"Erótico" Gonzalo Rojas, favorito al Altazor

Sus concupiscentes poemas incluidos en"¿Qué se ama cuando se ama?" son su carta de presentación para el Premio Altazor en artes literarias. Compite con sendos colegas como Domínguez, Uribe y Redolés, no obstante su trabajo, a los 83 años, habla de un vate vivo, como pocos, y reconocido mundialmente.

23 de Marzo de 2001 | 10:36 | Marcelo Cabello, emol.com
SANTIAGO.- Con su libro de poemas "¿Qué se ama cuando se ama?", el vate Gonzalo Rojas (Lebu, 1917) es uno de los nombres seguros para adjudicarse el Premio Altazor en la categoría artes literarias (poesía).

Publicado por la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam) en una edición de lujo -tapa dura, con fotografías de Mariana Matthews y Claudio Bertoni, además de un CD con poemas leídos por el propio Rojas-, el texto revitaliza la producción de este chileno, distinguido con los premios Nacional de Literatura (1992), Reina Sofía de España, Octavio Paz de México y José Hernández de Argentina, entre otros.

Edición de lujo con poemas eróticos de Gonzalo Rojas, y fotografías de Claudio Bertoni y Mariana Matthews
"¿Qué se ama cuando se ama?" compite al Altazor con "Huevos revueltos", de Delia Domínguez; "Estar de la poesía o el estilo de las matemáticas", del también músico Mauricio Redolés, y "Contra la voluntad", del abogado Armando Uribe.

La ceremonia de premiación con los ganadores -también en danza, televisión, teatro, música y cine- se realizará el 26 de marzo en el Teatro Municipal de Santiago.

LUCIDEZ LASCIVA

Sin duda, el reciente texto de Gonzalo Rojas lo eleva a la categoría de Nicanor Parra, como poeta vivo de principios del siglo 20 en plena producción, y que alega, reclama, amar (y escribir) por mucho tiempo más.

Y anota: Me muero en esto, oh Dios, en esta guerra/ de ir y venir entre ellas por las calles, de no poder amar/ trescientas a la vez porque estoy condenado siempre a una,/ a esa una, a esa única que me diste en el viejo paraíso (del poema homónimo del libro).

Este hombre, de 83 años y Premio Nacional de Literatura 1992, podría obtener el 26 de marzo el Altazor por su reciente producción líricaAdemás, por estos días Gonzalo Rojas, a sus 83 años, es una de las "vedettes" en el Encuentro Internacional de Poesía por sus colegas nacionales y extranjeros, al ser recordado como el propulsor de la primera cita lírica, allá por 1968, en la Universidad de Concepción.

Como rememorara el poeta peruano Antonio Cisneros: "Agradezco esta invitación (a ChilePoesía), porque veo las caras de esos jóvenes que nos reunimos en Chile, hace unos 30 años, gracias a Gonzalo Rojas, y que soñábamos con ser lo que somos ahora".

Pero más allá de las alabanzas externas, la edad y vitalidad de Rojas -típico considerando a la hora de distinguir a alguien-, lo relevante está en lo que se puede leer y oír de él. Y este libro es excepcional, al igual que la comunicación producida con la selección fotográfica Bertoni/Matthews.

Bellas y sensuales fotografías hay en el libro, que se comunican a la perfección con los versos de Gonzalo RojasSon 41 poemas eróticos y la voz de Rojas en 27 de ellos, recitando y comentando, casi sin distinguir una acción de la otra. Rescatable es, por ejemplo, el texto 33, en que se lamenta: Oh cuanto me arrepiento/ de haber perdido aquella noche, bajo los árboles,/ mientras sonaba el mar entre la niebla/ y tú estabas eléctrica y llorosa/ bajo la tempestad; oh cuánto me arrepiento/ de haberme conformado con tu rostro,/ con tu voz y tus dedos/ de no haberte excitado, de no haberte/ tomado y poseído,/ oh cuánto me arrepiento de no haberte besado.

En "Retrato de mujer", el autor nos envuelve en cualquier adiós: Ponte el vestido rojo que le viene a tu boca y a tu sangre,/ y quémame en el último cigarrillo del miedo/ al gran amor, y vete descalza por el aire que viniste/ con la herida visible de tu belleza. Lástima/ de la que llora y llora en la tormenta.

O el conmovedor verso Juro que esta mujer me ha partido los sesos/ porque ella sale y entra como una bala loca,/ y abre mi parietales, y nunca cicatriza, así sople el verano o el invierno,/ así viva feliz sentado sobre el triunfo/ y el estómago lleno, como un cóndor saciado,/ así padezca el látigo del hambre, así me acueste/ o me levante, y me hunda de cabeza en el día/ como una piedra bajo la corriente cambiante... en "Carta del suicida".
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