Carlos Peña: "La idea de que Bachelet poseía un liderazgo arrollador se desvaneció"

El rector de la UDP cree que Evelyn Matthei puede recuperar el piso de la derecha y apelar a la inmensa cantidad de gente que no votó, mientras que Bachelet debiera moderar su discurso, evitando sobre interpretar a los movimientos sociales y estudiantiles.

SANTIAGO.- El carácter épico que algunos sectores quisieron darle a la campaña, la sobre interpretación de los movimientos sociales y la indiferencia de una gran cantidad de personas que no quisieron ir a votar son para el rector de la Universidad Diego Portales, Carlos Peña, las claves de la elección realizada este domingo, en la que la abanderada de la Nueva Mayoría, Michelle Bachelet, se impuso por un amplio margen sobre Evelyn Matthei pero no el suficiente para triunfar en primera vuelta.


A continuación, el también columnista de El Mercurio analiza lo ocurrido con la ex Presidenta y la representante oficialista, los desafíos que se plantean de cara a la segunda vuelta, el tercer lugar de Marco Enríquez-Ominami y la baja participación. Anticipa además que el nuevo gobierno no realizará grandes reformas al modelo porque la gente "no las quiere y porque la correlación de fuerzas no lo permitirá".


-¿Qué opina de los resultados de la elección presidencial? ¿Un resultado inesperado considerando que todas las encuestas daban a Bachelet como ganadora en primera vuelta?
No cabe duda que el resultado es inesperado por varios motivos. En primer lugar, nunca el debate presidencial había alcanzado el nivel radical que tuvo durante esta campaña; pero, al mismo tiempo nunca hubo menos participación en los últimos veinte años. Hay pues una obvia disonancia entre el carácter casi épico que se le quiso conferir por parte de alguna de las élites en competencia y una generalizada indiferencia por parte de la ciudadanía. Por supuesto esto puede deberse al voto voluntario; pero también a que la gente no comparte la épica casi final que se le quiso dar a esta elección.


En segundo lugar, resultó inesperado que Michelle Bachelet tuviera un desempeño electoral no muy distinto al que había obtenido en la elección pasada. La idea de que ella poseía un liderazgo arrollador, como si su figura fuera la portadora de un nuevo movimiento histórico, se desvaneció. Ella es, por supuesto, una figura carismática, pero no la intérprete –como solió presentársela- de un movimiento subterráneo contra la modernización capitalista. En tercer lugar es sorprendente el mal desempeño de muchos candidatos –Jocelyn Holt, Claude, Israel- cuyo discurso no tuvo ni audiencia, ni apoyo.


-¿Qué debiera hacer Matthei para remontar los 21 puntos porcentuales de diferencia con Bachelet? ¿A qué electorado debiera apuntar?
Tanto Bachelet como Matthei están por debajo de la votación parlamentaria de su respectivo sector, especialmente Matthei que puede, así, recuperar el piso de la derecha. Esos votantes debieran inclinarse por ella en segunda vuelta. Y con toda seguridad hay parte del electorado de Parisi que también debiera ella seducir. Pero sobre todo hay una inmensa cantidad de gente que no votó porque no tiene grandes motivos de malestar, personas que adhieren a la trayectoria modernizadora que ha traído Chile. Ese electorado es susceptible de ser entusiasmado para participar en la medida que Matthei se convierta –paradoja de paradojas- en la defensora de la modernización que se llevó a cabo durante los gobiernos de la Concertación y no sólo en la líder de la derecha histórica. Que lo logre o no dependerá del tono del discurso de Bachelet.


-¿Qué debe hacer la representante de la Nueva Mayoría?, ¿moderar su discurso?
No tengo dudas que Bachelet debiera ajustar su discurso a su programa, lo que dice que va a hacer a lo que efectivamente puede, atendida la correlación de fuerzas, hacer. Ella debe además aprender lo que muestra esta elección: el sentimiento que la historia está a punto de torcer su rumbo o que una nueva epifanía asoma en el horizonte (todas las cosas que se oyeron en esta campaña) no es compartido por la gran mayoría de los chilenos y chilenas, especialmente aquellos que asistieron a todo esto con la indiferencia de quienes sienten, para bien o para mal, que la vida está en otra parte. Bachelet debe evitar sobre interpretar los movimientos sociales y estudiantiles y saber distinguir, ella y sus asesores, entre los movimientos subyacentes a la estructura social y los movimientos generacionales. ¡Bachelet debe comprender que Chile vive una revolución de  expectativas y no de estructuras!


