Moda indígena inspira pasarelas en México

Por Adriana Gómez, AP
Ju. 24 de noviembre de 2011, 08:57
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Diseño Lydia Lavin

Diseño Lydia Lavin


MEXICO (AP) — Las prendas mostradas en las pasarelas durante una reciente exhibición de modas no sólo constituyeron las creaciones más recientes de diseños mexicanos para cientos de espectadores.


Las túnicas ombligueras y blusas de seda adornadas con estampados que parecían jeroglíficos evocaron lo que podría haber sido la tendencia de la alta costura en la antigüedad en el país.


Las diseñadoras mexicanas, en número cada vez mayor, han creado prendas que dan a la tradición un giro contemporáneo después de que se inspiraran en las de estilo precolombino que algunas personalidades lucieron durante los festejos por el bicentenario de la independencia en 2010.


Durante siglos, las túnicas largas y sueltas, con estampados coloridos de aves, flores y patrones geométricos han identificado el origen y la condición marital de las mujeres indígenas en México y América Central.


Los llamados huipiles —un tipo de túnica— se fabrican ahora con telas exógenas como la seda en lugar del algodón y la lana.


Durante generaciones, las mujeres han utilizado esta prenda acompañada de encajes de tejido fino. Las modistas agregaron atractivo visual: vestidos con escote y ombligueras que están a la venta en diversas casas de moda en México.


Como sea, los nuevos diseños representan el resurgimiento de estilos tradicionales que comienzan a desaparecer en las zonas pobres de México, donde generaciones de jóvenes han abandonado sus hogares y sus costumbres.


La diseñadora Lydia Lavin dijo que el resurgimiento de estos estilos comenzó en 2010 debido a que políticos, artistas y otros figuras públicas utilizaron ropa inspirada en prendas indígenas durante las festividades del bicentenario, que tuvieron un costo de 40 millones de dólares.


“Empezamos a ver como la gente empieza a revalorar el trabajo indígena”, dijo otra diseñadora, Paulina Fosado. “Si tu te ponías algo antes indígena de repente te veían un poco como por que te pones eso”.


En su más reciente muestra, Fosado y su hermana gemela, Malinali, presentaron un vestido de coctel color durazno con bordados de flores rosas y naranja, mangas hechas con gasa de seda y un escote que llegaba poco arriba del ombligo.


Otra modelo exhibió un vestido violeta abultado y un chal con cuentas en la orilla que estaba cocido en la prenda. Algunos vestidos mostraban la espalda hasta abajo y otras prendas estaban tejidas a mano con hilo de algodón y lana que contenían bordados geométricos de aves, hojas y flores.


Paulina Fosado dijo que ella y su hermana utilizaron textiles pesados con telas más ligeras y suaves a fin de crear “vestidos con bastante movimiento”.


Las Fosado tienen como objetivo convertir el estilo en un símbolo de la identidad nacional que sea internacionalmente reconocido, tal como lo es el kimono de Japón o el sari de India. Ana Paula Fuentes, directora del Museo de Textiles de Oaxaca, dijo que numerosas aspirantes a modistas han venido a su institución para ofrecerse como voluntarias mientras aprenden la confección de la ropa tradicional.


“Muchas chavas (mujeres jóvenes) que quieren venir a aprender a hacer bordados. No es de la noche a la mañana”, apuntó. Fuentes expresó que durante siglos, la técnica es legada entre las mujeres indígenas en el sur de México y América Central.


En ambas partes las mujeres aprenden desde niñas la utilización del telar de cintura, en el que las tejedoras se afianzan un tablero en la cintura y colocan a mano hilos de algodón entre las fibras.


Sin embargo, el México rural comenzó a cambiar en la década de 1950, y la producción agrícola descendió en los campos al tiempo que se construían carreteras y se conectaba a otrora localidades aisladas con las ciudades principales.


En lugar de fabricar la ropa para su uso diario, los artesanos comenzaron a exhibir sus trabajos en ferias locales y a venderlas a los turistas. Algunos dejaron de enseñar a sus hijos cómo fabricar textiles y muchos dejaron de llevar puestas las prendas tradicionales para que no los miraran en las ciudades como personas raras cuando salieran de sus poblados.


