Bryce Echenique, mejor que el vino

El deseo de escribir "la verdadera historia" de Julius, uno de sus personajes novelescos de Lima, anunció el premiado literato peruano en una divertida y poco concurrida charla. Su voz embriagadora dejó recuerdos, risas y más de alguna inspiración literaria en la noche santiaguina.

28 de Marzo de 2001 | 16:55 | Marcelo Cabello, emol.com
SANTIAGO- Confesiones, mucho humor, aperturas de corazón, rememoranzas y anuncios editoriales. De eso y más tuvo el encuentro del escritor Alfredo Bryce Echenique con quien quisiera llegar a uno de los salones de la remozada Escuela de Periodismo de la Universidad Católica.

Bryce Echenique se divirtió en la charla con estudiantes de la UC. Su estampa delgada, de mirada de perro triste, cigarro en la mano y una copa cercana sigue igualAntes del detalle, dos circunstancias negativas. Una, la escasez de público, esparcida entre estudiantes, residentes peruanos, y uno que otro conocedor de la obra del autor de Guía triste de París y La amigdalitis de Tarzán, lo más reciente publicado en Chile por editorial Alfaguara.

Lo otro fue la coordinadora de la charla, la periodista María Teresa Cárdenas, quien insistía una y otra vez en tocar ciertos temas (¿los que ella manejaba o que más le gustaban?); el maestro que los eludía entre sorbos, reflexiones y que cuando se decidía a profundizar en ellos, con sapiencia y tranquilidad, ella salía con otra interrogante.

"No, no, déjame, ahora que estoy abriendo mi corazón sobre Julius (personaje de su gran obra Un mundo para Julius), me interrumpes. No, voy a seguir", le recriminó, al tiempo que alababa cómo "ha mejorado el agua en Chile". Y otro glup a la boca.

Lamentable, además, fue la nula interacción con los presentes. El micrófono corría entre las manos de la anfitriona, el propio Bryce -el más lúcido, con ese tono nauseabundo, embriagador, de ronquido buscando sílabas-, y los escritores Luis López-Aliaga (fans y amigo del literato, según se encargó de dejar en claro) y Marta Blanco, que a vista de Bryce se vio más cercana al ficcionador limeño, nacido en 1939.

Palabras de buena crianza de parte de los chilenos; en cambio, el incaico se deslenguaba si la situación lo requería o lo sentía así. Como cuando se refirió a su familia, entrañable, pero digna de burlarse. "Mi hermano, un sordomundo que heredó la Telefónica, y que mi padre veía perder los millones del banco en un tratamiento de su enfermedad con unas monjas en Pennsylvania", recordó, mientras hacía los ademanes comunicacionales de su familiar.

De este modo, ahondó en esas desgracias en la vida que, aunque uno no desea, tienen esos rasgos graciosos. Otro botón: él, niño de tres, cuatro años, por desordenado fue promovido a cursos con niñas estudiantes de 15. "Me condenaban a estar en el paraíso, ellas me tocaban la cara, las orejas, el pelo, y yo sólo las miraba hacia arriba, como siempre, por lo chiquito que soy".

Una de las recientes publicaciones del peruano, basada en un intercambio de misivas entre un amor europeo y otro latinoamericano ¿el más fuerte? El de la mujer, por ciertoAunque la cita era promovida como "Tertulias Tobacco & Friends", Bryce Echenique -empedernido fumador- no encendió nunca el cigarro que sostenían sus dedos de la mano derecha, la misma que recogía cada cierta secuencia la copa de la mesa. "En serio: cómo ha mejorado el agua en Chile", insistía, dando pie al murmullo, las risas cómplices y una que otra incomodidad entre los más adultos.

Pero el peruano estaba en lo suyo: la conversación de realidad exagerada y divertida. La misma que ahora, dijo, le escasea a la chica de la cual se enamoró cuando joven, y que quizá, tras recuerdo de López-Aliaga sobre su padre en Lima, hubiese alguna conexión entre ambos mayores. "Conocí un López-Aliaga... puede ser, no sé... pero dile a tu padre que no se ha perdido nada: cada vez que la veo, la visito, me duermo en el postre. La belleza de antaño es la fomedad de ahora".

Y Bryce que mira detenidamente al chileno, y más irónico que nunca en la velada, le confiesa: "Quizá pudiste ser mi... hijo", y el narrador local que le responde con un saludo de mano y los aplausos de todos. A ese instante ya las consultas de María Teresa Cárdenas eran un estornudo en la platea. No importaban, y mejor pues la charla resultaba natural, sincera, sin topes de tiempo.

Es lo que rescató Marta Blanco del peruano: su sinceridad. "Lo que escribe nace de su propia vivencia, sea buena o mala", añadió a lo que Bryce respondió que de lo suyo publicado "un 98 por ciento es biográfico (...) Y aunque todos digan que el personaje Julius soy yo, no es así".

Y remató con un anuncio editorial: el deseo de escribir la verdadera historia de Julius, teniendo como referente titular las palabras de su nana, la mama Rosa, a quien vio tras una estadía de más de tres décadas en Europa.

"La llamé, la visité, le dije que traía regalos, y le pregunto cómo está y ella que me dice dándole pena a la tristeza ¡Qué belleza poética! Digna de un título, así que espero terminar esa novela en unos años", anunció, dando por cerrado el encuentro. Por lo menos ahí, porque Bryce estaba para ir a un bar y conocer más la noche santiaguina.

Crítica de "Guía triste de París"
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