La violencia marginal de Achondo

Con la reposición de "Rojas Magallanes", el director y actor Rodrigo Achondo vuelve al ataque con su crudeza y violenta visión del entorno. En este caso, en medio de torturas, chistes forzados y mucha, mucha, vulgaridad verbal, la compañía Anderblú logra su objetivo: provocar hasta la médula.

09 de Enero de 2001 | 16:15 | Marcelo Cabello, emol.com
SANTIAGO.- Achondo es un duro de tomo y lomo, aunque ello le signifique rechazo y asqueo de algunos de la platea. Quizá sea su intención, si consideramos que cada montaje suyo con la juvenil compañía Anderblú provoca reacciones encontradas.

Y esta vez no es la excepción con la vuelta a las tablas de la remozada versión de "Rojas Magallanes", aquella "under" historia de narcotraficantes y policías, bandos encubiertos en docentes de filosofía, silenciosos esposados y detectives salidos de población callampa, que se meten los dedos en las narices y que cada dos o tres palabras rescatan el vocabulario "coa", presidiario, de la calle, noche. Furibundo.

Así, cada escena y cuadro es una bofetada al espectador que ve, como cuatro personajes, de algún modo desnudan el quiénes somos o con qué estamos rodeados y salpicados. Claro que este retrato social alternativo decae en efectismo con chistes de feria dominguera o rutinas de dos cómicos del Paseo Ahumada.

La primera parte es, sin duda, lo más bajo de esta violenta obra. Con dos policías, de blue jeans rasgados, jalando coca y banales temas que se cruzan desde cada escritorio. Hay hasta una revisión de la prensa con chistes actuales, muchos de ellos forzados y derechamente malos, por más que agreguen groserías al texto.

Luis Uribe y Mateo Iribarren, en uno de los momentos de torturaCada cuadro se interrumpe con lo que supuestamente ocurre en la calle, historia que se sabe por un diaporama con momentos del dúo protagonista y el tercer invitado al set: el traficante y, tal vez, sospechoso de asesinar al compañero "Montenegro", chapa del detective caído en acción.

Es tiempo para el sadismo de "Rojas Magallanes". Con un actor Mario Soto soportando estoicamente patadas, cachetadas, y un convincente maquillaje, digno de primer plano para la pantalla grande, cosa que bien sabe Rodrigo Achondo al recordar su montaje "Munchile" en "Monos con navaja", dirigido por el argentino Stanley.

Las escupidas palabras del detenido suenan más reales que las de sus celadores -Luis Uribe y el propio Achondo, aunque éste último tiene el toque preciso para agregar un último texto y obtener la complicidad (humor y/o silencio) del respetable-.

A este trío que, por momentos, agota de repetir el esquema del policía bueno, el malo y el soplón que oculta información, cuyos datos salen a la luz circunstancialmente en una caja de fósforos, se suma un cuarto personaje (Mateo Iribarren), el otro implicado en la muerte de "Montenegro".

La tortura se asoma, algo mecánica, no obstante duele más que quien la sufre en carne propia. El aire se reduce, sofoca, se quiere un respiro y éste llega con los inesperados disparos. Muchos saltan del asiento, pero se sienten más relajados; los actores también pues de la adocenada palabrería pasaron a los hechos. Enhorabuena.

Iribarren, en una breve participación, aporta su presencia y vozarrón. No hay resultados positivos en la indagación policial, pero hay que desquitarse con alguien por tanta "mierda" que ven estos oficiales: la mala educación, la alcaldía santiaguina, los diarios, las prostitutas... y es ahí donde la humanidad de Iribarren es el chivo expiatorio de los protagonistas. También de quien lo ve desde la diminuta gradería.
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