Eduardo Paxeco: De mujeres malditas y hombres ñoños

El actor que hoy aparece cada noche en “Maldita” nos habla acerca de las malas mujeres y el Club de Toby 2.0. Asegura que ellos sí hablan de sus penas amorosas, pero evitan los detalles más íntimos, a diferencia de ellas.

Por Ángela Tapia F., Emol
Mi. 30 de mayo de 2012, 08:21
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Jorge Sepúlveda, El Mercurio.

Jorge Sepúlveda, El Mercurio.

Eduardo Paxeco acaba de cumplir los 30 años y es de esos afortunados que pueden decir que han llegado hasta donde querían. “Anhelaba ser actor, estar donde estoy. En un momento, cuando empecé a llegar hasta acá, miré para el lado y dije ‘¿Y esto era?”, cuenta.

A los 17 años, en Quillota, decidió que sería actor. Se vino a la capital, postulo a la Chile y años después, casi no lo creería cuando Andrés Wood le pidió protagonizar una de sus películas, “La buena vida”. Todavía recuerda con ilusión cuando se juntó con el director en un café de Plaza Italia, y el creador de “Machuca” le dijo: “En esta misma mesa tuve mi primera reunión con Daniel Muñoz, hace diez años atrás”. Hoy confiesa siempre haber trabajado desde la admiración.

Gracias a su trabajo en el cine, con “Ilusiones ópticas” (con la que ganó el Premio Pedro Sienna), “La Gabriela”, “Drama” y “03:37”, el rostro de Eduardo se comenzó a hacer masivamente conocido para la mayoría de los chilenos. Bastaría un par de trabajos en televisión para hacer de él un actor inconfundible para las siempre cariñosas televidentes que se lo encuentran en la calle.

Él se ríe. Sobre todo, ahora que lleva cerca de dos años trabajando en las producciones post 23 hrs. de varios canales, haciendo de su rostro, un símbolo del galán de teleseries nocturnas. “En estos trabajos suelen haber escenas de un calibre más alto. Entonces, vas a una tienda, entras a un probador y te dicen: ‘Oiga, ¿pero para qué se va a meter ahí si ya le conocemos todo?’. Al final, uno juega al rol del galán en la teleserie, así como hay una chica que tiene que conquistar a los varones en la casa. Es parte del juego. Con que yo sea el galán de mi novia, está todo bien”, explica Paxeco en una de las mesas de “La Tecla”, en Ñuñoa.

Allí, sentado junto a su polola, Rocío Jadue -quien pasará casi la totalidad de la entrevista mirando su celular, salvo cuando abra sus ojos según lo que Eduardo vaya contestando-, nos cuenta acerca de Manuel Espinoza, el taxista que interpreta hoy en “Maldita” de Mega, la teleserie inspirada en la historia de María del Pilar Pérez.

“Lo que me gusta del personaje es que es de comedia dentro de la tragedia. Viene con más luz que los otros personajes y da una pausa dentro de todo lo ‘gore’ que pasa en la teleserie. Siempre pensé que esta historia terminaría siendo una película, una novela o como mínimo, un capítulo de alguna miniserie. La tipa es una mujer loquísima y cometió una cantidad de maldades...”.

-¿Qué tiene que tener una mujer para que sea catalogada de “maldita”?
“Tratarnos mal, no querernos, ser infiel. Para ser catalogada de ‘maldita’, debe haber una traición, una puñalada por la espalda. Es un calificativo súper fuerte. No se lo podrías decir a un familiar, por eso lo llevo a una novia o a una gran amiga que me traicione en el  trabajo, que me estafe, juegue con lo privado de uno, con los afectos. ‘Maldita’ es una persona no empática con el dolor ajeno, y que a veces bordea la perversión con el goce por sufrimiento de otra persona”.

-¿Tú has sido maldito?
“¿Qué dice mi novia? Según ella, no. Intento empatizar con los afectos de la gente. Soy fiel en el trabajo, en el amor, y trato de serlo con todas mis relaciones afectivas. No traicionaría. He peleado con gente, pero nunca he hecho algo con premeditación”.

-¿Qué es lo peor que has hecho?
“Nada más que un grito feo en alguna discusión. Decir ‘¡me voy de este set!’ o ‘¡me voy de este teatro!’, en medio de alguna pelea. Es difícil hacer teatro porque hay presión, poco tiempo y casi siempre las lucas son de uno, así que a veces uno explota. Ahí el director debe haber pensado que soy un maldito divo”.

-¿Pides perdón?
“Sí. Además que en el teatro uno trabaja con gente que ya es de la familia, que conoces desde hace diez años. A veces te peleas y te distancias un rato, incluso meses, para dejar decantar las cosas; desconectarte, aislarte y ser maldito un rato (ríe)”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Tengo uno muy infantil, que me da vergüenza decirlo... Pero un día a la semana tengo con un grupo de amigos una junta de fútbol virtual. Con una consola de videojuegos hacemos campeonatos y apostamos dinero. Nos juntamos en una casa, y como a mí me auspicia una marca de cerveza, tenemos chipe libre para beber”.

-¿Tienes chipe libre de cerveza y solo se juntan un día a la semana? ¿Cómo es que no caen de sorpresa tus amigos?
“No nos juntamos más días porque todos tenemos que dividirnos entre hijos, novias y trabajos. Así que solo nos vemos un día dentro de la semana y al otro día llegamos todos con caña a trabajar, pero vale la pena. Ese día se juega y se habla mucho de fútbol; fumamos, reímos, bebemos y bromeamos. Nos quedamos pasadas las tres. Es muy ñoño (ríe). Hasta tenemos nuestra página en internet para poder comunicarnos”.

-El “Club de Toby 2.0”...
“¡Claro! También es bonito, porque es un momento en que nos juntamos chicos, y mientras dos juegan, hay una ronda de conversación estilo: ‘Mira, lo que tienes que hacer con tu señora es blablabla...’”.

-¿Los hombres conversan de mujeres?
“Sí. A veces nos juntamos y han pasado dos horas y no hemos jugado ningún partido, porque nos hemos estado contando los dramas amorosos... Yo creo que la diferencia con las chicas, es que ellas, cuando se juntan, cuentan cosas más íntimas de los hombres, detalles de cuando han estado con sus parejas, que nosotros no contamos”.

-¿Detalles sexuales?
“Sí. Nosotros no los vamos a contar, porque uno no quiere instalar en el cerebro pervertido de un amigo, la imagen de mi mina en pelota. Solo le digo ‘mira, me pasó esto el otro día’, ‘pucha, no pasó nada anoche, se enojó’. Hasta ahí no más llegas. En cambio ellas hablan de tamaños y cosas mucho más detallistas. Nosotros, entre medio, vamos haciendo goles y nos burlamos de los que van perdiendo. Es una mezcla entre ñoñería y madurez de pareja”.