Chilenos encuentran en Chiloé una boya que hace tres años se perdió en Nueva Zelanda

Los hermanos Bustos Krumm recorrían el Parque Tepuhueico cuando en una de playa vieron un objeto con el siguiente mensaje: "Quien reporte haber encontrado este artefacto, será recompensado”

SANTIAGO.- Los desechos tecnológicos se pueden hallar no sólo en el espacio con el peligro de impactar al planeta, como es el caso del satélite espía de Estados Unidos, sino también aquí, en la Tierra, y específicamente en Chile, donde unos turistas encontraron en el Parque Tepuhueico en Chiloé, una boya utilizada por el Servicio Meteorológico de Nueva Zelanda que hace años habían dado de baja. 


Los hermanos Raúl y Eduardo Bustos Krumm descubrieron el hallazgo en diciembre pasado. Mientras recorrían lugares inaccesibles y vírgenes del parque, acompañados de dos lugareños que abrían un sendero entre la espesa vegetación, llegaron a una playa donde Raúl vio un objeto con la siguiente inscripción en inglés: “Quien reporte haber encontrado este artefacto, será recompensado”. Escrito había también un número de teléfono que días después, descubrieron correspondía al país de Oceanía.


Las especulaciones comenzaron de inmediato. “¿No estará llena de esmeraldas y diamantes?”, recuerda Raúl se preguntó uno de los acompañantes. También pensaron que podría tener droga o ser un dispositivo con fines científicos.


Cuando volvieron a Santiago, el 16 de diciembre, se contactaron con el número, dieron sus datos y por mail recibieron una respuesta del Servicio Meteorológico de Nueva Zelanda.


Lo que encontraron Raúl y Eduardo fue una de las ocho boyas que la isla mantiene en el mar de Tasmania, las cuales cuentan con sensores para medir la presión del aire y la temperatura del mar, información que cada hora es transmitida por satélite.


Pero el caso de la boya 21718 fue distinto. “Esto ha resultado una sorpresa para nosotros, pues es la primera vez que una boya del servicio de meteorología de Nueva Zelanda ha terminado en costa chilena”, detalla el mail que los hermanos Bustos Krumm recibieron en respuesta.


Arrojada en abril de 2003, llegó a la costa neozelandesa en febrero de 2004, y un año después, los expertos la volvieron a lanzar al mar. “Desafortunadamente, dos semanas después la boya falló por completo y la transmisión se cortó (…) Entonces desde febrero de 2005, no hemos sabido donde está”. Hasta ahora.


Lo más probable es que el aparato fue arrastrado por las corrientes y recorrió 14.000 kilómetros en tres años hasta llegar a las costas de Chiloé.


En el mail además les anunciaron que la boya ya no les era de utilidad y que podían guardarla como recuerdo. Así lo hicieron. “Me encanta la navegación, tengo una casa en Rapel y es el mejor lugar para que descanse”, cuenta Raúl para quien esta experiencia fue "como un cuento de niños".



 

Catalina Cataldo, El Mercurio Online
Jueves, 31 de Enero de 2008, 16:09
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