Guillermo González: El agradecido Willy Sabor

Hace cuatro meses se cambió de radio, pero sabe que su público es fiel, y por eso hasta le organiza comidas cuando gana premios. "Siempre hablan que el chileno no quiere a sus artistas, pero conmigo no lo siento así", dice el locutor.

Por Ángela Tapia F., Emol
Mi. 22 de agosto de 2012, 08:21
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Alex Valdés, El Mercurio.

Alex Valdés, El Mercurio.

“Serio no soy”, dice de entrada Guillermo González (44). Uno de los locutores que más energía dispara a través de la radio, aparece algo somnoliento, casi haciendo creer que cuando se apaga el micrófono, el personaje del dial desaparece. Pero basta dejarlo hablar un minuto para que la risa característica de Willy Sabor salga a flote.

Sabe que por su personalidad no podría conducir un espacio de política, y por eso se ha dedicado a dirigir las mañanas más pachangueras y animadas de la radio en los últimos dieciséis años. Quince de ellos, en Radio Corazón, con la que aún está tramitando el uso del nombre “Willy Sabor”.

Hoy, su labor está en Radio Candela (95.3), donde conduce “Azúcar, sabor y candela”, de lunes a sábado, cinco horas seguidas. A eso se suman los eventos que anima los fines de semana por todo Chile y su “programa favorito”, como llama a “Morandé con Compañía”. “Ahora estamos viernes y sábado marcando. Nos ha costado, hemos bailado con la linda y con la fea. Pero ahora estamos bailando con la linda de nuevo”, resume González -o Sabor-, vestido con una gran polera de Elvis.

Él es lo que se considera “fanático-fanático” de ‘El Rey’. Es de los que están inscritos en Elvis Insiders, de los que han visitado Graceland, y de los que a pesar de haber sido muy chicos cuando el astro murió, lloraron de pena cuando vieron el extra noticioso en la televisión.

Como hijo de padres radiales, creció escuchando buenos vinilos y no se demoró mucho en comenzar a imitar a Louis Armstrong o Nat King Cole.

Ya más grande, decidió ser cantante y se presentaba en el Seriatutix y en los patios de comida rápida de los mall. Ahí, vestido de terno -colleras incluidas-, cantaba “Unforgettable” y animaba su show, ante decenas de personas que preferían prestarle más atención a su hamburguesa que al cantante, como recuerda.

“Lo bueno de esto es que ha sido lento, despacito por las piedras, con harto esfuerzo. Después fueron un par de años con la radio en la mañana y en la tarde, y terminaba cantando en algún lugar hasta las tres de la mañana. Era la mitad de ahora, súper flaco. Pero tenía todo para salir adelante, y así lo hice con mi familia (su esposa Yasna Caro y la hija de ambos, Andrea, de 15 años)”.

Hoy, como dice, le gustaría ser nada menos que “el animador más entretenido del país”. De momento, ya siente que lo logró en la radio, pero que tras un largo “pololeo” con la televisión, espera algún día “casarse” con ella.

-Has reemplazado algunas veces al Kike, ¿sin serrucho en la mano?
“No. Al Kike le tengo mucho respeto. Nunca se me ha cruzado por la mente.
“Hoy estoy en mi programa favorito. Uno se da cuenta que está entre amigos. El Kike es un gallo salvajemente buena onda conmigo, es una persona de confianza, un gran amigo; tengo una gran estimación por él. Lo quiero harto y a todo el equipo”.

-¿En qué va lo del nombre “Willy Sabor”?
“Eso está en juicio ahora. Ellos insisten en quitarme el nombre, dicen que lo van a ocupar para futuros proyectos. Pero yo soy Willy Sabor aquí y en la quebrada del ají; hasta en el extranjero me dicen así. Yo lo inscribí como pseudónimo y pienso seguir ocupándolo. Puedo usarlo, si Dios quiere, pero no como marca. No puedo ponerle a un restaurante ‘Willy Sabor’, pero la gente sí me puede llamar así adentro”.

-¿No has barajado otro nombre?
“No, es muy difícil. Me llaman así desde hace quince años. Fernando Alarcón es el verdadero creador. Él me dijo: ‘Ahora te llamas Willy Sabor, pero como tú hablas... ¡Willy Sabooor!”.

-¿Cómo nació el personaje?
“Creo que al momento de empezar a actuar, fue como una reacción nerviosa hablar así. Fue para que me dieran bola. Imagínate, nadie te conoce, te subes al escenario y empiezas a cantar. Todos comiendo sus sándwich y nadie te pesca. Así que hablaba así para hacer un click en la gente.
“Como mi papá era productor, yo desde los dos años que conozco los estudios de grabación. He visto toda mi vida nacer y morir artistas; se lo que hacen, y lo más importante es la humildad y el respeto a la gente. Que vean que uno es una persona común y corriente y que ésta es su pega no más”.

-¿Sientes harto cariño de la gente?
“Sí, y es una motivación para seguir en esto. Me hacen ganar premios; he ganado diez Copihues de Oro. Y este año, si Dios quiere, ganaremos dos más. La gente que nos escucha es la que levanta a los artistas, que los hace grandes. Es un público súper fiel. Yo le doy las gracias con una comida”.

-¿A todos?
“Sí. Organizo una comida para cuatrocientas personas y me la juego con tutti no más. Dios lo pagará (ríe).
“Es un clásico mío ya. Los que votaron por mí se inscriben y van. Soy bien de compartir, sobre todo con la familia. Esas cosas me gustan. Por eso en los eventos, cuando viajo, me gusta conocer a la gente, tomarme fotos, con los mineros, los feriantes... Animarles la fiesta, hacerlos reír”.

-Te toca celebrar con los más alegres.
“Si, pero la gente de los bancos, los que trabajan en ventas, también son así. En los tijerales, los constructores son personas muy respetuosas y buena onda. Siempre dicen que el chileno no quiere a sus artistas, pero conmigo no lo siento así. Yo me he conservado en el tiempo gracias a la gente y creo que eso no pasa con todos”.

-¿Tienes un lado serio?
“No, todo me lo tomo con harto humor. Soy serio al momento de tomar decisiones. En las pautas de trabajo, o cuando vemos qué vamos a hacer con la casa, con las cosas importantes de la familia”.

-Complicado que retes a tu hija...
“No, nunca. Busco el lado amable siempre. Trato de buscarle... ‘Mira Andrea, lo que pasa...’. Yo, como jefe, soy malo. Soy de esos bien escondidos, que aparecen solo cuando alguien se está descarriando”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Tengo de todo un poco. Compro hartos discos en CD, películas en blu-ray; nunca pirateadas, porque como hago música, sé lo que vale un disco. Además, prefiero eso que ir al cine, porque para mi el cine es un dormitorio gigante, me quedo dormido. Cuando me da sueño y tengo la oportunidad para dormir, lo hago no más. En el cine, en el avión, en el taxi, en los semáforos cuando manejo...”.

-¡Qué peligroso!
“¡Pero si está parado el auto! ¿Qué va a pasar? Me despierto con los bocinazos (ríe)”.