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Presidente Lagos informó al país sobre "dolorosa" información recibida

"La información que he recibido es cruda y dolorosa; una información que habla de muerte, sepulturas, sepulturas clandestinas, cuerpos arrojados al mar, a los lagos y los ríos de Chile", señaló el Presidente de la República.

07 de Enero de 2001 | 22:18 | emol.com
II Parte

A continuación palabras del Presidente de la República.

Amigas y amigos;

Esta noche quiero hablarle a todos los chilenos, a los chilenos de siempre. Esta noche quisiera que mi voz llegara más allá de aquéllos que me apoyan o que tienen una posición distante de mi gobierno. Quisiera que mi voz llegara a través del tiempo para alcanzar a los chilenos de ayer y a los de mañana. A los que ayer se fueron defendiendo sus ideales, a los chilenos de mañana que serán los legatarios de nuestras obras, de nuestros aciertos, de nuestras equivocaciones.

Sé que hoy la gran mayoría de mis compatriotas tienen un estado de ánimo de expectación y también de esperanza.

Expectación, por lo que llegaremos a conocer; esperanza para que avancemos después, de conocida la verdad, unidos tras un destino común.

Como ciudadano de este país yo también comparto este doble estado de ánimo de expectación y esperanza. Viví -como muchos chilenos- los trágicos hechos que el país sufrió a partir de 1973 y también anhelo que el país ponga sus mayores talentos y energías en un futuro que pueda unirnos tras metas dignas para nosotros, para nuestros hijos.

Como Presidente de la República tengo el deber constitucional y moral de poner todo lo que esté de mi parte para avanzar en la búsqueda de la verdad y reforzar un clima de unidad. Durante estos meses he pensado en este momento, en esta responsabilidad que recae sobre mis hombros. Les pido que confíen en mí, que me ayuden a tomar las decisiones correctas. Debo ser justo y consecuente. Es difícil, lo intentaré con todo lo que hay en mí.

Hoy vivimos un momento crucial en la lucha por hacer que se respeten los derechos humanos; una larga lucha que se remonta al instante mismo en que se produjeron las primeras y masivas atrocidades.

Lo alcanzado es el fruto de un muy largo camino. Gracias a la acción abnegada y generosa, heroica a ratos de muchos compatriotas que inspirados por el inolvidable testimonio del cardenal Raúl Silva Henríquez, abrazaron desde el primer momento la causa de los derechos humanos y la defensa de la vida. Muchos de los que en estos días, aquí en este Palacio, colaboraron conmigo analizando la información que recibí, lo comenzaron hace 27 años en el Comité Pro Paz. A ellos, a las instituciones y a las agrupaciones que canalizaron su acción, el país les debe gratitud. Gracias por ello.

Una vez que reconquistamos la paz, que iniciamos el camino hacia la democracia, la Comisión Rettig fue el primer gran esfuerzo para dar cuenta de la verdadera dimensión del drama de lo que había ocurrido, del drama de los detenidos-desaparecidos.

Ese largo trayecto es el que permitió, en 1999, instalar la Mesa de Diálogo en la que se asumió el compromiso de buscar la información, esa información que hace dos días, el viernes 5 me fue entregada en relación con nuestros compatriotas detenidos-desaparecidos.

Este trascendente compromiso sólo fue posible porque en un acto de coraje y generosidad, representantes de los abogados de los derechos humanos, de instituciones morales, de las víctimas y de las Fuerzas Armadas y de Orden dieron el paso de sentarse juntos y hacer frente a la verdad que había que buscar.

Así también lo entendió el Congreso Nacional que, con el acuerdo todos los sectores, aprobó la legislación que permitió la existencia de esta oportunidad única para acercarse a la verdad.

Lo que hoy tenemos es el resultado de ese compromiso, que es una importante información sobre nuestros detenidos-desaparecidos entregada por primera vez por las Fuerzas Armadas y Carabineros de Chile, así como por las instituciones religiosas y éticas que estuvieron también presentes en dicha Mesa.

La información que he recibido es cruda y dolorosa; una información que habla de muerte, sepulturas, sepulturas clandestinas, cuerpos arrojados al mar, a los lagos y los ríos de Chile.

Esa información dura como es, será de gran utilidad para que la Justicia pueda esclarecer un número cercano a 180 personas detenidas desaparecidas que estarían muertos y de los cuales 130 estarían en el mar, ríos y lagos; 20, cuyos nombres se ignoran, estarían en una fosa aquí en la Región Metropolitana.

Esa es la información que he entregado ayer a la Excelentísima Corte Suprema, con el fin de que ella disponga el inicio de las investigaciones correspondientes que permitan aclarar, calificar y sancionar jurídicamente los hechos y conductas a los que tal información se refiere.

Serán entonces las resoluciones judiciales, las del Poder Judicial, que en su momento se dicten, las que establecerán la certeza sobre todos estos antecedentes recibidos.

En todos estos años, estos largos 27 años, 171 casos de detenidos-desaparecidos se habían aclarado y sabemos su paradero para tranquilidad de sus familiares. Hoy, al ser esta información efectiva como esperamos, ésta será la información más importante recopilada en todos estos años. Sin embargo, lo que quisiera decir esta noche, es que más que el número, lo que trasciende es el reconocimiento de los altos mandos de las FF.AA. que han asumido que Chile no puede mirar hacia el futuro sin despejar las deudas del pasado. Por ello, ellos, los altos mandos, señalan que los hechos que condujeron a la violencia política no deben repetirse en nuestro país. Y, más importante, que comparten el dolor que dichos actos causaron y que estiman indispensable que la sociedad en su conjunto sea capaz de asumir sus responsabilidades y superar sus diferencias.

Los uniformados de hoy, han debido responder por los de ayer, recuperando así ante la gran mayoría de sus compatriotas el sentido profundo del honor, inherente a la vocación militar.

Respecto de la información entregada, hago mía la recomendación de la Mesa de Diálogo y por ello le solicité ayer al Presidente de la Corte Suprema que se dé la máxima celeridad a la tramitación de las causas judiciales para llevar pronto tranquilidad a todos, en particular a los familiares. Junto con recibir esta información y entregársela a la Corte Suprema, quisiera señalar que he dispuesto que los antecedentes en relación con cada caso en particular sean entregados personalmente y en forma privada a los familiares directos de las víctimas.

La gravedad de la información me ha producido un profundo dolor, como estoy seguro lo producirá en cada uno de los hijos de esta tierra. Porque la verdad, tal como ahora ha sido reconocida, es difícil de sufrir.

Este camino hacia la verdad enaltece al país y a sus instituciones, nos devuelve el respeto que nos debemos unos a otros y que también nos merecemos como nación.

Nadie habría querido un dolor semejante. Pero es preciso no olvidar que el dolor también hermana a los seres humanos.

Espero que el dolor de los hechos que hemos conocido se nos transforme en un motivo de fraternidad y nunca más en una razón para el enfrentamiento.II Parte
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