¿Cómo conciliamos trabajo y maternidad?

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Viviana Sosman, psicóloga de la Universidad Diego Portales, especialista en adolescentes y adultos.
Mi. 24 de marzo de 2010, 00:00
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Hoy en día aún, para la mayoría de las mujeres sigue siendo un tema congeniar la maternidad y la profesión. Existen muchas posibilidades y ninguna es ni la perfecta, ni la correcta, todas tienen un costo con implicancias y renuncias.

Cuando una mujer decide tener su primer hijo, una nueva dimensión dentro de lo femenino debe ser incorporada. Cómo va dando solución al inevitable conflicto entre el ámbito laboral y las responsabilidades, cuidados y disfrutes, con el bebé es crucial para la integración de esta nueva identidad que se incorpora a su ser mujer.

La gran mayoría de las madres en la actualidad, y especialmente con el primer bebé, sienten angustia, rabia, confusión, susto, culpa, perplejidad, y ambivalencias en torno a la crianza y a el acto de retomar el trabajo, cuando su hijo(a) es muy pequeño(a).

Existen distintas alternativas

Mujeres que se insertan prontamente a sus trabajos. Cuando por razones económicas, la mujer, se ve forzada a volver al trabajo antes de lo que deseaba, puede sentirse emocionalmente muy herida y con montos importantes de angustia y rabia, respecto a tener que separarse de su bebé y cumplir bien con sus distintos roles. Esto, entre muchos otros motivos, puede llevarla a tener síntomas angustiosos y depresivos, lo que interfiere en su capacidad y disposición para relacionarse con su guagua.

Otras mujeres se insertan al trabajo, después de su postnatal y no les resulta tan angustiosa la vuelta, incluso les alivia el volver a su espacio propio y después del trabajo estar con su bebé, lo que no significa que esta solución este exenta de culpa, cuestionamientos y exigencias.

En ambos casos es muy importante, preparar el terreno con tiempo para dejar a la guagua con la mamá, una tía, la abuelita, también puede darse el caso de una nana de confianza, la contratación de una enfermera o el ingreso a una sala cuna según sea el caso, pero lo importante es anticiparse a los hechos y preparar la nueva situación.

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Mujeres que se dan un tiempo antes de reintegrarse a lo laboral. En este grupo están las madres que pueden y deciden, dejar su trabajo por un tiempo, quedándose en la casa hasta que sus hijos estén más grandes. En muchos casos esta solución las tranquiliza y vislumbran su reinserción a su labor profesional como algo que realizarán cuando llegue el momento.

Otras mujeres ante esta misma solución a menudo sienten como si hubieran abandonado la sociedad, echando a perder todos sus años de formación, así como las oportunidades de trabajo. A veces las invade tan fuerte este sentimiento que se les olvida, que esta decisión es por un período acotado en el tiempo, y el retorno a lo laboral, dependerá de cómo ellas se vayan sintiendo, respecto de sí mismas y sus hijos o hijas.

Mujeres con jornada flexible o medio día de trabajo. Son madres que logran tener una jornada de trabajo flexible o negocian trabajar menos por un tiempo, pero en nuestra cultura eso aún resulta difícil. Pareciera que esta alternativa representa una buena solución intermedia para muchas madres, a quienes les gusta mucho su trabajo, pero sienten que les resulta muy importante estar cerca de los detalles que implican la crianza de sus hijos.

Como vemos hay distintas alternativas, es necesario ir descubriendo poco a poco cual será la solución para cada una de nosotras, la cual varía según nuestras condiciones existenciales, características de personalidad, propia historia, el momento que estemos viviendo y si se trata del primer hijo o alguno de los siguientes, entre otros factores.

Este es un acomodo muy personal, que seguirá cargado de cuestionamientos, culpas y ambivalencias y aceptarlo puede ser muy aliviador. Aquí no hay recetas ni normas, es una cuestión muy particular, cada mujer tiene su proceso y eso debe ser respetado.

La maternidad es difícil y compleja, y la conciliación trabajo profesión debe ser entendida como un proceso íntimo y social. Tenemos que seguir insistiendo en aceptar nuestras limitaciones.

En el discurso colectivo aún se idealiza la maternidad, pero debemos tener presente que NO SOMOS PERFECTAS, hacemos lo que podemos con los recursos psicológicos que disponemos. Nuestros hijos también tendrán que hacerse cargo de sus imperfecciones, pero para ello requieren de una madre que tenga incorporado este aspecto humano.


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