
Héctor Yáñez, El Mercurio.
SANTIAGO.- Mientras algunas parejas parecen llevar una relación razonablemente feliz, apoyados por la tolerancia y, sobre todo, el ánimo de seguir pasándolo bien en el matrimonio, otras no encuentran otra salida que separarse. En medio de estos dos tipos de enlaces, existe uno en que ambos miembros simplemente viven en un limbo en el que las cosas no son tan malas como para el divorcio, pero ciertamente, no son felices.
Para describir a estas parejas es que la historiadora, Pamela Haag, escribió el libro “Marriage Confidential”, un texto que está dando mucho de qué hablar en Estados Unidos, desde su publicación en mayo.
Su investigación incluyó la encuesta a dos mil parejas y su propio caso, e incluso, con su marido se crearon identidades falsas para entrar a sitios web de infieles, y así conocer la forma en que funciona la “nueva monogamia”, en que matrimonios del siglo XXI parecen ser más abiertos a la infidelidad para conservar así la honestidad.
Junto a su trabajo, la autora decidió lanzar una serie de conceptos que vienen a rebautizar los roles que la pareja cumple en la relación. Es por esto que el subtítulo del libro lleva los curiosos términos: “La era post romántica de esposas-caballos de batalla, niños de la realeza, cónyuges con baja libido y parejas rebeldes”.
“‘Post romántica’ se refiere a todas las formas en que el matrimonio ha cambiado desde los románticos buenos días de los últimos 50 años. Nuestras expectativas han cambiado”, señaló Haag al The Huffington Post, agregando que hoy hay parejas que buscan la estabilidad por sobre su felicidad, así que ser “semi felices” es suficiente para su relación. “Estos matrimonios con pocos conflictos pero semi felices, a diferencia de los de altos conflictos, representan la mayoría de los divorcios cada año”, señaló.
En la entrevista profundizó acerca de los “niños de la realeza”, que son nada menos que los hijos de cada matrimonio, quienes indirectamente estarían siendo uno de los factores principales que están deteriorando la calidad de las relaciones de pareja, ya que se han convertido en “el nuevo cónyuge”. “Paradójicamente, de alguna manera, los niños son menos importantes en el matrimonio que antes, ya que hay más matrimonios sin hijos. Pero una vez que los esposos deciden tenerlos, pueden fácilmente convertirse en el punto focal de todo el matrimonio”, comentó Haag.
Para cambiar esta situación, la autora apuesta por traer de vuelta la antigua usanza de tener una “mesa de los niños”, esa que se ponía a parte de la del comedor, en la que los hermanos, a veces acompañados de primos y amigos, almorzaban juntos, dejándoles espacio y algo de privacidad a los adultos. Esto sería una opción diferente al estilo que Haag cree que impera hoy en día entre los padres, de mucho apego y vigilándolo todo. “Esto podría estar dañando nuestros matrimonios más de lo que está ayudando a nuestros hijos (...) Así que parte de la reconciliación entre la paternidad y el matrimonio es a veces ser despreocupado con la paternidad a veces”.
Con todo, Haag admitió tener optimismo acerca del matrimonio como institución. “No creo que se esté volviendo obsoleto, ni creo que vaya a sobrevivir su forma tradicional. Lo que creo es que se está en una fase de intercambio de ideas, probando cosas, para ver qué es lo que funcionará en el siglo XXI”, concluyó.
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