Eduardo de la Iglesia: El anti-macabeo pero enamorado hombre del tiempo

Apenas empezó a pololear, supo que estaba frente a la mujer de su vida. Este romántico hombre del tiempo de Canal 13 nos cuenta cómo mantiene sana su relación, por más que deba levantarse a las 4.30 am, e indica cómo sentirse enamorado, pero no sometido. “Chile está lleno de macabeos. Hay pocazo pantalón y, por lo mismo, empiezan con la chiva, con la mentirita, la trampa”, asegura.

Por Ángela Tapia F., Emol
Mi. 27 de julio de 2011, 08:00
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Jorge Sepúlveda, El Mercurio.

Jorge Sepúlveda, El Mercurio.

Durante toda su vida de estudiante sufrió con levantarse temprano, llegaba atrasado y, más adelante, su “vida intensa” -como llama a sus fiestas, asados, amigos y amigas, la buena vida y la poca vergüenza- tampoco ayudaron a que Eduardo de la Iglesia (30) mejorara sus hábitos del sueño. Sin embargo, sagradamente, hoy se levanta a las 4 y media de la mañana, de lunes a viernes, y poco le queda del ritmo jaranero de hace unos años atrás. Y en este cambio de switch, la mujer de su vida fue fundamental.

El hombre del tiempo de Canal 13 lleva 9 meses casado con Pamela Ibarra (27) y dice que aún se siente como en la luna de miel. Se conocieron cuando De la Iglesia animaba una discoteque en Reñaca y ella fue al balneario en sus vacaciones universitarias de invierno. Cinco años después se reencontraron, solo que él se encontraba esta vez “sin pega, barbón, chascón y tirado en un departamento”.

Con todo, no se achicó. “La invité a tomar tecito, como para hacer algo. Fuimos al almacén a comprar las cosas y tuve que pedir dos láminas de queso, dos torrejas de jamón y sería. Ahí estaba yo, ratoneando. Pero ella encontraba súper tierno que comprara todo justito. Olvídate de invitarla a salir, ninguna cuestión. Era bien pobre. Durante 8 meses, nunca le quise pedir pololeo. Decía ‘para qué si en verdad no tengo nada que ofrecer’, hasta que encontré pega en el canal. Cuando le pedí pololeo caché al tiro que me iba a casar con la flaca. Ella era sí o sí”, recuerda este viñamarino, quien pololeó 3 años antes de pedir matrimonio.

Como todo hombre del tiempo, a veces sufre mucho. Sus amigos lo tienen como número frecuente para consultar el clima que habrá en posibles días de asados y viajes, y cuando dice que lloverá en televisión, recomendando a la gente salir con paraguas, si finalmente no caen chubascos, más de algún garabato le escriben en Twitter. Pero él no se queja, porque le encanta su trabajo. Más aún desde que se quedó “con todo el rancho”, como dice, que dejó Eduardo Fuentes con su partida del canal. Así que ahora también anima el “3x3”, dándole más opciones de animación.

Pero todo tiene un costo, y el de Eduardo es levantarse de madrugada, llegar a su casa solo en la tarde -donde toma una siesta generosa de 2 horas- y poder compartir con su esposa solo cuando ella llega del trabajo, hasta que el sueño lo atrapa a las 22.

-¿Cómo aprovechan ese tiempo?
“Hacemos  de nuestra vida un chiste eterno. Nos gusta ver cualquier tontera y matarnos de la risa. Somos bien caseros, la verdad. Cuando ella llega es el mejor momento del día”.

-Dices que apenas le pediste pololeo, supiste que te ibas a casar con ella. ¿Fue como en las películas?
“Sí, es verdad lo que muestran las películas. Yo me di cuenta al tiro. Había salido tanto tiempo con ella que dije ‘mejor le pido pololeo. Estoy puro perdiendo el tiempo. Va a venir otro compadre y me la va a levantar de pavo. Ella es espectacular y me encanta, así que ¡vamos!’, y  le pedí pololeo. Estaba enamorado hasta las patas y sabía que me iba a casar con la flaca. Pensaba: ‘que pase un tiempito y le voy a tirar un anillo sí o sí’. Así que salió de la u, hizo su práctica, se puso a trabajar y le tiré el anillo”.

-¿Tus amigos te cuestionaron la decisión?
“Me dijeron: ‘¿Estás seguro?’. Como Charlie Sheen que le dice al hermano, en ‘Two and a half men’, ‘forever... Forever...’. Pero tengo varios amigos más que ya entraron al club, poco a poco han caído. Como que se contagian. Dicen: ‘Bueno, si todos mis amigos se están casando, voy a asegurar el chancho’”.

-¿Ella te alega por tu horario?
“No, aunque sí o sí la despierto a las 4 y media todas las mañanas, porque salto de la cama, me ducho, me afeito, prendo la luz, apago la luz. Sé que sufre, pero no me lo demuestra con rabia. Los dos sabemos que es un sacrificio que estamos haciendo y que es temporal. Todos mis esfuerzos y sueños tienen que ver con ella y sé que ella también sueña mucho en base a nosotros, por eso estamos súper compenetrados. El único problema de levantarme temprano es que eso significa que a las 9 estoy reventado, y si no he podido dormir una buena siesta, no estoy fresco y ando mal genio”.

