Ari Wurmann,
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Mucho se ha hablado en el último tiempo acerca de lo difícil que es emprender en Chile. No es mi intención entrar en un debate político de este tema, sino darle una mirada diferente.
Según el ranking “Facilidad de Hacer Negocios” del Banco Mundial, Chile cayó desde el lugar 40 en 2009 al 49 este año. El país aparece muy mal evaluado en diversas áreas, lo que se manifiesta en que, de acuerdo a datos del SII, en el 2006 se crearon 16 mil empresas menos que en el 2002.
Lo que pasa es que en Chile no fomentamos el emprendimiento, e incluso lo desincentivamos. Castigamos al que se atreve, en vez de premiarlo y aprovechar su aprendizaje. Dentro de las empresas, orientamos los incentivos al ahorro, en vez de a la innovación y creación de nuevas ideas, productos o negocios y despedimos a quienes cometen errores.
Nuestro país está lejos de ser una incubadora de emprendimientos, nuevos o corporativos, y no podemos pretender que unas cuantas políticas públicas cambien esto. Cada uno de nosotros debe entender que el emprendimiento es la mayor fuente de creación de riqueza y por ello debemos, todos, estar dispuestos a enseñar, motivar y fomentar el emprendimiento.
Muy relacionado a lo anterior es lo que nos pasa con cuando decimos: "No puedo innovar en mi compañía porque…". En la mayoría de los casos, la gente dice no poder innovar porque su organización parece no desearlo y porque no existe una estructura que dé espacio a la innovación. Conozco esa sensación, he estado en esa posición y no es grato sentir que uno tiene “las manos amarradas”.
Pero también creo que los cambios los generan las personas y quizás es hora de que comience una revolución: la de la innovación. Es hora de que seamos atrevidos, y no tan abúlicos. Es hora de que dejemos de quejarnos y tomar la iniciativa y no esperar que pasen las cosas, sino hacer que las cosas pasen.
Los siguientes son algunos consejos que lo ayudara a comenzar a innovar y a emprender:
• Si usted tiene ideas, expréselas.
• Si sus ideas parecen no ser escuchadas, continúe intentándolo.
• Siga planteándolas hasta que le digan que están hartos de oír de ellas, y en ese momento, dígalas con más fuerza. Las ideas son poderosas, muchas muy lucrativas y a la larga será difícil seguir ignorándolo.
• Si existe un conflicto, enfréntelo. Evitar el conflicto sólo crea más problemas y a la larga asfixia a las empresas. Si usted es una persona agradable, siga así, pero no evite los conflictos, especialmente si esto limita su potencial y el de la empresa.
• No pida permiso, hágalo. Comience algo. Si usted lo hace con pasión y entusiasmo, las personas lo seguirán y ayudarán.
• Deje de preocuparse por todo y sea un aporte.
• Tome la iniciativa y empiece ahora.
• Olvídese de lo que dice la gente y haga lo que usted cree correcto.
Es así como nos convertiremos en un país de emprendedores. Un país en donde tanto las personas que comienzan un negocio o los empleados que toman la iniciativa y buscan oportunidades, sean considerados emprendedores. Un país que crezca gracias al motor que significa tener a miles de personas innovando y siendo un aporte, generando ideas y no simplemente conformándose con los que les “tocó”. Un país realmente emprendedor.