Luis Gnecco: “Le tengo miedo a las mujeres”

A favor de la igualdad y la independencia femenina, el actor confiesa que lo único que espera de las mujeres es que lo dejen en paz. “Tiene que ver con rascarse el poto y las bolas tranquilo por la mañana”, afirma, sin pelos en la lengua.

Por Ángela Tapia F., Emol
Mi. 20 de junio de 2012, 08:33
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Luciano Riquelme, El Mercurio.

Luciano Riquelme, El Mercurio.

“Curiosamente, cuando digo lo que pienso, siempre genero un poco de escozor”, dice el actor Luis Gnecco (49, casado). Sentado en una salita de Canal 13, el actor reconoce cierto parecido con su personaje, el “Pelao” Monroy, de “Soltera otra vez”. Ambos son directos, dicen cosas que a veces pueden caer mal, pero en el fondo, saben que muchos de los que se espantan piensan lo mismo.

Sergio Monroy se ha ganado el aprecio de varios televidentes que siguen la teleserie del 13, gracias a polémicas frases del estilo “no hay infidelidad con la ex”, “me gustan las mujeres borrachas porque están en su estado natural” o "la culpa de todo la tiene la mierda romántica que te meten en el cine".

“La filosofía de este hombre es ‘aprovecha el momento, no veas a las mujeres como unas princesas, porque no son solo eso, son también medias salvajes’. El personaje esconde una gran fragilidad. Yo creo que en el fondo le tiene susto a las mujeres y por eso reacciona de esa manera”, cuenta uno de los rostros de los recordados “De chincol a jote” y “El desjueves”.

Hoy ha decidido parar solo por este año con el teatro, a pesar del rotundo éxito que tuvo en 2011 con “Las heridas del viento”. Mientras, dice que debe concentrarse en la grabación de la segunda temporada de la serie de HBO, “Prófugos”, y esperar el estreno de “No” y “Pérez”, dos trabajos cinematográficos que ya antes de aparecer en las salas de cine, han acaparado la atención y el entusiasmo del público.

“Aunque yo soy un poco descreído de la audiencia. No sé qué le gusta a la gallada, si prefiere poto y pechuga o algo de la historia reciente de su país”, dice sobre la cinta de Pablo Larraín, en la que trabajó junto a Alfredo Castro, Antonia Zegers y Gael García, y que ya recibió el premio Art Cinema en Cannes.

A la espera del estreno de los films, disfruta del triunfo de la novela nocturna y de la popularidad que ha ganado Monroy. “La mayoría de las cosas que él dice, yo las pienso también. Por ejemplo, aunque hay algunas borrachas que son un poco hostigosas -como cualquier borracho- supuestamente uno puede aprovecharse más de ellas... Son cosas que la gente no se atreve a decir. Igual, los hombres, en general, hablamos poco. En cambio, te juntas con las mujeres e inmediatamente sabes hasta qué calzones anda trayendo; hablan sin tapujos sobre el sexo que tienen con sus parejas, con lujo de detalles. Yo pagaría oro por tener un micrófono ahí y revelar ese lenguaje secreto”.

-¿Qué te parece este concepto que aparece en la teleserie y que ya es común, de la mujer pasada los 30, soltera, independiente?  Hace un tiempo serían catalogadas de “solteronas”...
“Peor eso es en el siglo pasado. No se pueden hacer grandes tesis sociales con una teleserie, pero ésta muestra un mundo bastante actual, de mujer independiente, sola, que por decisión propia financia al pololo y bueno, después él la engaña. Me parece que es una muestra que no está tan alejada de la realidad y por algo ha tenido el éxito que ha tenido“.

-Mucha independencia, pero algunas personas dirían que aún permanecen muchas con el vestido en la cartera.
“Es que existe un lugar común, que no sé si viene de nuestra educación católica -que lamentablemente permea nuestra educación, supuestamente, laica-, que convence a las mujeres de que parte fundamental de su vida es el matrimonio y la maternidad. Por eso pasa lo de andar con el vestido o el chupete en la cartera. Hay algunas histéricas que lo único que quieren es definirse como madre, y ¡pobre del niño que sea su hijo! Imagínate el peso que carga. ‘Yo nací para ser madre, por lo tanto, tú eres mi producto estrella’, piensan. Mejor que le vaya juntando plata para el psiquiatra”.

