Vasconcellos Descontroló la Quinta Vergara

Como no ocurría desde el "caso José Luis Rodríguez" en 1988, la segunda noche de festival se alteró por la extensa silbatina que provocó la salida del escenario del músico chileno Joe Vasconcellos. El reclamo masivo, sonoro y prolongado del público sólo se calmó cuando, fuera de transmisiones televisivas, Vodanovic debió entregarle una segunda Gaviota de Plata. Ni los recuerdos de Emmanuel ni el fuerte humor de Daniel Muñoz y su personaje El Malo lograron igualar el suceso de Vasconcellos, que incluso provocó la suspensión del show de José Alfredo Fuentes.

18 de Febrero de 2000 | 01:46 | El Mercurio
Todo iba bien anoche durante la segunda jornada de festival. Emmanuel, recurriendo a la seguridad de su repertorio pasado, había hecho lo suyo con una facilidad previsible. Luego, con una rutina a ratos floja, a ratos atrevidamente graciosa, a ratos derechamente grosera, el actor Daniel Muñoz, con su personaje "El Malo", se echaba al bolsillo la segunda "Gaviota de plata" de la noche. Todo normal.

Pero Joe Vasconcellos, sin querer, se encargó de romper la monotonía, provocando, con su salida del escenario, una silbatina de reclamo de más de quince minutos, parecida a la que generó José Luis Rodríguez en 1988 al exigir, en complicidad con el público, una Gaviota además de la tradicional Antorcha.

Vasconcellos generó un descalabro que revitalizó el añejo calificativo de "monstruo" atribuido al público de la Quinta Vergara, obligando con su silbatina a alterar drásticamente el programa. ¿La víctima? José Alfredo Fuentes, quien no subió al escenario tal como estaba presupuestado en el programa oficial, pasando directamente de la competencia internacional al número de cierre: Elvis Crespo.

La onda expansiva del estallido Vasconcellos alcanzó incluso a la competencia, cuyas seis canciones transcurrieron en medio de la protesta ya decreciente de la audiencia. El cantante estadounidense Peabo Bryson demostró toda su preparación al afrontar primero la hostilidad del público e imponer una vibrante versión de "Let me try again", facilitando así la tarea a Julio Zegers y Santiago del Nuevo Extremo, Fernando Ubiergo y Paolo Meneguzzi, quienes sí ganaron aplausos.

Canciones como "Mágico", "La funa", "Sólo por esta noche", todos hits comerciales entregados por Vasconcellos junto a una banda ganosa, fueron los responsables de que la transmisión televisiva recurriera abruptamente a los comerciales para intentar silenciar a una audiencia que no paró de pedir el regreso del artista. Incluso, en mitad del intermedio, mientras a los hogares llegaban los spots comerciales, Vasconcellos tuvo que salir a escena dos improvisadas veces. Primero para intentar una inconclusa versión a capella de "Induce" y luego para tocarla completa, pero sólo junto al guitarrista Cristian Carvallo y al bajista Christian Gálvez.

Dos "Gaviotas de plata", el canto masivo de sus versos, todo el fervor era esperable y con merecidas razones. Pero que la Quinta Vergara repleta exigiera a viva voz su regreso al escenario, abucheando sin parar cuando los animadores intentaron presentar al jurado una vez terminada su actuación, fue una muestra de cariño pocas veces vista en ese escenario.

Claro, porque era un asunto de lógica pura que Vasconcellos iba a conquistar con facilidad la Quinta Vergara. El año pasado, el multinstrumentista y compositor se consagró como la voz más importante del país con un disco multiventas, "Vivo", y un repertorio que inundó de éxitos las radios locales.

Una reacción espontánea por un artista que, sin parafernalia, con la sencillez del hombre que maneja talento, durante todo 1999 se ganó a un público atento a las muestras de sinceridad.

Cualquier código musical para definir el debut de Vasconcellos en el Festival de Viña del Mar queda corto. Lo de anoche no fue música. Fue pasión. Sangre corriendo por las venas. Eso que llaman devoción.
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