Tres mujeres chilenas buscan promover la adopción de niños haitianos

El terremoto de 2010 las motivó a crear una fundación que busca que familias chilenas integren a menores que voluntariamente han sido cedidos por sus padres. En octubre inauguraron una casa ubicada en uno de los mejores barrios de Puerto Príncipe y que acoge -hasta ahora- a diez niños que esperan poder crecer en Chile.

Por Pilar Lagos, Emol
Vi. 04 de febrero de 2011, 17:33
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Fundación Familias Multicolor

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Las tres directoras de la fundación junto a la administradora.

Las tres directoras de la fundación junto a la administradora.

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Más de 230.000 personas perdieron su vida debido al terremoto que devastó Haití en enero de 2010. Muchos niños murieron dentro de los orfanatos, mientras otros perdieron a sus padres quedando huérfanos.

En 2009, antes del terremoto, 330 niños fueron adoptados por familias estadounidenses. En Chile, solamente tres niños haitianos han sido adoptados, tres están en el proceso y cinco familias que ya han sido declaradas idóneas están a la espera.

Mientras tanto, en diciembre de 2010, el Presidente Obama firmó un proyecto de ley denominado "Help Haiti Act 2010" con el fin de ayudar a que los niños haitianos sean adoptados e integrados inmediatamente al marco legal americano. Esta nueva ley debería de beneficiar a más de 1.000 huérfanos haitianos que se encuentran en territorio estadounidense.

En Francia, 318 niños haitianos fueron adoptados por ciudadanos franceses que llegaron a París el 22 de diciembre de 2010. Un millar de niños recibieron el permiso de adopción en Francia luego del terremoto.

En cambio, en Chile, sólo se puede adoptar mediante el Servicio Nacional de Menores (Sename) o a través de los cuatro organismos acreditados: Fundación San José para la Adopción, Fundación  Mi Casa, Fundación Chilena de Adopción, y el Instituto Colonia y Campamentos, conocido como Quinta de Tilcoco.

En Estados Unidos y Francia se han preocupado por tomar medidas masivas para ayudar a los haitianos, mientras que en Chile, tres mujeres tomaron la iniciativa de comenzar una fundación luego del terremoto en Haití. "Los niños en Haití se están muriendo de hambre lo cual prevalece para querer promover la adopción es ese país", dice Rosemary Donoso, una de las directoras de la Fundación Familias Multicolor. "Siempre nos motivó seguir ayudando a los niños, y después del terremoto ya era imperioso", agrega.

Bárbara Viogoroux , también directora de la fundación siempre había soñado con ser madre adoptiva, y así fue como se convirtió en la mamá de Amélie, una niña haitiana. Rosemary Donoso también tenía un vínculo fuerte con Haití. En 2006, adoptó a Valentina, quien ahora tiene cuatro años. Después de esa experiencia su vida cambió por completo.

"Es muy difícil desligarte de Haití después de que tú has estado allá", dice con convicción. "Cuando llegué (a Chile) era como la loca que hablaba de Haití, la loca que hablaba de la pobreza y la que le decía a la gente que me ayudara", agrega Donoso. "Ahora, somos más locas", dice riéndose Valeska Beovic, la única soltera de las tres directoras de la fundación.

A Valeska también le gustaría adoptar "cuando quiera ser mamá". En su Blackberry, la fotografía de pantalla de fondo es de una niña pequeña haitiana en sus brazos.

Las tres mujeres comenzaron a dedicarle tiempo completo a la Fundación tras el terremoto, aunque cada una tiene un trabajo aparte. En octubre de 2010, 10 personas viajaron desde Santiago a Puerto Príncipe con 19 maletas de sobre equipaje. El motivo: la inauguración de la casa donde ahora viven 10 niños haitianos. "Lo único que pedimos es que nos tuvieran la casa pintada en blanco", cuenta Rosemary.


Ellas se encargaron de decorar, pintar las paredes, de llevar las cunas nuevas,  la ropa, los pañales y hasta el cóctel con el que brindaron lo llevaron desde Chile. Incluso, el refrigerador fue comprado en Chile.

