Héctor Morales: De suegras, cafés con pierna y la crisis de los 30

El actor conversó con Tendencias & Mujer sobre Aliro, el profesor de historia, asiduo al club de Toby en un café con piernas -de “Soltera otra vez”-, que debe lidiar con su madre y su esposa en una constante guerra. “Te aseguro que tenemos primos, hermanos y vecinos parecidos”, comentó.

Por Ángela Tapia F., Emol
Mi. 01 de agosto de 2012, 08:28
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Diego Trujillo.

Diego Trujillo.

Se ve por estos días muy relajado. Justo antes de que comience los preparativos para su próxima obra y que sea jurado en SANFIC, Héctor Morales (31) dice estar disfrutando de este período en que su única preocupación laboral es la siguiente teleserie nocturna de Canal 13, “Las Vegas”.

Hace el pedido del supermercado por internet, pasa harto en su departamento en Providencia y aprovecha de ver mucho teatro y salir con sus amigos. Muy lejos está de su filosofía de los veintitantos años, de aceptar cuanto trabajo actoral se le pusiera por delante, como una forma de demostrar y demostrarse que se la puede.

“Siento que ya no tengo que darle muchas pruebas a nadie de que soy trabajador. Soy considerado buen actor, no creo que el mejor de Chile, pero sí uno de los reconocidos y lo agradezco mucho. La gente que ha trabajado conmigo sabe cómo lo hago y eso me da tranquilidad”, cuenta el nominado a un Altazor 2012 por su trabajo en la película “Mi último round”.

Suerte en el trabajo y suerte en el amor, ha declarado estar viviendo feliz con su pareja, la productora de modas Natalia Schwarzenberg, y espera los estrenos de dos trabajos cinematográficos suyos para este segundo semestre, “Réquiem” y  “Zoológico”. Por otro lado, está el éxito de “Soltera otra vez”, donde su personaje, Aliro -el profesor de historia, casado, con dos hijas y hermano de la sufrida Cristina-, se ha ganado la simpatía de un gran número de televidentes.

“Me he encontrado con la grata sorpresa de que Aliro es un personaje súper reconocible para la gente. Te aseguro que tenemos primos, hermanos y vecinos parecidos. Es un personaje que dejó mucho de sus sueños de lado por armar una familia, y siente que ya se le pasó el cuarto de hora. Todo este rollo neurótico y estresado es súper real: tiene que andar en Transantiago porque el único auto que tiene se lo pasa a la esposa para que lleve a las niñitas al colegio. Es profesor, y tiene que hacer clases particulares para tener un mejor sueldo; vive con la mamá en la casa... Todo eso se va sumando para potenciar una especie de bomba interna que en algún momento tiene que explotar”.

-Es un poco triste su historia.
“Pero creo que es la historia de todos. Todos hemos tenido que tomar algunas decisiones, en base a opciones personales: por estabilidad, dinero, ambiciones. Si revisamos para atrás, probablemente veamos que estamos en un lugar súper distinto del que pensábamos que íbamos a estar cuando salíamos de cuarto medio. Pero si haces esa revisión y entras en crisis, puedes llegar a la conclusión de que nunca es tarde para volver a empezar y jugársela por lo que uno quiere”.

-¿Te ha pasado?
“Yo tengo ganas de estudiar ahora, a mis 31 años. Y cuando lo comento con mis amigos o pareja, todo el mundo dice: ‘¡Pero cómo! Estás entrando en una crisis de los 30. Es una tontera tuya’. Pero de verdad siento que uno tiene que darse la posibilidad de retomar las deudas pendientes.
“Además, la tele es súper cruda con los actores. De repente te necesita y después no. Por ejemplo, hoy hay producciones que no tienen personajes viejos. Y uno dice ‘pucha, a lo mejor todavía estoy a tiempo de dar un giro y dedicarme a otra cosa’”.

Inquietudes tiene. Además de estar todos los martes en el programa “Gran capital” (Radio Zero) hablando de teatro, de apoyar la candidatura a alcaldesa por Providencia de Josefa Errázuriz, ha colaborado con Santiago a Mil para llevar obras a regiones y establecer un espacio para hablar de ellas con el público. Por eso dice que su vocación debe estar por la gestión cultural.

“Ya hay una cuota medio pagada con ser actor, pero hay un montón de otras cosas que a mí también me interesan de la sociedad. Eso le pasa un poco a Aliro, de pensar ‘tengo 34 años y estoy aquí con dos hijas, ¿qué más?’. Estoy pasando por una etapa en que me pasa algo súper parecido al personaje. Me estoy replanteando mi vida (ríe)”.

-¿Tuviste tu crisis de los 30?
“Yo creo que la empecé como a los 28, y pasó por no aceptar todas las cosas que me ofrecían. En mi etapa de los 20, necesitaba aprender, relacionarme con muchas cosas y gente y me hice mierda trabajando. Aceptaba hacer una teleserie, en la noche iba al teatro, y el fin de semana hacía un corto. Llegó un momento en que dije ¡está bien! Ya he hecho hartas cosas y ahora quiero ser más selectivo con lo que hago”.

-Un tema fuerte en la vida de tu personaje es su madre y la relación complicada que tiene como suegra de Camila.
“Creo que la vida en pareja es en pareja, y cuando llegan los hijos, es con ellos, como familia. Hay circunstancias, a veces económicas, en que las personas se ven en la obligación de tener que compartir la casa con la suegra, o con la mamá; no vas a echar a un familiar a la calle. Pero debe ser complicado, sobre todo si es una suegra como Luisa (Solange Lackington), que es súper metida”.

