Consejos para criar a niños difíciles y desafiantes

Lo principal es escuchar y comprender qué hay detrás de esas actitudes.

Por Francisca Vargas V.
Lu. 20 de febrero de 2012, 08:37
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Alfredo Cáceres

Alfredo Cáceres

No se trata solo de una pataleta esporádica, sino que arman un berrinche cuando algo nos les parece y se enojan fácilmente. Siempre están probando hasta dónde pueden llegar con sus padres.

¿Cuál es el origen de ese comportamiento extremo? Carolina Inestrosa, psicóloga de la Universidad Católica y de la Clínica Lauquen afirma que la crianza y el ambiente en que crezca un niño, donde debieran estar cubiertas todas sus necesidad básicas, definirá su destino independiente si su temperamento es complicado o no.

"Al año y medio, a los dos, los niños comienzan a tener poder y te prueban. Es en ese momento cuando tienes que enseñarle, con mucho cariño, quién manda y ese gesto marcará toda su vida", explica.

No se trata de ser autoritarios, afirma, pero sí que ellos aprendan que existe una autoridad y un modo de relación, una estructura con límites y bien definidos para que no haya confusión. Si eso no existe, asegura la experta, los niños se angustiarán y creerán que el mundo gira alrededor de ellos y que pueden conseguir todo lo que quieran. Creencias que cuando más grande les pueden causar algún daño.

"Si te pega porque está jugando, no lo puedes dejar pasar. La primera vez te ríes, pero la segunda lo paras y le dices que no se hace. Hay que mostrarles desde chiquititos cómo es el mundo, ya que los papás son los principales socializadores, el colegio después te ayuda, pero tienes que ir mostrándole lo que está bien y lo que está mal, para que vaya desarrollando sus valores", afirma Carolina Inestrosa.

La psicóloga agrega que son importantes los hábitos y las rutinas. Un horario para comer, dormir y jugar, sobre todo en los pequeños inquietos, donde por ejemplo, cenar en familia, sentados alrededor de la mesa, debiera ser un hábito que después podrán extrapolar en la sala de clases. "Hay niños que comen parados y después no se sientan en el colegio", ilustra.

La especialista enfatiza que una buena crianza debe estar basada en la comunicación, y en la proyección de papá y mamá sobre cómo quieren ver a sus hijos en 10 años más, siendo conscientes de que su responsabilidad es educarlos de la mejor forma.

"Hubo una generación de padres muy autoritarios y ahora esos hijos están llegando al punto de ser negligentes como papás, porque están dejando en total libertad a sus hijos ya que malentendieron el sentido de los límites", cuenta Carolina Inestrosa.

Por lo tanto, para hacerlo bien -indica- hay que explicarles con calma los por qué sí y los por qué no todo el tiempo, y lo más importante es que ambos padres estén de acuerdo con esos argumentos y determinaciones. Si hay vacilación o contradicciones, la figura de autoridad decae y el rol parental se diluye.

En la adolescencia

"Déle a su hijo todo lo que pida. Ríase cuando su hijo diga malas palabras. Jamás oriente a su hijo en el área espiritual. No reprenda y no discipline a su hijo por su mal comportamiento. Recoja todo lo que su hijo desordena. Permítale ver cualquier programa en la televisión. Traten de pelearse delante de sus hijos y dé a su hijo todo el dinero que pida", son las sentenciosas reglas que circulan en internet para criar hijos "delincuentes" según un policía de Houston, Texas.

La descripción es extrema pero marca lo que puede suceder cuando la crianza desde la primera infancia no ha sido la adecuada.

Mariana González Bruna migonzab@uc.cl, psicóloga infanto juvenil, asegura que los niños en sí mismos no son difíciles, violentos, rebeldes o discutidores, y apoya la tesis de que cómo sean, dependerá en gran parte de la crianza que reciban.

Asimismo, plantea que no sirven papás cariños si son muy estrictos y que no dialogan con sus hijos. "Ellos necesitan que los validen, escuchen y se les converse sobre las razones que existen para colocar tal o cual norma y límite. De esa forma, van adquirieron habilidades sociales, desarrollando su razonamiento, pero también tendrán claro cuáles son los riesgos de desplazar esas reglas", explica.

Esas normas o restricciones -aclara- son sinónimos de cuidado y protección, y los hijos deben tomarlas con ese sentido.

"Las normas y formas de entregar educación tienen que ser consistentes y  coherentes para que ellos entiendan que también pueden haber excepciones", afirma Mariana González.

Sobre todo en la actualidad, donde los niños se les enseña desde el jardín infantil que tienen opinión, derechos y la capacidad de pedir y exigir.

La psicóloga infanto juvenil sostiene que si los hijos se portan mal, las agresiones verbales o físicas no ayudan en absoluto, y lo único que hacen es que se vuelvan más rebeldes o difíciles y terminan muy desvalorizados, con una autoestima baja y repitiendo esa misma violencia con el entorno.

Es por esta razón que la comunicación sincera y tranquila es la mejor manera de transmitir enseñanza y llegar a un consenso.

"Al entablar un diálogo constante estás trabajando su capacidad de negociación y con estos temas, ellos aprenden a respetar a la autoridad sin ser sumisos, porque al poder dialogar con sus padres están experimentado cómo se llega a un acuerdo sin dejar de expresar lo que siente y quiere", garantiza.

En otras palabras, todo lo que se haga en la primera infancia serán ejercicios de convivencia fundamentales para cuando se es adultos y se quiera marcar un lugar en el mundo.