-¿Y qué pasa con el matrimonio?
“Tal vez sea por imposiciones sociales. Puede ser que exista el cliché de que casarse sea una realización, y lo veo en actrices cuando les toca interpretar a una novia. El día de la escena es todo un evento. Se ponen el vestido y ves una lucecita en sus ojitos mientras juegan a la novia”.

-¿Y en qué parada está el hombre actual?
“Debe estar por ahí. Estamos más de igual a igual, compartiendo roles. Por lo tanto, las mujeres tienen más libertad, pero se les exige más. A mí hay algo que no me gusta mucho. Me parece bien que la cosa tenga que ser igualitaria, pero se pierde cierta delicadeza, todo este juego de seducción que tiene que ver con establecer las diferencias; de saber que somos seres complementarios, que las mujeres son seres más delicados, sensuales. Es ese el tesoro que guardan las mujeres y que debería ser más explotado.
“En la medida en que los hombres no tengamos nada que demostrar y las mujeres tampoco, y solo nos dediquemos a gozar la diferencia que implica el otro género -con sus fortalezas y debilidades- veremos que por ahí va la cosa”.

-¿De qué diferencias hablas?
“Por ejemplo, las mujeres tienen mil puntos eróticos en todo su cuerpo. Los hombres solo en una parte. Y en ese sentido, la mujer es un ser mucho más -no solo suertudo- sino que más amplio, más polifacético. A pesar de que le tengo miedo a las mujeres por eso mismo. Son un mundo desconocido para los hombres”.

-¿Miedo?
“Es que lo desconocido da susto como primera reacción. No tengo pudor en decir que me da un poco de susto, aunque me encanta disfrutar de su mundo y abandonarme en él. No sé, será la biología que determina que haya unas lógicas extrañas, pero las mujeres piensan y reaccionan de una manera inentendible; o necesitan una cantidad de cosas que los hombres no necesitamos en términos afectivos; contención, por ejemplo. Las mujeres, muchas veces, quieren ser escuchadas y nada más. No quieren soluciones, y eso me parece misterioso. Pero el goce de esas diferencias tiene que ser lo primero. En la diferencia aparece la rumba.
“Es bonito descubrir qué es lo que quieren y estar atentos a eso. Querer descubrirlo y proporcionárselo. Eso es lo que creo que se ha perdido, la disposición a descubrirlo”.

-Como representante de los hombres, ¿tú qué quieres?
“A mí me interesa que me dejen tranquilo. Que no me hueveen mucho. Eso es lo que más quiero”.

-Qué masculino el comentario...
“No sé si será masculino, pero el que te dejen tranquilo significa poder ejercer tu masculinidad tranquilamente. Tiene que ver con rascarse el poto y las bolas tranquilo por la mañana, no sé. O si te gusta ver el fútbol, ver el fútbol. Que te permitan ser frágil. Los hombres también lo podemos ser”.

-¿A qué te refieres?
“A que me permitan ser complicado, poco claro, dilatante; cosas que, aparentemente, están -de manera muy cliché- relacionadas con cosas femeninas. Que me permitan ser tal cual, con mis complicaciones y mis feminidades. Porque si me dejan tranquilo puedo buscar el punto de conexión hacia la mujer, ver por dónde va la cosa, sin ansiedad”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“No tengo ningún hobbie”.

-¿Coleccionas algo?
“No, qué estupidez más grande... ¡Ah, sí, colecciono libros! Tengo varios cientos. Los compro para que estén ahí y en algún momento los voy a leer. También me gusta lavar los platos, lo disfruto. Me gusta el orden y la limpieza; disfruto limpiando y ordenando.
Encuentro que es como calentito lavar los platos, por el agua. Y me gusta ducharme largo. Necesito tiempo para estar ahí y tomarme tiempo pensando cosas”.

-Qué afortunada tu esposa por eso que te gusta lavar los platos.
“Sí, y yo también lo soy por varias cosas de ella”.