¿Cómo se convence a alguien de que tiene que hacer ejercicio?

El mensaje no puede ser salud a futuro, sino que felicidad en el presente.

Por Jane Brody, The New York Times Services
Lu. 03 de septiembre de 2012, 08:00
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¿Qué haría falta para convencerlo de que haga ejercicio? ¿El deseo de perder peso o mejorar su figura? ¿Para mantener a raya enfermedades del corazón, cáncer o diabetes? ¿A fin de reducir su presión arterial o colesterol? ¿Para proteger sus huesos? ¿Para vivir una vida larga y saludable?


Se pensaría que cualquiera de esas razones bastaría para poner a los estadounidenses a hacer ejercicio, pero veintenas de estudios han demostrado lo contrario.


Todo parece indicar que expertos en salud pública, médicos y devotos al ejercicio en los medios de comunicación - como yo - han estado empleando ineficaces técnicas para atraer a personas sedentarias para que se vuelvan, y permanezcan, activas físicamente.


A lo largo de las décadas, la gente ha sido bombardeada con mensajes en el sentido que el ejercicio con regularidad es necesario para perder peso, prevenir enfermedades graves y fomentar un saludable envejecimiento. Y sí, la mayoría de la gente dice que valora esos objetivos.


Sin embargo, una amplia mayoría de los estadounidenses - dos tercios de los cuales tienen sobrepeso o son obesos - hasta ahora no ha logrado tragarse la “píldora del ejercicio“.


Actualmente las investigaciones de psicólogos sugieren con firmeza que es hora de dejar de pensar en la salud futura, la pérdida de peso y la imagen corporal como motivadores. Más bien, estos expertos recomiendan una estrategia que los comercializadores usan para vender productos: presente la actividad física como una forma de mejorar el bienestar y la felicidad actuales.


“Necesitamos hacer que el ejercicio sea relevante en las vidas cotidianas de la gente“, dijo Michelle L. Segar, investigadora de estudios por el Instituto de Investigación de Mujeres y Género en la Universidad de Michigan, en una entrevista.


“El horario de todos está repleto de ’pendientes’ interminables. Solo podemos ajustar lo que es esencial“.

Reformulando el mensaje

Segar está entre quienes creen que la gente no se comprometeré al ejercicio si considera que los beneficios están lejos o son teóricos. “Tiene que presentarse como una conducta cautivante que puede beneficiarnos hoy“, dijo.


“La gente que dice que se ejercita por sus beneficios para la calidad de vida hace más ejercicio durante el transcurso de un año que aquellos que dicen que valoran el ejercicio por sus beneficios para la salud“.


Esta es su idea de un anuncio del servicio público para promover el ejercicio para mujeres trabajadoras con familias: Aparece una mujer caminando por la calle después de comer, acompañada de sus hijos, y dice: “Esto es magnífico. Puedo adaptarme a estar en forma, pasar tiempo de calidad con mis hijos y, al mismo tiempo, enseñarles sobre la importancia del ejercicio“.


Con base en estudios de lo que motiva a la gente a adoptar y sostener la actividad física, Segar está exhortando a los expertos a que dejen de presentar el ejercicio moderado como una receta médica que requiere de 150 minutos de esfuerzo aeróbico cada semana.


Más bien, funcionarios de salud pública deben empezar a buscarle solución “a los ganchos emocionales que hacen esencial para las personas ajustarlo en sus agitadas vidas“. “Las recompensas inmediatas son más motivadoras que las distantes“, agregó.


“Sentirse feliz y menos estresado es más motivador que no sufrir de enfermedad cardiaca o cáncer, quizá, algún día en el futuro“.


En un estudio de 252 oficinistas, David K. Ingledew y David Markland, psicólogos de la Universidad de Gales, descubrieron que si bien muchos empiezan a ejercitarse como una manera de perder peso y mejorar su apariencia, estas motivaciones no los mantienen haciendo ejercicio a largo plazo.


