Insomnio infantil: ¿Qué hacer con los niños que no duermen?

El insomnio infantil es más frecuente de lo que se piensa, la principal causa se debe a una mala higiene del sueño.

Por Francisca Vargas V.
Ma. 18 de septiembre de 2012, 08:30
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Imagínese lo qué significa para un niño, que recién está conociendo sus frustraciones, no poder conciliar el sueño. A eso, súmele la desesperación de los padres por querer que su hijo duerma, su anhelo por descansar y tener noches de paz.


Es que el hecho de que un hijo pequeño no pueda dormir de corrido es una problema grave y que afecta a la familia completa.


Las causas pueden ser diversas pero lo habitual es que el origen esté en los hábitos incorrectos que se crean para la conciliación del sueño y en sus despertares nocturnos.


Así lo confirma Felipe Giácaman, neurólogo infantil de la Clínica Santa María. “Este tipo de problemáticas se debe principalmente a que hay deficiencias en la higiene del sueño y un mal manejo del ambiente que los rodea a la hora de dormir”, afirma.


Esto quiere decir que los niños desde que nacen deben ser educados en sus hábitos de sueño, comida, descanso. Pero sucedería que, muchas veces los padres, en vez de encausar el descanso, los estimulan o bien, realizan una serie de actos repetitivos ante su negativa de dormir, que con el tiempo van modelando los “malos hábitos”, que son consentidos y reforzados por los propios padres.


“Por ejemplo, tienes que evitar los rituales cuando se despiertan en la noche, porque si cuando lo hace te paras a darle pecho o pasearlo, le estás creando hábitos incorrectos”, explica.


En ese sentido, dice el doctor que la mejor prevención del insomnio infantil es la constante educación de sus ritmos vitales.


“En un inicio que no tengan más de una o dos despertadas en la noche, que el niño duerma en su cuna y que a los 3 ó 4 meses, es aconsejable llevarlo a su dormitorio”, aconseja.


Otra opinión es que la entrega Isis Bravo, profesora de medicina integrativa y psicóloga transpersonal (www.tierranuevapucon.cl) quien dice que el insomnio infantil, se produce cuando los pequeños se encuentran bajo una situación que les genera ansiedad, estrés o cuando han estado expuestos a algún tipo de trauma y coincide con el neurólogo que se produce principalmente cuando existen desordenes de hábitos.


“El insomnio puede aparecer producto de un shock emocional, desorden alimenticio, mala distribución ornamental en su habitación, ansiedad, viajes largos y también ocurre cuando hay problemas psicofisiológicos, en la glándula pineal e idiopáticos relacionados con los estados de sueño y vigilia”, afirma.


Añade que con estos desordenes la distribución energética del cuerpo del niño estará constantemente colapsando desalineando el mecanismo de regeneración más importante que se tiene y que afirma que, es cuando dormimos.

El insomnio

Según explica el neurólogo existen varios tipos de trastornos del sueño, dentro de los cuales, el insomnio se define como la incapacidad de conciliar y mantener el sueño, o sea que también ocurre cuando una persona se despierta varias veces en la noche.


“Además están las parasomnias que son trastornos del comportamiento durante el sueño, donde se encuentran las pesadillas, terrores nocturnos, sonambulismo, sus causas son variadas y dependen de la etapa del sueño en que se presenten”, detalla.


Cualquiera sea el trastorno las consecuencias son preocupantes. Se habla de irritabilidad, dependencia de la madre, rechazo del niño, crisis familiar, pero también de trastornos del desarrollo por la alteración en la secreción de la hormona del crecimiento.

¿Qué hacer?

Primero habrá que llevarlo al pediatra para descartar que el insomnio se deba una patología orgánica, donde el análisis de la talla y el peso dará pistas de lo que sucede.


“Si no ha subido de peso tal vez se deba a que el pequeño esté quedando con hambre y que esa sea la causa de que se despierte en la noche”, analiza el neurólogo.


Entonces, una vez descartada la anomalía física, por ejemplo, en el período de lactancia, el doctor recomienda crearles rutinas marcadas por horarios y bañarlos en la noche, darle papa y después a su cuna. Luego, al crecer evitar las siestas largas y de noche, que sean a mediodía o antes o después de almuerzo y que no sobrepasen las 3 horas.


Si el niño o niña está en etapa pre-escolar entre 4 a 5 años también habrá que verificar que la causa no sea física, ya que las enfermedades asociadas, dice el especialista, no son pocas. Menciona apneas, adenoides, reflujos, enuresis y alergias alimentarias, para lo cual el tratamiento será farmacológico y conductual para la readecuación de los hábitos del sueño, donde se aconseja eliminar los equipos eléctricos en el dormitorio y una hora antes, cortar los estímulos y preparar el ambiente adecuado para inducir el descanso.


“En el caso de los niños más grandes tienen que dormir entre 9 y 10 horas diarias, por lo que a las ocho de la noche deben estar acostados. Le puedes leer una historia, poner luz tenue, todo lo necesario para crear el ambiente para dormir y que se despierte sin problemas a las 7 de la mañana”, enseña Felipe Giácaman.


Sin embargo, si el trastorno persiste el examen adecuado es una polisomnografía, que estudia la estructura del sueño apoyado de un encelafolograma y que en casos complejos se requiere hospitalización.


Además, será importante revisar que el insomnio no sea síntoma de una depresión que podrá ir acompañada de trastornos de alimentación, baja concentración en el colegio y por tanto, un deficiente rendimiento escolar.


Isis Bravo (isis.terapias@gmail.com) complementa, invitando a los padres a entregarles orden a los hijos, más calidad de tiempo, apoyo constante y ayuda para que ellos puedan canalizar mejor sus energías a través de danza, yoga o deportes.


“La medicina complementaria junto con la psicología transpersonal son muy adecuadas para tratar todo tipo de sintomatologías, pues ven al ser como la unión de todo lo que lo constituye cuerpo, familia, emoción y pensamiento y para estos casos, recomiendo el uso de medicina natural hierbas, flores de Bach, homeopatía, porque el cuerpo joven recuerda mucho más rápido como funcionar de manera normal”, opina.