Hopkins dice que actuar es una travesura

Anthony Hopkins llegó del festival de Cine de Berlín a Madrid para hablar de "Hannibal", el filme donde, diez años después, vuelve a recrear la compleja mente del doctor Lecter, el psiquiatra aficionado a la alta cocina con materia prima de procedencia humana.

13 de Febrero de 2001 | 12:36 | EFE
MADRID.- Si Bela Lugosi pasó a la historia del cine como "Drácula" y Laurence Olivier será para siempre "Ricardo III", Anthony Hopkins tiene claro que en el recuerdo de todos siempre será "Hannibal Lecter" y lo lleva con el orgullo de quien, a estas alturas, se toma la actuación como un juego, una travesura.

De negro riguroso, Anthony Hopkins compareció hoy ante la prensa española con rostro cansado, pero dispuesto a someterse a una intensiva sesión de entrevistas sucesivas.

Sus manos son enormes, las mueve poco, pues descansa toda su intensidad en unos ojos azules afilados, que pueden responder con calidez, como mostrarse cual cuchillos capaces de cortar por lo sano cualquier cuestión que no le guste.

Hopkins llegó del festival de Cine de Berlín a Madrid para hablar de "Hannibal", el filme donde, diez años después, vuelve a recrear la compleja mente del doctor Lecter, el psiquiatra aficionado a la alta cocina con materia prima de procedencia humana.

No le produce ''ninguna clase de temor'' arrastrar el que ya es un mito de la historia del cine.
De hecho, aceptó volver a ser Lecter ''con el mismo riesgo que cualquier otra historia'', aunque recuerda que cuando leyó, hace más de una década, el primer guión de ''El silencio de los corderos'' su sabia ''intuición'' le hizo comprender ''la fascinación'' que iba a provocar ese personaje.
En ''Hannibal'' -que se estrena en España el próximo día 23-, bajo la dirección de Ridley Soctt, Lecter es ya el protagonista absoluto de la historia.
Vive retirado en Florencia, rodeado de lujo, cultivando su espíritu con refinados placeres, pero sin olvidarse de la agente del FBI Clarice Starling, cuyas vidas volverán a cruzarse.
Florencia no es un escenario arbitrario para ''Hannibal''. Está en perfecta consonancia con su complejo carácter, exquisito y repulsivo.
''Lecter -dice el actor galés- es la sombra de nuestros deseos más profundos, nuestro lado más oscuro. Como en la Italia renacentista, en él conviven la brutalidad y la belleza. La agonía y el éxtasis''.
Al igual que Hannibal, Hopkins dice que ha sentido desde siempre pasión por ''el piano, la pintura, el Renacimiento, la filosofía y la psicología humana'' y, como buen psicólogo, el actor explica la clave de esa fascinación que su personaje despide: ''Lecter desprecia la mediocridad, odia a los mediocres y es a ellos a quienes mata''.
Por eso entiende que la película y el propio Hannibal contienen un valor terapéutico sobre el espectador.
''Todos los personajes de terror de la historia del cine, y todas las grandes películas de miedo, desde 'Psicosis' a 'Tiburón' subrayan el hechizo que el ser humano siente por el lado más oscuro de la vida. Nos gusta asustarnos y así evitamos ir al psiquiatra. Y, por supuesto, Lecter es mucho menos peligroso que Hitler o McCarthy''.
Julianne Moore es la agente Clarice Starling en ''Hannibal'', un papel por el que Jodie Foster consiguió el Oscar en ''El silencio de los corderos''.
Hopkins, quien confiesa que al enterarse del renuncio de Foster le salió del alma un ''c'est la vie'', pero cree que Moore aporta al personaje de la agente del FBI ''la calidez femenina que hace comprender a la perfección por qué Lecter se enamora perdidamente de ella''.
Y es sobre la resolución de esa historia de amor sobre la que tendría que descansar, a juicio de Hopkins, la posible secuela de la saga: ''si se propone una nueva entrega, ésta tendría que profundizar en la fuerte psicología de los dos personajes y debería resolver la historia de amor de esos dos seres mitológicos''.
En la vida de Anthony Hopkins hay, por supuesto, un antes y un después de ''El silencio de los corderos''. Antes el teatro y algunos filmes. Después la consagración, personajes en cuya psicología el actor ha tenido que escarbar.
De todos ellos, confiesa, el más difícil fue ''Nixon''.
''Era un hombre inseguro y cargado de paranoias, algo que en principio debería ser fácil para un actor pues, todos los actores son inseguros y paranoicos, siempre existe el miedo a no volver a encontrar trabajo'', señaló Hopkins.
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