Libro adelantó acusaciones de general (r) Lagos

En "La misión era matar", el periodista Jorge Escalante narra la reunión de noviembre de 1973 entre general en retiro Joaquín Lagos y el entonces comandante en jefe del Ejército y jefe de la Junta Militar, general Augusto Pinochet.

26 de Enero de 2001 | 19:19 | emol.com
SANTIAGO.- Las declaraciones del ex comandante de la Primera División del Ejército en 1973, Joaquín Lagos Osorio, a Televisión Nacional, en que achacaba a Arellano Stark y a Augusto Pinochet la responsabilidad por las muertes de detenidos políticos en Antofagasta ante el paso de la llamada "Caravana de la muerte" ya habían sido públicas gracias a una investigación.

Se trata del libro "La misión era matar" (LOM Ediciones), del periodista Jorge Escalante, quien adelantó meses atrás lo que nadie sabía o muchos ocultaban, incluso el propio militar Lagos que, ahora, tras 27 años, saca a relucir documentos que confirman su planteamiento acusatorio.

En la publicación, Jorge Escalante narra detalladamente, entre otros antecedentes, el encuentro del 2 de noviembre de 1973, entre el general Lagos y el entonces comandante en jefe del Ejército y jefe de la Junta Militar, general Augusto Pinochet, en que hablaron sobre las muertes de detenidos sin un juicio de guerra correspondiente.

Escalante escribe: "La noche anterior, Pinochet había mandado con su edecán, el coronel Enrique Morel Donoso, un mensaje categórico al general Lagos a la casa de su hija, donde estaba alojado en Santiago luego de viajar desde Antofagasta: que borrara del informe secreto que Lagos le había entregado ese día en sus manos, todo lo obrado por el general Sergio Arellano Stark como su Oficial Delegado en la misión encargada".

Y añade en el texto: "El general Lagos estaba sorprendido por la orden que Pinochet le había mandado en la noche con el coronel Morel, pero más que aquello, estaba indignado. Se había dado cuenta por dónde iba el asunto".

Luego, el autor recrea la conversación entre Lagos y Pinochet.

Lagos: "¿Tú ordenaste que rehiciera mi informe?", fue lo primero que el general Lagos le preguntó a Augusto Pinochet.

Pinochet: "Sí, claro, yo lo ordené", se limitó éste a contestarle lacónicamente.

Lagos: "¡Pero eso no puede ser Augusto, con esto me van a acusar a mí de estos crímenes!".

Pinochet: "Quédate tranquilo Joaquín, a ti no te va a pasar nada. Quédate tranquilo no más".

Lagos: "¡Cómo me voy a quedar tranquilo, si esto que ha pasado es el desprestigio más grande que puede tener el Ejército!" -le dijo Lagos en tono enérgico pero respetuoso. Y luego de quedarse meditando por breves segundos, le hizo una advertencia:

"Tú tampoco puedes quedarte tranquilo con todo esto Augusto, porque un día, a ti será al primero que van a juzgar por lo que ha hecho esta comisión de Arellano. Acuérdate de mí", le adviritió Lagos a Pinochet.

Pinochet: "¡Dónde está el informe nuevo!", le demandó al general Lagos que lo tenía en sus manos.

Lagos: "Toma, aquí está, como tú lo pediste. He hecho sólo una lista general de las muertes en las tres ciudades, y saqué la frase que decía por orden del Delegado del Comandante en Jefe. La historia dirá", le dijo Lagos y le dejó el nuevo informe encima del escritorio.

Antes de que el encuentro terminara, Pinochet le lanzó a Lagos otra pregunta:

"¿Es cierto que estuviste llorando con la madre de Ruiz-Tagle en Antofagasta, como me contaron?" (...) El joven de 26 años Eugenio Ruiz-Tagle Orrego, había sido uno de los catorce prisioneros asesinados la noche del jueves 18 de octubre de 1973 en Antofagasta, escribe Escalante en su libro.

Lagos: "No, no es cierto, pero si hubiese estado con ella, le habría pedido perdón".

En el subcapítulo "A las manos del juez", el autor entrega detalles importantes, respecto del informe que Pinochet le mandó a devolver al general (r) Joaquín Lagos.

"El documento devuelto tenía anotaciones y tarjaduras hechas de puño y letra de Pinochet, y el general Lagos pensó que era prudente conservarlo, por cualquier cosa algún día. Entre las principales tarjaduras, había una importante: aquella por la cual el comandante en jefe ordenaba que se borraran las cincuenta y tres ejecuciones por orden del Delegado del Comandante en Jefe del Ejército", concluye el autor de "La misión era matar".

El texto deja establecido, además, que el documento devuelto por Pinochet a Lagos aquella noche, es hoy, según los abogados querellantes, una de las pruebas principales que inculpan al ex jefe del Ejército en el proceso de la denominada "Caravana de la muerte".
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