Las motivaciones que urgen a algunas mujeres a tener un hijo

Poco importa si tienen pareja o no, sus carnets cuentan más de treinta años, fueron a la universidad y poseen una situación económica estable, pero no se sienten plenas: quieren un niño.

Valeria Barahona
Sa. 28 de enero de 2012, 07:00
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María Ignacia Concha, El Mercurio.

María Ignacia Concha, El Mercurio.


"Hola, soy soltera y profesional. No busco ninguna relación, sino que mi mayor anhelo es ser madre, por eso necesito a un hombre equilibrado, sano, medianamente atractivo (...), en completa libertad de decidir si quiere ser padre o donante solidario. Escribe y lo conversamos", dice el post de Mary en Adoos.cl, un sitio dedicado a los avisos clasificados.


Mary es la imagen visible de la urgencia de muchas mujeres que, pasados los 35 años, no tienen hijos y observan aterradas cómo su reloj biológico corre a la detención. Ahí comienza la angustia por quedar embarazadas, lo que puede acarrear medidas como este aviso en Internet, la solicitud de colaboración a un amigo o la compra de semen a un banco clínico.


La soledad ha sido considerada una de las razones más habituales tras esa urgencia por ser madres. Así lo confirma la psicóloga Susana Reyes quien da diversas razones para este estado de orfandad, ya sea que la familia no es lo suficientemente acogedora con ellas, o los padres fueron muy violentos durante la infancia. Agrega que a esto se suman las malas experiencias en relaciones sentimentales, motivo que les impide crear un lazo lo suficientemente fuerte con otra persona como para engendrar un nuevo ser.


Ha agudizado el fenómeno el hecho de que las jóvenes postergar la maternidad por un "mejor yo posible", es decir, un perfeccionamiento profesional extendido. Y cuando ello alcanza un tope, las mujeres sienten que dejaron algo pendiente y creen que el amor puro e incondicional de un niño cambiará las cosas. Reyes lo grafica: "Es como la canción de Mecano 'Hijo de la luna', donde la luna se sentía sola y quería alguien que la acompañara, además que ¿quién te va a querer más que tu hijo?".


Junto a estas profesionales, están las mujeres que no fueron madres en la misma época que sus amigas y por esto se sienten incómodas en cada reunión donde los temas a hablar son pañales, postulaciones a los colegios y las novedosas formas en que los pequeños descubren el mundo.


Ahí es donde se produce la fractura emocional: ¿Por qué yo no? se preguntan cuando ven a una amiga que se va de carrete y queda embarazada o sabe de adolescentes madres solteras. Según explica la psicóloga caen en un cuadro depresivo producto de la culpa y "entonces se ponen muy ansiosas, al punto que esto inclusive puede transformarse en un problema de fertilidad".


Muchas también se sienten frustradas porque estando en pareja no han podido ser madres y además, sus maridos las han obligado a dejar su vida profesional. En esa situación, la idea de trascender se les hace presente. "Es como la frase 'tener un hijo, plantar un árbol, y escribir un libro' y el hijo es lo más fácil y no lo pueden hacer, entonces ahí comienza el tema de la ansiedad", puntualiza Susana Reyes.


Esta demanda puede generar problemas en la pareja porque a veces hay un tema económico de por medio, o de metas personales y los hombres, como no tienen tan internalizada la idea de la maternidad, están menos preparados, como explica la psicóloga Jimena Otero. Agrega que muchas veces los hombres ni siquiera se dan cuenta de las señales urgentes que les envían sus parejas.


El deseo de quedar embarazada es un asunto delicado a nivel de las emociones: "Que una mujer esté intentándolo y no logre resultados -o esta opción le sea negada por quien juró amarla toda la vida-, lo percibe como un desprecio de la naturaleza, porque su cuerpo está diseñado para esa función", sostiene la psicóloga Reyes.


Más allá de las razones por las que no se han convertido en madre, llegada la hora se les presenta el conflicto de con quién procrear. Susana Reyes afirma que muchas se "meten" pronto con un amigo; otras, estando emparejadas, pueden embarazarse de otro y transferir la paternidad, cosa que era más fácil cuando no existían los exámenes de ADN.


Sobre la posibilidad de recurrir a bancos de semen y proceder con una fertilización asistida, Jimena Otero asegura que estas situación es bien escasa "debido al tabú que todavía existe en Chile al contrario de lo que pasa en Estados Unidos o Europa".