-Cuando hablas de la “vida intensa” que tenías, ¿a qué te refieres exactamente?
“A hacer lo que uno quiere sin importarle mucho las consecuencias. Tener poca culpa de lo que se hace, la poca vergüenza; mucha parrilla, muchos amigos, muchas amigas, pasarlo bien, nada fuera de lo común. Sabía que la vida venía por otro lado. Nunca he chocado copeteado, nunca me han llevado en cana, ni me he drogado”.

-¿Cómo hiciste el cambio de switch? Hoy, a los 30 años ya eres un hombre casado, con horarios, responsable.
“Yo sentía que estaba disfrutando la vida, pero era como un recreo. Siempre supe lo que quería, así que empecé a trabajar súper joven -entré a la tele cuando tenía 18 años (en varios programas de UCVTV, como ‘Pipiripao’)- y vi las cosas distintas, empecé a madurar. Sabía que después del recreo iba a encontrar a alguien para formar mi proyecto que siempre soñé, de armar una familia, y que ahí las cosas iban a cambiar. Así que cuando la encontré, todo se empezó a armar, todo cuadró. Dije ‘esto es lo que quiero. Así que menos vuelta, menos cucharada y a la papa’. Sé que otros hombres corren en ese minuto”.

-¿Qué le dirías a esos hombres que viven en el eterno recreo?
“Que cuando vayan a tomar una decisión como formar una familia, tienen que estar 100% seguros. No tiene que haber un mínimo de duda de que la flaca es la flaca y que ésa es la vida que quieren llevar, con todo lo que conlleva. Si no, no vale la pena y lo único que causan es daño. A mí me llegó el llamado de la selva y pa’ dentro, a los cuarteles. Pero hay gallos que tal vez quieren seguir jodiendo y para qué van a obligarlo si no está tan seguro de formalizar algo. Al final va a ser un infeliz, va a hacer infeliz a su flaca, va a ser un gallo trancado, aburrido, va a andar haciendo la trampa por fuera. No vale la pena.
Yo diría que vivan hasta que se cansen de la cuestión y ahí piensen en algo más”.

-Más de alguno, capaz que no se canse nunca...
“Hay pajaritos que tienen que vivir libres (ríe). Para qué reprimirlos. Las mujeres me lo van a agradecer. Porque pueden decir ‘pucha, quiero que mi pololo se ponga los pantalones y formalice’, y no se dan cuenta del daño que se están haciendo ellas mismas. No hay nada peor que estar atado a un lugar y el matrimonio no es una atadura, es una opción que a mí me funciona. A otro capaz que lo haga pedazos”.

-¿Es cierto que los hombres casados empiezan a discriminar a los amigos solteros, que hacen grupo con los de su mismo estado civil?
“Creo que eso pasa cuando la señora es media brujilda y empieza a coartar a esos amigos. ‘¡Cómo vas  salir con él si es soltero! ¿Y adónde fueron? Ah, pero estaba lleno de minas’. Te ponen mala cara y como somos medios macabeos, se empieza a generar una discriminación. Los chilenos somos muy macabeos. Hay harto hombre sometido en Chile, pocazo pantalón y, por lo mismo, empiezan con la chiva, con la mentirita, la trampa”.

-¿A ti te hacen problemas por salir con tus amigos?
“La buena onda es que mis amigos solteros son prendidos y simpáticos, entonces, se ganaron a la flaca y tienen puerta abierta en la casa, ahí está el truco. Además, soy bien respetuoso y trato de no abusar. Imagínate que vengo llegando de Mendoza. Nos fuimos cinco días, quince amigos, puros hombres, a la Copa América. Es que son cosas que tienes que hacer solo. Hay que guardar esos espacios; mantener a los amigos que también son una plantita que hay que regar, como el matrimonio. Hay que verlos, juntarse, hacer cosas solo y que no te estén paqueando por eso.
Tiene que haber respeto por los espacios. Nosotros estamos sin hijos todavía, pero cada uno guarda su propio mundo. Si ella quiere hacer algo, lo puede hacer y yo también. Hay harta confianza. Mientras no quebremos ninguna regla básica, está todo bien. Hay que saber que hay un respeto que hay que cuidar, sino para qué te comprometes...”.

-¿Qué le dirías a la mujer chilena desconfiada?
“Chiquillas, denle un poco de rienda a los hombres. Si están contentos con lo que tienen en la casa, no va a andar buscando por fuera. Si tienen todas sus necesidades indoor cubiertas, cuando salgan van a andar tranquilos. Si al final lo que uno hace con los amigos es hablar puras pelotudeces. Uno no anda haciendo nada fuera de lo común, solo comparte con los amigos, con la manada”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Me gusta escuchar canciones cebolla. Me pones una radio AM y las canto todas. Escucho Nino Bravo, José Luis Rodríguez, (José Luis) Perales, Julio Iglesias, un maestro; Raphael, un grande... Ahí mi señora sufre harto (canta ‘Como yo te amo...’). Me gusta Myriam Hernández, mi compadre Lucho Jara. La música cebolla me genera cosas y tengo mucha facilidad para aprendérmelas. Las escucho una vez y me quedan para siempre en el disco duro, de principio a fin, ‘de punta a punta’, como diría El Puma”.




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