-¿Has tenido problemas con suegras?
“No. En general, soy muy buena onda pero trato de mantener distancia. Después uno termina con la pareja y ¿qué pasa si te encariñas mucho con la familia? No puedes seguir visitándolos. Ahora tengo una muy buena relación con mi suegra. Siempre de respeto. Pero he visto personas que tienen un trato muy cercano con la suegra, independiente de la pareja. ‘Fui con mi suegra al cine’, te dicen. ¿Y tu pareja? ‘No, no podía’. ¡Qué incómodo! Mi suegra es mi suegra”.

-¿Tu mamá no es celosa contigo?
“No, nada. Es súper relajada, nada de metida. Tiene buena relación con la Natalia. En ese sentido, a Aliro lo encuentro súper ñoño y mamón. Uno tiene que tomar partido por alguien. Yo salí muy chico de la casa; a los 16 ya vivía solo, y empecé a trabajar muy chico, a los 14. Le exigía a mi mamá independencia y ella se acostumbró a eso. Distinta es con mi hermano menor. Con él es súper Luisa. Se pelean por las pololas y opina de su ropa. Conmigo nada, es algo que uno se gana”.

-¿Trabajas desde los 14 años?
“Sí, es que me gustaba tener independencia de mis padres, por un sentimiento de libertad. Sentía que si trabajaba, me podía comprar las zapatillas que quería, los cuadernos que quisiera, salir el fin de semana... Depender de otros nunca me ha gustado”.

-Volvamos a Aliro. Llama la atención que él y sus amigos pasen todos los días en un café con piernas.
“¡Ah, es que tú no los conoces! Pero más allá del lugar, y con esto de la mujer empoderada, el hombre ha debido encontrar lugares donde poder descargarse y comentar con sus amigos lo que le pasa. Si te fijas, los personajes no van siempre al café a reírse. Van con problemas, pelean entre ellos y ponen a las chicas como juezas. Cambia la locación: antes era el bar, o hasta el bowling para los Picapiedra”.

-¿Y no tienen lugares donde haya mujeres más vestidas?
“(Ríe) Pero es que aquí se tomó esa opción porque es entretenido para ellos ir allá y echar la mirada. Imagínate si fueran a una plaza, sería increíblemente fome. Yo tengo amigos que se juntan a tomar una cerveza o a jugar a la pelota. Cada grupo de amigos encuentra un lugar en común que empieza a ser un lugar de expiación de los problemas, las culpas. Las mujeres también los tienen, y van desde un café hasta el baño. Pero los hombres han tenido que encontrar un lugar donde compartir sus cosas, porque no estamos profundizando en nuestras vidas constantemente como ustedes”.

-¿Se guardan los problemas o es la naturaleza masculina?
“Es la naturaleza. Quizás por eso nos deprimimos y nos enrollamos después. Pareciera que existe una capacidad más ejecutiva de poder guardar los problemas personales y trabajar o hacer otras cosas. Por eso también hay un montón de canales por donde se evaden los problemas. Aliro se emborracha cada vez que puede”.

-Él muestra un estilo de vida un poco rutinario. Llegan los hijos y parece que todo se transforma en una carrera para terminar bien el día a día. ¿Cómo afecta a la pareja esto?
“Es un poco pesimista mi mirada, pero creo que sí o sí se daña. La cotidianeidad y esta carrera sin meta que nos hemos impuesto -y nos han impuesto- hace que estemos constantemente conectados con el exitismo, con tener que estar cambiando el auto, viajando. Esta carrera es súper agotadora y esto sin lugar a dudas afecta a la familia y a la relación. Por eso hay tanta gente sola”.

-Otra arista de esta carrera es que pasados los 30, la mayoría espera que ya estés emparejado y con hijos.
“Sí. De mis amigos, casi todos tienen hijos. Y la conversación del día sábado es ‘oye, ¿y ustedes cuándo?’. Si yo los tuviera ahora, probablemente dejaría de hacer un montón de cosas que quiero. Por eso prefiero postergarlo. No quiero ser un huevón criando guaguas, pero frustrado porque no estudié, no viajé o lo que sea. Y tampoco quiero tener hijos para que los críen las nanas. Esa una opción, pero no me gustaría que de lunes a viernes, los cuiden unas personas que no sean la mamá ni el papá. Así que por mientras, tengo tres ahijados: Luciana, Dylan y Benjamín. Salimos los tres y vamos a Fantasilandia”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Una manía es hacer listas de todo. Tengo listas de las cosas prestadas, de las cosas pendientes, de las cosas por hacer en el día, en la semana, y en el mes. Pero mi vicio es nadar con música. Me compré unos anteojos de nado con mp3. Así que si el día anda mal, la única solución que tengo es antes de venirme a la casa ir a nadar. A veces, si ando con mucho estrés, me voy un cuarto para las siete de la mañana, que es cuando abren”.

Entusiasmado, Héctor habla de la pasión por su cocina. Le gusta tener todos los implementos que hay y los más variados condimentos, porque la habitación tiene que estar completa. Por eso muestra con orgullo sus dos refrigeradores, uno para la comida y uso común y el otro, para los bebestibles que ofrece a sus amigos, vino, cervezas y refrescos varios.

“Para mí, el hogar es la cocina. Con mi primer sueldo me compré una tele, pero para la cocina. Pasó ene tiempo ahí. Si llego de grabar, me llevo los textos para allá, me hago un café, prendo la tele, la luz, y empiezo a cocinar para la noche. Todo funciona ahí”, cuenta, mientras enseña la ampliación de la zona estrella de su departamento, que cuenta incluso, con su propio baño.