En muchos lugares, apenas una familia o una persona en un poblado recuerda cómo se teje un huipil, expresó Fuentes. “Muchas tejedoras nunca jamas quisieron heredar este conocimiento o compartirlo con otros pueblos.


Ellas mismas se fueron a la otra vida con ese conocimiento en su cabeza”, agregó. Ahora, la artesanía detrás de esas prendas se ha convertido en un producto preciado a medida que las modistas contemporáneas la utilizan liberalmente en las prendas de su creación.


A menudo cortan los bordados originales o los cosen en seda para hacer que las prendas indígenas gruesas sean más fáciles de usar y se ajusten más al contorno del cuerpo. “Nosotras no podemos diseñar antes de tener el textil”, dijo Fosado. “Nosotros somos los que nos tenemos que adaptar a ellos”.


Según Fuentes, algunas diseñadoras evitan alterar las prendas indígenas y arguyen que algunos de los diseños deben permanecer como propiedad intelectual de los poblados de los que provienen. Ana Echeverry, experta en cultura popular en el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, dijo que los diseños modernos deberían ser tejidos manualmente a la usanza tradicional.


“Lo que queremos es que no se vaya a traducir en una traición cultural. En tratar de innovar el diseño”, dijo. “No solo debe ser algo estético, las diseñadoras tiene que tomar en cuenta todo lo que hay detrás.” En la colonia (barrio) Condesa, un sector atractivo en la capital mexicana, la diseñadora Carmen Rion exhibe blusas, vestidos y chales totalmente tejidos y a los que casi no hace alteraciones.


Rion dijo que ella nunca corta la tela tejida de algodón por respeto a la forma de los diseños indígenas originales que fabrican 40 artesanos del estado sureño de Chiapas. “Me parece que es el trabajo mas importante que hay que rescatar en México”, agregó.


 “Muy poca gente esta con un concepto solido.” De las modistas contemporáneas, Rion dijo que “muy poca gente está con un concepto solido”.


La mayoría altera completamente los textiles y corta los bordados originales para ponerlos en telas importadas, dijo. Algunas copian los diseños autóctonos de los artesanos y encargan que se los fabriquen en China.


La diseñadora Lavin, de 58 años y que vive en la Ciudad de México, dijo que tiene acuerdos con artesanos de cinco localidades distintas. En la década de 1980, Lavin recorrió el sur de México para documentar y rescatar las tradiciones textiles.


Algunos de los diseños de la colección más reciente de Lavin parecen como si Frida Kahlo, la famosa pintora surrealista, los hubiera llevado a la pasarela con modelos que lucieron blusas de encaje de algodón, que incluía joyería brillante decorada con motivos indígenas y peinados alto. En sus creaciones nuevas, Lavin exhibe vestidos púrpuras y verdes fabricados principalmente con seda, pero mezcladas con fragmentos de chales tradicionales y otros textiles.


Lavin dijo que su inmersión en la moda indígena comenzó durante las celebraciones del bicentenario, cuando le encargaron que diseñara vestidos para las esposas de media decena de diplomáticos. En esas prendas incorporó elementos tradicionales. Incluso después de las celebraciones, dijo, este movimiento de la moda ha adquirido mayor fuerza.


“Mis clientas sí son gente joven. Yo estaba mas perfilada a una mujer como mayor. Mucha gente como tú, joven, está conectada con México”. Marina Palacios, de 49 años y tejedora en San Pedro Iztatlán, Oaxaca, viajó en fecha reciente a la Ciudad de México para asistir a la muestra de modas de las gemelas Fosado como parte de una conferencia para enseñar a los artesanos a vender mejor su trabajo.


Durante su estadía en la capital, Palacios intentó vender algunos de los vestidos que fabrica desde que tenía 10 años. Palacios dijo que a menudo tarda una semana para confeccionar un vestido que vende en un equivalente a 37 dólares. Los vestidos de las Fosado, en cambio, oscilan en un equivalente a entre 740 y 1.100 dólares. “A veces no se vende la prenda en su precio justo”, dijo Palacios.“La gente ya no quiere hacerlas. No salen las cuentas”.


Palacios se veía animada mientras observaba un vestido de Fosado en la pasarela. Fosado y su tejedora socia aplaudían y sonreían durante el desfile de los diseños“Que bonito.” . “Qué bonito”, dijo Palacios. “Ojalá que realmente dieran trabajo a los indígenas”.