"Ferrantes", lo mórbido de allá y acá

Un sacerdote sale en busca de un tipo para asesinarlo, tras los consejos de su tío médico y moribundo. La eventual víctima puede ser la "encarnación del mal en la Tierra", explica Patricio Fernández sobre la trama de su primera novela, salpicada de medievalismo y costumbres criollas chilenas.

SANTIAGO.- Patricio Fernández Chadwick (Santiago, 1969), columnista y director del diario "The Clinic", terminó en cuatro años el manuscrito total y definitivo de Ferrantes, tras una estadía de otros tantos en Italia ¿Alguna motivación? Una idea que -para él- era un imperio en su computador: "Esta historia se me presentó, no fue una estrategia detrás sobre qué tipo de libros iba a escribir".

Así nació su ópera prima en el género de la novela, donde religioso y pagano se mixtura en un alucinante camino; por un lado, hay una formación religiosa y, por otro, un paganismo conquistado. De sus mínimas expectativas ("me encantaría que lo leyeran y saber qué opinan, pues no pretende ser un libro de tesis") y otras materias el autor conversó con emol.com desde su sencilla oficina en el centro de Santiago.

Comencemos sin desvíos: ¿Por qué el protagonista, Bertilio, tiene que asesinar a Ferrantes?

Había una idea antes, no de la trama sino de cierto absurdo teológico que sostiene un mundo más bien beato, de creencias flotantes etéreas y no tiene nada que ver con el mundo de los vivos, sostiene el autor
"Hay una serie de partes en esta anécdota que son enunciadas, que parecen absurdas pero que en el libro encuentran alguna justificación. El doctor Taza, tío de Bertilio, es testigo de un parto en el que una mujer tiene un hijo de una manera absolutamente asquerosa. Es un parto horripilante, lleno de malos olores, de sudores. Además este niño nace con un pene gigante, el cual se lo tienen que cortar y, para colmo, este niño en vez de nacer llorando lo hace a carcajadas".

Sin aclarar la interrogante, Fernández se explaya aún más: "El doctor Taza, espantado, tiene la sensación de haber dado a luz algo horripilante que se parece al mal. Y se convence de que todo médico al ejercer la profesión de curar y hacer nacer niños, de alguna manera, está sirviendo al demonio, porque ayuda al nacimiento del mal. Este doctor se retira de la medicina después de ese parto, pasa toda una vida retirado (tres décadas) esperando la muerte y recordando con espanto el alumbramiento de ese niño. Y cuando está a punto de morir le pide a su sobrino cura que elimine a este ser que trajo al mundo porque sus creencias coinciden con los planteamientos delirantes de Bertilio, ya que nadie que tiene odio puede irse al más allá, o sea entrar al paraíso".

Entonces este galeno tiene un odio casi absurdo...

"Ferrantes era el sujeto que el doctor más odiaba, por lo tanto este pensamiento tan absurdo se manifestaba en el doctor con la idea de que para poder terminar con dicho odio tenía que terminar con Ferrantes. Pero una vez que el doctor muere, sin cumplir su sueño, Bertilio sale en busca de Ferrantes para matarlo. Es como una visión de encarnación del mal en la Tierra, que es más bien el mal de la Tierra. Encarna el mal del ser humano terrestre, más terrenal".

En esta búsqueda Bertilio tiene un montón de aventuras, ¿con un escudero o cómo lo llamarías?

"Si uno se refiere a la literatura medieval, estaríamos hablando de escudero, pero en la novela no hay un escudero sino un niño de la calle que lo acompaña en esta travesía. Ahora, si mencionas los capítulos que les toca vivir a esta pareja -bares, pueblos y prostíbulos- tiene un sentido de estructura de ciertas novelas de caballería, que es de alguna manera una novela, que no es una gran historia que se va armando sino una historia que se arma a partir de episodios".

¿Crees que Bertilio a cada paso va cambiando su percepción del mundo?

"Pienso que sí, y de alguna manera la novela cambia. El cambio total de Bertilio puede ser desde un personaje que va mirando el más allá hasta ser un personaje encantándose con el más acá. De ser alguien que está mirando las maravillas de la vida después de la vida a quien termina asombrado por las preciosas asquerosidades del más acá. Este libro no pretende entregar una moraleja, pero supongo que a lo mejor otros lectores me pueden decir que sucede algo completamente distinto y tienen más razón".

A propósito de lectores, ¿qué intenciones tienes con ellos?

Esta es la primera novela del director de The Clinic, en que lo absurdo y lo racional se conjugan mágicamente
"No sé. Quise escribir una historia que, en algún momento, me empezó a rondar por la cabeza. Pero supongo que había una idea antes, no de la trama sino de cierto absurdo teológico que sostiene un mundo más bien beato, de creencias flotantes etéreas y no tiene nada que ver con el mundo de los vivos. Es cuando sale la pastilla del día después, que te meten hasta el cogote la discusión de esta pastilla, se habla de si este óvulo está o no fecundado ¡Mirémonos la cara! Los que caminamos no somos óvulos, somos personas; si defendemos el derecho a la vida, defendamos la vida de las personas y no estas abstracciones que se construyen que son muy propias de la religión".

Pensamientos que -añade el autor- también merodean en la cabeza del protagonista. "Se encanta con las cosas que lee y entonces este tipo de reflexiones, que puede tener un cierto cariz escolástico, se le irá yendo sin darse cuenta hasta que se le va presentando un poco absurda".

¿Ves alguna diferencia en la narrativa sobre lo divino, religioso, ante a lo mundano y crudo?

"Creo que Ferrantes parte con una de las escenas más carnales y descarnales de la novela. Lo que va apareciendo es una distinta visión de esa carnalidad. No es que esto empiece limpio y etéreo y termine inmundo; esto parte inmundo y termina inmundo. Lo que pasa que el protagonista pareciera que lo viera de una manera diferente".

Abarcas un período de espacio y tiempo distinto al actual, ¿es un intento de diferenciarte del resto de las actuales novelas?

"El libro no relata ninguna circunstancia histórica puntual. Lo que sí tiene son varias cosas originales. Bertilio tenía un montón de cosas medievales pero es un personaje de hoy, que deambula por un territorio que está súper definido, pero podría estar en ciertas partes del norte de Chile, lugares fronterizos con Perú o Caldera. A ratos pareciera que se metieran construcciones clásicas en medio de Caldera, iglesias del siglo 14 en medio del desierto de Atacama. No es un escenario muy reconocible, con aires de otra época, pero con cosas de otra época".

Patricio Fernández rescata además elementos populares, como caletas de pescadores, "historias dentro de historias", añade, "en que uno podría recordar Las mil y una noche o los Manuscritos de Zaragoza, donde la realidad quedó atrapada cuatro cuentos atrás y empiezan a vivir historias que se suceden".
Juan Miguel Rubio, emol.com
Viernes, 23 de Marzo de 2001, 16:31
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