“Se debería hacer énfasis en el bienestar y gozo de los beneficios del ejercicio“, concluyeron los investigadores. Segar lo expresó de la siguiente manera: “La actividad física es un elíxir de vida, pero no le estamos enseñando eso a la gente. Le estamos diciendo que es una píldora que se toma o un castigo por malos números en la báscula. Mantener actividad física es un tema motivacional y emocional, no médico“.


Otros estudios han demostrado que lo que hace que la gente se ponga de pie y se mantenga en movimiento depende de la edad, sexo, circunstancias de vida e incluso etnia.


Para aquellos en edad universitaria, por ejemplo, el atractivo físico típicamente encabeza la lista de razones para empezar a ejercitarse, aunque lo que los mantiene practicándolo al parecer es el alivio de tensión que suministra un programa de ejercicio con regularidad.


Los adultos mayores, por otra parte, pudieran empezar debido a inquietudes de salud. Sin embargo, lo que a menudo los mantiene haciendo ejercicio son las amistades, la sensación de comunidad y camaradería que, de lo contrario, pudiera faltar en sus vidas. lo cual se ve con facilidad entre las mujeres de cabello entrecano que asisten religiosamente a clases de ejercicio acuático en mi YMCA local.


En un reciente estudio de 1,690 hombres y mujeres de edad madura con sobrepeso u obesidad, Segar encontró que mejorar el bienestar diario era el factor que por sí solo influía más sobre las mujeres en el estudio.


Los hombres indicaron que estaban motivados por beneficios de salud más lejanos, aunque Segar sospecha que esto pudiera deberse a los hombres se sienten menos cómodos hablando de sus necesidades de salud mental. “Lo que nos sostiene, nosotros lo sostenemos“, dijo Segar.


“Necesitamos, promover lo que los comercializadores conocen como ’lealtad del cliente’. Necesitamos ayudarle a la gente a que se mantenga comprometida con el movimiento enseñándole cómo puede ayudarles a sostenerse en sus vidas“.

Valor más allá de la pérdida de peso

Mucha gente, si no la mayoría, empieza a ejercitarse porque quiere perder peso. Sin embargo, con mucha frecuencia abandona el ejercicio cuando no logra deshacerse de los kilos adicionales.


Estudio tras estudio ha arrojado que sin grandes cambios en los hábitos alimenticios, un aumento de la actividad física es apenas un poco efectivo para perder peso, aunque ayuda a que las personas mantengan la pérdida de peso, en tanto deshacerse incluso de unos cuantos kilos, particularmente alrededor de la cintura, puede mejorar la salud.


Por ejemplo, investigadores en Brisbane, Australia, y en Leeds, Inglaterra, estudiaron a 58 hombres y mujeres sedentarios y con sobrepeso u obesidad que participaron en programa de 12 semanas de ejercicios aeróbicos bajo estrecha supervisión.


La pérdida de peso fue mínima, pero incluso así se redujo la cintura de los participantes, su presión arterial y ritmo cardiaco en reposo descendió y su capacidad aeróbica y humor mejoraron. “Se debería fomentar el ejercicio y reducir el énfasis en la pérdida de peso“, concluyeron los investigadores.


“La decepción y baja estima asociadas con una pérdida de peso deficiente podrían conducir a una baja adherencia al ejercicio y una percepción general de que el ejercicio es fútil y no tiene beneficio alguno“.


Yo camino 5 kilómetros, o recorro 16 kilómetros en bicicleta y nado 1.2 km diariamente. Si me preguntan por qué, quizá mi primera respuesta sea que para controlar el peso, seguido de un deseo de vivir una vida buena y larga.


Sin embargo, eso no es lo que me saca de la cama antes del amanecer para verme con mis amigos para una caminata matutina y después para montar mi bicicleta a la Y para ir a nadar. Es cómo me hacen sentir estas actividades: más vigorizada, menos tensa, más productiva, más concentrada y, sí, más feliz; más capaz de oler las rosas y manejar las inevitables frustraciones de la vida cotidiana.