Hernán Hevia: La buena vida de Hernán

El ex rostro de teleseries hoy está dedicado a su programa de radio y al coaching, donde asegura que se siente más que retribuido, ayudando a las personas a superar sus límites. Aquí nos cuenta en qué está su vida con su nueva actividad y cómo disfruta el día lejos de la televisión.

Por Ángela Tapia F., Emol
Mi. 23 de mayo de 2012, 08:00
Más Ménos
Carla Pinilla, El Mercurio.

Carla Pinilla, El Mercurio.

Hernán Hevia Gnecco (42) es un fiel creyente de que, consciente o inconscientemente, todo lo que una persona ha hecho en su vida le ha traído hasta donde está hoy día. Y en su caso, son varios capítulos los que hay que revisar antes de comprender por qué hoy es quien es.

El ex rostro de teleseries, y personaje de reality (“La granja VIP”), comenzó a correr a los 17 años y estuvo dedicado durante cinco años al atletismo, donde, siendo seleccionado nacional, aún ostenta el récord de Chile en la posta 4x400, junto a Alejandro Krauss, Pablo Squella y Carlos Morales.

Pero luego quiso ser actor, y no pocos de los que alcanzaron a ver “Extra Jóvenes” recordarán hoy a su personaje “el Guille”, o a sus otras interpretaciones en teleseries como “Amor a domicilio”, “Eclipse de luna” o “Marparaíso”.

Pero un día cualquiera decidió irse a Argentina a probar suerte. Allí consiguió un papel en “Sos mi vida”, una popular telenovela de la época, protagonizada por Natalia Oreiro, y hasta estuvo en una producción junto a Gonzalo Valenzuela, “El tiempo no para”.

Fue allende Los Andes que le llegó un libro de coaching corporativo y se dedicó de lleno al estudio. Una vez de regreso al país, continuó capacitándose, hasta que se certificó con la International Coaching Community, para hoy, como explica, ayudar a las personas a pasar de su estado presente a su estado deseado.

“El coaching no es terapia, no es consultoría ni asesoría. Son sesiones de preguntas y respuestas donde se cambian creencias limitantes, paradigmas, se desarrollan talentos, se buscan herramientas y se ponen en práctica. La idea es hacer un cambio entre decir, por ejemplo, “yo quiero ser alguien seguro en mi trabajo” a “yo soy alguien seguro en mi trabajo”, explica el también profesor de educación física en un café del barrio El Golf.

Aunque su horario está algo copado entre el coaching y el outdoor training -en el que se reúne con grupos de empresas para desarrollar el trabajo en equipo-, él se considera todo un “happyshifting”, esos seres felices que, cansados de trabajar ocho horas seguidas en un lugar que los tiene hartos, dejaron sus estables empleos y se arriesgaron a ganarse la vida en algo que realmente los hiciera sentirse realizados.

Es por esto que, con propiedad, emite, junto a Jorge Bastidas “Esto es vida”, en la Radio Tiempo. Allí, de lunes a viernes, conversan acerca de los lujos y placeres más simples en la vida de la gente. “El programa tiene mucho que ver con lo mío, con vivir la vida y disfrutarla”, cuenta.

-¿Por qué dejaste la televisión?
“Porque sentí que no había nada para mí. La tele tampoco me necesitaba, hay que ser honestos. Me llamaron para ‘Infieles’ y no lo quise hacer, también quisieron revivir uno de los personajes que hice en el ‘Extra Jóvenes’, y me negué. Hace un tiempo me llamaron de ‘Mi nombre es VIP’, pero no me llamó mucho la atención. Sentía que no aportaba nada a mis propósitos. Las necesidades de la gente cambian. Cuando tenía veinte años, el ser famoso era parte de mi propósito, y el ser actor tenía que ver con eso. Pero hoy mi propósito es diferente”.

-¿Qué pasa con “el Guille”, el personaje de “Extra Jóvenes”? ¿Por qué no lo nombras?
“Es que me da pudor. Me tengo que hacer cargo de mi biografía, pero para mí no fue nada muy importante como actor, aunque a mucha gente le encante y lo encuentre gracioso. Siempre alguien me llama y quiere que baile, que hable del personaje, pero trato de dejar un buen aroma con las cosas que hice, de dejar un buen recuerdo. No sería lo mismo si lo hiciera ahora”.

