá de la cuarta diócesis más grande de Estados Unidos.

"Este no es un asunto de unas pocas manzanas podridas en el costal", dijo el reverendo Richard McBrien, profesor de teología en la universidad de Notre Dame. "El asunto es el propio costal".

Los expertos en la materia consideran que para comenzar a recuperarse, la iglesia debe crear una política nacional sobre la pedofilia entre los sacerdotes, enfrentar una disminución en la calidad de candidatos para el sacerdocio y aceptar que algunos de los principios más queridos del catolicismo -como el celibato- podrían necesitar una revisión.

El escándalo actual se originó con el juicio a John Geoghan, quien fue apartado del sacerdocio al ser acusado por más de 130 personas de molestarlas sexualmente durante sus 30 años como clérigo en el área de Boston.

Geoghan fue condenado en enero por molestar sexualmente a un niño de 10 años y cumple una pena de hasta 10 años de cárcel.

Tras el juicio, documentos judiciales mostraron que el cardenal de Boston, Bernard Law, y otros líderes eclesiásticos conocían las acusaciones contra él, pero aún así lo trasladaron de parroquia en parroquia.

Según encuestas, la mitad de los dos millones de católicos de Boston quieren que Law renuncie. El ha prometido continuar en su cargo.

En un artículo publicado en el diario "The New York Times", una profesora de teología del Colegio de Boston notó que a los católicos divorciados o abiertamente homosexuales no se les permite participar completamente en la vida religiosa, mientras que los sacerdotes pedófilos a veces ejercen poder e influencia sobre los laicos.

"No es necesario estar de acuerdo o en desacuerdo con ninguna enseñanza católica particular para tener algo que objetar a la hipocresía de la posición de la iglesia", escribió Lisa Sowles Cahill.

Expertos consideran que lo que la iglesia necesita con más urgencia es una política nacional sobre la pedofilia que contengan sanciones reales para los que cometan el delito y quienes los protejan, además de ofrecer ayuda a los sacerdotes que la necesiten.

El borrador de tal iniciativa, conocido como informe Doyle/Mouton, existe desde 1985, y fue presentado a todos los obispos del país y luego olvidado.

"Ahora a la luz de lo que ha sucedido en Boston y en otras partes, ellos tienen que volver a encender el motor que se puso en movimiento primero a mediados de los 80", opinó McBrien.
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