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Emprendimiento Corporativo, las claves para entenderlo

No sólo emprende el que parte desde cero, sino también el que, dentro de una compañía, busca una solución novedosa y efectiva a un problema. Revise aquí cómo hacer empresa dentro de la empresa.
Ari Wurman, Guía de emprendimiento
Jueves 25 de febrero de 2010 13:00
Puesta a punto de las motos
El éxito de la empresa Nokia se basa en la idea de un emprendedor.

Foto: Reuters
Puesta a punto de las motos
General Electric es otro ejemplo de emprendimiento.

Foto: AP

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Para muchos, el término "emprendedor" está asociado a quien comienza un negocio, sea este la tienda de la esquina o una empresa de alta tecnología. Yo prefiero usar esta palabra en un sentido menos restrictivo por un lado, pero, al mismo tiempo más específico. Yo uso el término emprendedor para referirme a alguien que ofrece una solución innovadora a un problema. Es, por lo tanto, el acto de innovar y tomar la iniciativa, lo que define al emprendedor.

Esta definición tiene un impresionante árbol genealógico de intelectuales. Peter Drucker, el prestigioso gurú de la administración, definió al emprendedor como alguien que "trastorna y desorganiza" y a la innovación como “el instrumento de todo emprendimiento". William Baumol, uno de los grandes economistas que ha tenido en cuenta el rol del emprendimiento en el desarrollo de sus teorías, describe al emprendedor como "un ser atrevido, imaginativo y rompedor de las pautas establecidas en los negocios". Howard Stevenson, el hombre que hizo más que cualquier otro para defender el estudio de emprendimiento en la Escuela de Negocios de Harvard, definió emprendimiento como "la búsqueda de la oportunidad más allá de los recursos con que se cuenta en el momento".

De esta forma, la definición del emprendedor no está supeditada a la puesta en marcha de un nuevo negocio, y es por ello podemos encontrar a muchos “emprendedores” trabajando como empleados, los cuales exploran, crean y desarrollan nuevos negocios. Estos son capaces de crear nuevos conceptos empresariales y asumir la responsabilidad y riesgo de convertir una idea en producto rentable, a través de innovación.

Jack Welch, siendo empleado, transformó a General Electric de un Goliat en una colección de David emprendedores. Jorma Ollila, siendo empleado, transformó Nokia, una antigua empresa de Finlandia, de un fabricante de botas de caucho y cables en un gigante de la telefonía celular; y su sucesor como Gerente de la compañía, Olli-Pekka Kallasvuo, ahora habla de “girar” para convertirse en una compañía de contenidos.

El problema es que en Chile nos cuesta mucho reconocer esta posibilidad y le damos poca libertad a nuestros empleados. Es fundamental que los empresarios dejen, de una vez por todas, despertar el espíritu emprendedor de sus colaboradores.

En consecuencia, uno de los principales objetivos del ejecutivo de hoy es canalizar la inventiva de sus subordinados, mas todo indica que una de las principales molestias de los superiores es un empleado con nuevas ideas.

Encontrar y conservar emprendedores capaces de morir por una idea y convertirla en realidad es más difícil de lo que se cree.

Muchas veces los directivos saben que las ideas no son tan descabelladas, pero piensan que dedicarles tiempo es no cumplir con lo urgente. Esta actitud un poco displicente crea dos problemas fundamentales: la competencia puede adelantarse y concretar primero alguna de esas buenas ideas y la desmotivación del empleado, quien puede retirarse de la empresa y posponer sus proyectos a otras que sí los aprovecharan.

Cabe preguntarse: ¿No es precisamente ese el principio del cambio? No puede haber un cambio si no se hace algo diferente a lo que usualmente se viene realizando, por ejemplo, se adoptó la electricidad cuando la cultura era alumbrarse con velas. El caballo era aún un medio de transporte masivo cuando se introdujo el automóvil, cualquiera pudo haber expresado "nos hemos movilizado bien hasta ahora, ¿para qué reemplazar al caballo?", hace veinte años la mayoría de los profesionales contaban sólo con el teléfono de la oficina para comunicarse, hoy es imposible imaginarlos sin un celular.

Es simple, siempre que surge una nueva idea se está proponiendo algo que no se ha intentado antes. Es precisamente eso lo que la hace "nueva", por lo que resulta lógico entender que no existe nada que sustente cualquier pronóstico de éxito o fracaso. No se puede rechazar una idea por el simple hecho de que nadie haya tenido la oportunidad de experimentarla con anterioridad.

Cuando se está profundamente involucrado con un algo en particular se pierde la capacidad de juzgar con objetividad el proceso y sólo aquellos que no tienen compromiso alguno con él pueden ofrecer ideas nuevas, transformaciones que le imprimirán dinamismo. Sin embargo, la cultura organizacional reinante en nuestra sociedad suele poner barreras a cualquier planteamiento que ponga en riesgo el status quo.

Lo anterior permite suponer que existen empresas donde está prohibido innovar, donde el día a día se encuentra sometido a una rutina de relativos aciertos y errores comunes, organizaciones cuya miopía les impide entender que no siempre habrá que seguir los pasos del líder, pues deben ser también protagonistas y marcar la pauta.

Estoy convencido que el reto de las empresas de hoy y del futuro es INNOVAR y para eso es fundamental promover el EMPRENDIMIENTO CORPORATIVO.

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