Hasta el momento, hay niños que han llegado con tres días de vida y algunos tienen hasta tres años. "Todos los niños han sido cedidos voluntariamente por los padres", dice Valeska Beovic. "Los niños que están allí son de tránsito, no es para que vayan creciendo y creciendo en el hogar. Se trata de enlazarlos al tiro con una familia chilena que sean idóneos para adoptar", agrega Beovic. "Mientras tengamos los recursos para mantenerlos a todos, los vamos a acoger a todos", agrega por su parte Donoso.

Cómo adoptar niños haitianos

La ley establece que para que las personas puedan adoptar tienen que ser idóneos para la adopción. Esto se puede hacer a través del Servicio Nacional de Menores (Sename), o por un organismo acreditado. En Chile, Fundación  Mi Casa, establecida en 1947, tiene una alianza estratégica con Fundación Familias Multicolor. "Llegamos a un acuerdo para recibir a las personas y hacerles el proceso de idoneidad", cuenta Denissa Donaire, jefa del programa de adopción de la Fundación Mi Casa.

Cuando una pareja o una persona soltera busca adoptar a un niño o niña haitiana, lo primero que tiene que hacer es acercarse a la Fundación Familias Multicolor. De ahí serán derivados a la Fundación Mi Casa donde se encargarán de hacer una evaluación para ver si los postulantes son competentes.

"Hay hartos elementos que tomamos en cuenta porque la ley establece que hay que hacer una evaluación psicológica del grupo familiar, evaluar sus motivaciones, saber por qué quieren adoptar. Se ven características de personalidad para ver si son competentes para poder adoptar", explica Donaire.

Las familias tienen que acudir a varias entrevistas con el trabajador social y una vez que la Fundación Mi Casa aprueba la idoneidad de la familia, la Fundación Familias Multicolor se encarga de hacer el contacto con los abogados en Haití para poder enlazar a un niño con una familia. "Todo ad honorem", cuenta Donoso.

El último trámite es la emisión del pasaporte del niño, para poder entrar a Chile con su familia nueva quien viaja hasta Haití para recoger a su hijo recién adoptado.

"Nosotros colaboramos en ese proceso con la idea que las personas que van a Haití sean idóneas. En el fondo, que no vaya cualquier persona", dice Donaire. "Por mucho que sea la precariedad, no vas a exponer a un niño a un mal peor", agrega Donoso. Es decir, no es como esos orfanatos donde los niños se escogen prácticamente por catálogo, pagan entre US$10 mil a US$12 mil y lo dejan en la puerta de la casa de la familia adoptiva.

La casa de los chilenos en Puerto Príncipe

Está a una cuadra de la residencia del embajador de Chile, "en un súper buen barrio" de la capital de Haití, cuenta Rosemary Donoso. Hay una administradora local, y cinco personas más entre auxiliares y nanas. El número del personal irá aumentando a medida que vayan llegando más niños.

Hasta el 30 de diciembre de 2010, todo salió del bolsillo de las fundadoras. A las personas más cercanas también les pedían donaciones e incluso las compañías donde trabajan en algún momento apoyaron esta noble causa. "De repente nos apoyan con alguna visita médica semanal a los niños, hacen control sano", cuenta Donoso.

"Casi todo lo mandamos de acá. Nos donan pañales, mamaderas, leche, pediatras que nos donan muestras médicas de leche y todo lo enviamos para allá. El 21 enero nos fuimos con la Bárbara con casi 300 kilos", agrega Donoso. Incluso, en los vuelos de relevo de las Fuerzas Armadas de Chile les han ayudado a llevar carga.

"Es como que estés en la casa", dice Valeska Beovic"”Nos hemos preocupado demasiado de la calidad, como si fuera la pieza de tu hijo aquí en Chile. Es como que si nos hubiesen exigido un estándar de calidad VIP con la diferencia que nosotras establecimos el estándar. Es como estar en Miami, y cuando sales, estás de regreso en Haití",  agrega Rosemary Donoso.

Los niños se levantan a las 06:00, desayunan, quedan mudados, ven televisión motivacional, toman la siesta, luego almuerzan. A las 20:00 toman el baño y se duermen. En su última visita en enero, tuvieron que corregir varios detalles como la forma de acostarlos, pero son cosas que más bien son propias de la cultura haitiana.

En Puerto Príncipe la conocen como la casa de los chilenos e incluso los japoneses sacaban fotos porque no podían creer que había una casa de dicha índole en la capital haitiana.