¿Se puede dejar de tener miedo a los temblores?

La reacción física ante el riesgo es inevitable, sólo el razonamiento puede cambiar el impulso de arrancar.

Por Francisca Vargas V.
Do. 01 de abril de 2012, 07:00
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¿Por qué las personas salen corriendo cuando tiembla? ¿A dónde van? Si se les pregunta, nadie tiene idea y responde que solo arrancan. Lo cierto es que el impulso por correr, huir es tan fuerte que provoca, que en segundos, lleguen a la calle sin saber cómo.


El miedo y las sensaciones que lo acompañan son producto de una respuesta fisiológica automática que escapa al control racional de cualquier persona.


“Aumenta la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la glucosa, se dispara la adrenalina y la sangre tiende a movilizarse hacia los músculos, que eventualmente nos pueden hacer huir, como son las extremidades inferiores”, explica Andrés Canales, académico de la Facultad de Psicología de la Universidad Diego Portales.


Agrega, que el miedo provoca está idea de querer escapar y para hacerlo el cuerpo debe estar lo más preparado posible y como hay más sangre en las piernas se corre más rápido que lo habitual. Pare ello también, indica, se dilatan las pupilas y baja la temperatura corporal. Se necesita luz y claridad para saber por dónde pasar.


Además, si hay hambre o ganas de ir al baño se suprime porque, señala, que todo lo que es secundario a la conducta de escapar se detiene y pasa a ser primario las funciones fisiológicas para arrancar y buscar resguardo.


Entonces, ¿que significa tener miedo?


“El miedo en sí, se define como una respuesta biológica, adaptativa del sistema nervioso y de tipo evolutiva, porque a lo largo de la evolución de los mamíferos, los miedos han tenido, fundamentalmente, la función de prevenirnos frente a sucesos que nos pueden dañar o herir”, detalla Canales, quien también es Licenciado en Ciencias de la Biología y actual investigador del Laboratorio de Neurociencias Cognitivas y Sociocognición (LaNCyS) de la UDP.


Esto quiere decir que es inconsciente e involuntario. ¿Dónde se desencadenan estos miedos?


El proceso se desarrolla en el cerebro y la parte que se relaciona con el miedo está en el Sistema Límbico, que es un conjunto de estructuras cerebrales que regulan las emociones, las conductas de alimentación, de escape y el miedo.


La estructura específica que desencadena la respuesta fisiológica se llama Amígdala (no es la de la garganta) y es la encargada de procesar los estímulos y estar alerta frente a lo que sucede en el medio.


“Esta estructura del cerebro está todo el tiempo y sin que nos demos cuenta, censando información que entra a ella, por la vista, el oído y el tacto, alertando a la persona sobre cualquier estímulo que pueda causar daño o herir”, añade el experto.


Sin embargo, como la amígdala procesa inconscientemente estímulos, si le llegan datos que representan una amenaza se reaccionará en automático y vendrá el sobresalto. Sólo segundos después, la afectada podrá evaluar racionalmente lo que está sintiendo y establecer si está frente a un peligro. En este caso, si corresponde a un temblor o solo fue el paso de un camión el que movió los ventanales. Si no es un amenaza, la respuesta física se detiene, pero se quiera o no, la reacción ocurrirá.

¿Qué hacer?

Andrés Canales cuenta que la parte racional del cerebro actúa de todas maneras después de recibida la información de peligro. Entonces, es ahí cuando hay que tomar decisiones y ocupar el sentido común. Aunque si eso no funciona para los que entran en pánico, recomienda elaborar un “protocolo personal”, con los pasos a seguir, en caso de que se viva un evento de esta naturaleza.


“Esta reacción automática del cuerpo tiende a descontrolar a la gente, pero si tiene en su mente y por escrito una lista de cosas que hacer, las instrucciones en caso de… se va a tender a seguirlas al pié de la letra”, propone.


También es recomendable respirar lento porque la hiperventilación es uno de los agentes que intensifica la respuesta de huída.


Ahora, como ha estado temblando constantemente después del 27F, el sistema de alerta interior está sensible y con menos estímulos se sobresalta. Situación que propicia infartos en la población mayor y más sensible a este tipo de cosas.


Distinta es la propuesta cuando la persona ha estado viviendo por meses asustada y ha dejado de hacer su vida diaria por temor a que pase algo.


Aquí, la psicóloga Carolina Vignoli (www.psicologos-clinicos.cl) aconseja consultar a un especialista, porque ese miedo ya es patológico. Ese estado puede desencadenar, por ejemplo, una tremofobia (que se define como un persistente, anormal y injustificado miedo al temblor) que genera angustias, relacionadas a estas vivencias y que requieren un tratamiento especial.


Por eso, la recomendación frente a cualquier movida de piso, por causas naturales, es tener en cuenta la respuesta automática que tendrá el cuerpo y decidir en conciencia, qué hacer para no salir arrancando despavoridamente, porque el cuerpo va a responder y ayudará a que se llegué a velocidad de un rayo, a un lugar que nadie sabe donde queda, pero que nadie, en su sano juicio, va.