-¿Cómo lee el resultado de Franco Parisi y de Enríquez-Ominami?
Es notable que ambos suman veinte puntos. Los mismos que, por si sólo, obtuvo ME-O la vez pasada. Quizá ME-O tenga razón: el 10% que acaba de obtener es un voto afirmativo, un signo que hay allí la semilla de un proyecto político de largo plazo. El 10% de Parisi me parece, en cambio, volátil y frívolo. De él no quedará nada.


¿Qué escenario se vislumbra para ME-O tras el resultado que obtuvo?
Enríquez-Ominami ha dado muestras de ser un político de veras, un hombre con voluntad y con ideas que, poco a poco, irá mejorando y ajustando. Quizá él deba aprender que el secreto de la política consiste en interpretar lo que la gente quiere para lograr que haga lo que, según el político, debe hacer. El gran problema de ME-O es que generaliza un sentimiento generacional (de grupos jóvenes, ascendidos e ilustrados) como si se tratara de un movimiento que subyace en el conjunto de la cultura pública: se equivoca. La mayor parte de la gente no descree de la modernización capitalista (como ME-O parece pensar) sino que quiere poner esa modernización a la altura de los ideales de meritocracia e igualdad de oportunidades que esgrime para legitimarse.


-¿Qué opina del nivel de participación? Qué debiéramos esperar para el balotaje?
La participación fue, ya se sabe, muy baja; pero más baja todavía cuando se lo confronta con la altura y la intensidad de algunas propuestas que presentaron el problema político de Chile como un cambio radical.  Esa paradoja –alta intensidad del discurso y baja participación electoral- es de lo más llamativo ¿Cambiará todo esto en segunda vuelta?  Que cambie depende de la capacidad de Bachelet y de Matthei para entusiasmar a esos casi 6 millones de personas que no viven un momento épico, sino que han experimentado mejoras en su vida familiar y personal y anhelan seguirlo haciendo. Esa es, en mi opinión, la clave de la segunda vuelta: la capacidad para interpretar no a las nuevas generaciones, sino a aquellos nacidos en los sesenta que han experimentado en el curso de su vida una mejora material y de expectativas que antes tomaba generaciones. 


-A partir de la conformación de este nuevo Congreso, ¿podrán haber grandes reformas al modelo?
No, no las habrá. Ni la gente las quiere, ni la correlación de fuerzas lo permite. Habrá –ironía de ironías- reformas pactadas. La épica de la asamblea constituyente y el sueño del poder constituyente originario se apagará y será sustituida por la sencillez tranquila de reformas pactadas, obtenidas mediante consenso. Es la mediocridad afortunada de la democracia.


-En caso de confirmarse el triunfo de Bachelet, ¿los líderes estudiantiles podrían convertirse en los nuevos díscolos si es que las reformas no apuntan a los grandes cambios que ellos pretenden?
Es probable que sí. Como dije denantes el problema político de Chile es, en parte, una cuestión generacional. La generación más ilustrada y más autónoma que ha tenido la historia de Chile (la que comenzó a marchar el 2006 y siguió el 2011) será un actor importante de la vida nacional, sin duda. Pero es un error –no hay que cansarse de repetirlo- confundir sus puntos de vista con los puntos de vista de la mayoría.


El gran peligro de la política de Chile es lo que los lógicos, sino recuerdo mal, llaman "falacia de composición": atribuir al todo lo que ocurre nada más en una de sus partes. Esa falacia ha atravesado la política chilena el último tiempo.

Por Daniela Aránguiz, Emol
Lunes, 18 de Noviembre de 2013, 14:03
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