Ari
Wurman,
Guía de emprendimientoVEA MÁS SOBRE ESTE TEMA EN GUIOTECA.COM
Para muchos, el término "emprendedor" está asociado a quien comienza un negocio, sea este la tienda de la esquina o una empresa de alta tecnología. Yo prefiero usar esta palabra en un sentido menos restrictivo por un lado, pero, al mismo tiempo más específico. Yo uso el término emprendedor para referirme a alguien que ofrece una solución innovadora a un problema. Es, por lo tanto, el acto de innovar y tomar la iniciativa, lo que define al emprendedor.
Esta definición tiene un impresionante árbol genealógico de intelectuales. Peter Drucker, el prestigioso gurú de la administración, definió al emprendedor como alguien que "trastorna y desorganiza" y a la innovación como “el instrumento de todo emprendimiento". William Baumol, uno de los grandes economistas que ha tenido en cuenta el rol del emprendimiento en el desarrollo de sus teorías, describe al emprendedor como "un ser atrevido, imaginativo y rompedor de las pautas establecidas en los negocios". Howard Stevenson, el hombre que hizo más que cualquier otro para defender el estudio de emprendimiento en la Escuela de Negocios de Harvard, definió emprendimiento como "la búsqueda de la oportunidad más allá de los recursos con que se cuenta en el momento".
De esta forma, la definición del emprendedor no está supeditada
a la puesta en marcha de un nuevo negocio, y es por ello podemos encontrar
a muchos “emprendedores” trabajando como empleados, los cuales
exploran, crean y desarrollan nuevos negocios. Estos son capaces de crear nuevos
conceptos empresariales y asumir la responsabilidad y riesgo de convertir una
idea en producto rentable, a través de innovación.
Jack Welch, siendo empleado, transformó a General Electric de un Goliat
en una colección de David emprendedores. Jorma
Ollila, siendo empleado,
transformó Nokia, una antigua empresa de Finlandia, de un fabricante
de botas de caucho y cables en un gigante de la telefonía celular; y
su sucesor como Gerente de la compañía, Olli-Pekka
Kallasvuo,
ahora habla de “girar” para convertirse en una compañía
de contenidos.
El problema es que en Chile nos cuesta mucho reconocer esta posibilidad y
le damos poca libertad a nuestros empleados. Es fundamental que los empresarios
dejen, de una vez por todas, despertar el espíritu emprendedor de sus
colaboradores.
En consecuencia, uno de los principales objetivos del ejecutivo de hoy es canalizar
la inventiva de sus subordinados, mas todo indica que una de las principales
molestias de los superiores es un empleado con nuevas ideas.
Encontrar y conservar emprendedores capaces de morir por una idea y convertirla
en realidad es más difícil de lo que se cree.
Muchas veces los directivos saben que las ideas no son tan descabelladas, pero
piensan que dedicarles tiempo es no cumplir con lo urgente. Esta actitud un
poco displicente crea dos problemas fundamentales: la competencia puede adelantarse
y concretar primero alguna de esas buenas ideas y la desmotivación del
empleado, quien puede retirarse de la empresa y posponer sus proyectos a otras
que sí los aprovecharan.
Cabe preguntarse: ¿No es precisamente ese el principio del cambio? No
puede haber un cambio si no se hace algo diferente a lo que usualmente se viene
realizando, por ejemplo, se adoptó la electricidad cuando la cultura
era alumbrarse con velas. El caballo era aún un medio de transporte
masivo cuando se introdujo el automóvil, cualquiera pudo haber expresado "nos
hemos movilizado bien hasta ahora, ¿para qué reemplazar al caballo?",
hace veinte años la mayoría de los profesionales contaban sólo
con el teléfono de la oficina para comunicarse, hoy es imposible imaginarlos
sin un celular.
Es simple, siempre que surge una nueva idea se está proponiendo algo
que no se ha intentado antes. Es precisamente eso lo que la hace "nueva",
por lo que resulta lógico entender que no existe nada que sustente cualquier
pronóstico de éxito o fracaso. No se puede rechazar una idea
por el simple hecho de que nadie haya tenido la oportunidad de experimentarla
con anterioridad.
Cuando se está profundamente involucrado con un algo en particular se
pierde la capacidad de juzgar con objetividad el proceso y sólo aquellos
que no tienen compromiso alguno con él pueden ofrecer ideas nuevas,
transformaciones que le imprimirán dinamismo. Sin embargo, la cultura
organizacional reinante en nuestra sociedad suele poner barreras a cualquier
planteamiento que ponga en riesgo el status quo.
Lo anterior permite suponer que existen empresas donde está prohibido
innovar, donde el día a día se encuentra sometido a una rutina
de relativos aciertos y errores comunes, organizaciones cuya miopía
les impide entender que no siempre habrá que seguir los pasos del líder,
pues deben ser también protagonistas y marcar la pauta.
Estoy convencido que el reto de las empresas de hoy y del futuro es INNOVAR
y para eso es fundamental promover el EMPRENDIMIENTO CORPORATIVO.