Pearl Jam sigue "vivo" y lo mostró en Chile... ¡por fin!

Pasaron 15 años, pero se cumplió el sueño. Dio lo mismo la lluvia, el frío y el hambre. Había que estar ahí y cantar, aunque fuera con un vergonzoso spanglish, junto con Eddie Vedder y la banda de Seattle. Salud!

23 de Noviembre de 2005 | 13:35 | Daniela Aránguiz y Felipe Gálvez, El Mercurio en Internet
Recuerda su éxito "Jeremy" (Ten, 1991)


(Foto: José Alvujar)
SANTIAGO.- Podría haber sido más fuerte la lluvia incluso y aún así no se hubiera opacado el show que presentó anoche Pearl Jam, quizás el "disco en vivo" de los sobrevivientes del grunge más esperado por los fanáticos chilenos.

A las cuatro y media de la tarde, a la hora en que se abrieron las puertas del estadio, ya había cientos de seguidores que contaban los minutos para el momento que habían esperado por casi 15 años.

Gracias a la buena voluntad de un par de amigos y hermanos, logramos una ubicación más que cómoda, pese a entrar a San Carlos de Apoquindo cerca de las ocho. La galería y la tribuna lucían llenas. La cancha había ya desaparecido bajo miles de cabezas y manos que ya se alzaban para corear a otra leyenda del grunge: Mudhoney.

Las camisas leñadoras y los jeans rotos se repetían en la diversidad de gente que contemplábamos mientras aún quedaba un poco de luz: quinceañeros que aún no nacían cuando Pearl Jam editaba su emblemático disco Ten y generaciones que parecían más fanáticas de The Beatles y Pink Floyd que del grunge. Y, por supuesto, aquellos que aprendimos a pronunciar "Seattle" gracias a Nirvana, Alice in Chains, Soundgarden y la banda de Eddie Vedder.

Una nube negra inmensa dejó caer las primeras gotas de agua, y el viento impidió que pudiéramos apreciar el show a través de las pantallas gigantes ubicadas al lado del escenario. Pero no había ánimos de reclamo. Lo que queríamos era escuchar los primeros acordes y la voz inconfundible del enigmático líder de la banda norteamericana.

Estábamos preparados para el sonido crudo de canciones como "Do the evolution" o "Go", pero los norteamericanos abrieron con "Release", mucho más balada. Nos dimos cuenta que al final poco importaba cuál fuera la primera, porque lo esencial era que estaban en Chile.

"Por fin!!!", como dijo Vedder en un pésimo y mal ensayado español, pero que se le agradece. "Estamos agra... agreadecidos de estar aquí, por fin... greacias por invited us", dijo en un spanglish notable. Qué más da. Era Eddie Vedder en diálogo con nosotros, saludando a Chile y pidiendo que le ayudáramos con las voces en "Alive".

Entre canción y canción, Vedder gritaba "cheers" antes de empinarse una botella de vino -esperamos que chileno- y fumar uno que otro cigarrillo. Con el escenario mojado por la garúa -con evidentes goteras- el líder de la banda gozaba deslizándose de un lado a otro y saltando con evidente euforia, con porrazo incluido.

Mientras Mike McCready daba clases de solo en guitarra con el instrumento sobre la cabeza, Matt Cameron se lucía en la batería, Jeff Ament con el bajo y Stone Gossard en la segunda guitarra, desplegando todo su poder grunge. San Carlos de Apoquindo deliraba y se rendía ante "Jeremy", "Evenflow", "Given to fly" y "Elderly woman behind the counter in a small town", donde encendedores, celulares y flashes fueron protagonistas.

Un hito que prometió volver


Pero a ratos la atención no estuvo centrada sólo en el despliegue de la banda, sino también en lo que pasaba en la galería. Olvidándose de las recomendaciones que hizo el propio Vedder ("por favor cuídense ustedes mismos y a quienes están a su lado"), y de que un evento único podría haberse visto empañado por un desorden mayor, una veintena de fanáticos irrumpieron a la cancha desde la galería, desatando una gresca de proporciones con los guardias de naranjo.

El grupo, al parecer, no se percató del incidente, ya que el show continuó con temas como "Not for you", "Why go" y "Daughter", finalizada con un juego de voces entre el eufórico Vedder y los fanáticos. Fueron 22 canciones dignas de lo mejor de su repertorio, coreadas aunque fuera con un spanglish vergonzoso.

Iban ya dos horas de show, y nosotros esperábamos 60 minutos más, pese a estar mojados, con hambre y mucho frío. Pero las luces del estadio se encendieron en una señal que entendimos como un adiós adelantado, porque Pearl Jam aún tenía un homenaje que hacer.

"Ramones, Ramones" coreó un buen rato Vedder antes de cantar "I believe in miracles", del clásico grupo punk. Y luego "Baba O'Riley", de The Who, con lo que dieron paso al tema final, ese que nunca fue editado en ningún disco, pero que es emblemático de la banda: "Yellow Ledbetter".

Otra vez las miles de voces que hicieron del final, un momento muy emotivo y que quedará guardado para siempre como la ocasión en que, "por fin", escuchamos y vimos en vivo a los acordes grunge de Pearl Jam, un hito en la historia musical de nuestro país.

Digno de volver a ver aunque la lluvia hoy siga amenazando a quienes tienen entradas para el segundo show, que sin duda será de la misma calidad que el de anoche. Lo mejor es que Vedder prometió que volverán...
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