-En la radio hablas sobre placeres y lujos. ¿Cuáles son los placeres que te das?
“Hablando de las cosas que me hacen decir ‘esto es vida’, vivir a diez cuadras de acá, que me permite un domingo poder caminar por un lugar lindo. Tengo un departamento normal de dos dormitorios, pero el entorno me encanta. Estoy a cinco minutos del Parque Bicentenario, y me gusta en el verano ir para allá a leer. De libros, me compro tres al mes, escucho mucha música y me río mucho. También es un placer saber que tengo a la Josefina (13), que es mi hija y que está sana”.

-Y en cuanto a lujos, ¿cuáles te permites?
“Es que eso tiene que ver con qué considero un lujo. Para una persona que tiene un sueldo promedio, quizás irse un fin de semana a Viña sea un lujo. Y con respecto a ésos, me doy varios. Tengo el lujo de tener una cafetera italiana y me puedo tomar unos cafés maravillosos los domingos en mi terraza, mientras leo el diario, con leche batida que me la preparo yo. Me doy el lujo de tener muy buena ropa, pero con su trabajo detrás, que es buscar todas las picadas posibles de outlet. Son lujos que interactúan con lo físico-emocional. Otras cosas me dan lo mismo. Tengo un auto del año 94. ¡94! Estamos hablando de un golf blanco que tiene dieciocho años, pero que está en excelentes condiciones. Creo que me dan un millón de pesos por él, así que mi computador vale más que mi auto”.

-Suena linda tu vida
“Tiene sus matices. Hay un divorcio de por medio, pero en mi mapa no tiene lógica alguna amargarse por lo que pasó o desvivirse por lo que viene. La pregunta es qué estoy haciendo hoy para que lo que venga sea mejor. He tenido fracasos de todo tipo; laborales, a veces no tengo ni uno... Pero yo soy un insatisfecho constructivo, no me quedo pegado en esas cosas”.

-¿Cómo te ayudó a ti todo el tema del coaching?
“Esa es una muy buena pregunta de coaching, me hizo pensar. Esto me ayudó a estar tranquilo con lo que hago, a cachar que cada persona tiene potenciales y que uno puede transformarse en un socio de alguien mientras dure el proceso. Hablando de mí, me ayudó mucho a tranquilizarme, a medir más mis palabras, a ser más generoso, a enjuiciar menos y a darme cuenta que no quiero volver a la tele si no es en algo que sienta que puedo colaborar”.

-En entrevistas antiguas, personajes de televisión, como Francisca García-Huidobro, te han catalogado de poco generoso y de ambicioso...
“Qué gracioso que ella me diga ‘ambicioso’. Habría que decirle a la Fran que busque una definición de ambicioso, que es diferente a ser codicioso. Ahora, ella puede decir lo que quiera”.

-También decían que eras pesado, sobre todo en la época del reality.
“Bueno, tengo un humor súper negro y por eso me fui a trabajar a Argentina, porque los tipos de Promo Films, me dijeron que me fuera para allá porque en Chile nadie comprendía mi humor. Aunque puede ser que haya sido pesado”.

-¿Qué es indispensable para ti hoy?
“Vivir, no sobrevivir. Hay una frase de Oscar Wilde muy linda, que dice que “para la mayoría de nosotros, la vida verdadera es la vida que no llevamos”. Con eso se refiere a que el pasto es más verde en el jardín del frente, que nuestra vida ideal siempre es la que tiene otro. Pero yo estoy tratando de hacer que la vida ideal para mí sea la que yo llevo, y para eso es importante vivir ahora, no mañana”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Mi vicio es pasar, a veces semanas, sin querer hablar con nadie porque no lo necesito”.

-¿Te molesta la gente?
“No. Mi chica me dice que soy súper antisocial, que no converso con mucha gente ni tengo muchos amigos. Cuando vamos a un restaurante y no hay nadie, yo soy feliz. También me gusta pedalear solo en bicicleta, unos cien kilómetros los sábados y domingos. Mi vicio es la soledad. Me gusta estar solo”.

-Te gusta la paz.
“No sé si es eso. Prefiero el diálogo interno que tengo, que me gusta mucho”.