Andrés Velasco: El lado femenino de un padre

Le han criticado que su amanerado rol en "Separados" es una burla al mundo gay, pero dice que la vida sexual de alguien no tiene nada que ver con lo afeminado que pueda ser un personaje de teleseries. Hoy el actor defiende lo que es ser un hombre, más allá de si es homosexual o hétero; y es lo que intenta inculcarle a su hijo, con el que lleva un año viviendo en el mismo techo.

Por Ángela Tapia. F., Emol
Mi. 07 de noviembre de 2012, 08:25
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Carla Dannemann, El Mercurio.

Carla Dannemann, El Mercurio.

Afuera del set en el que graban “Separados”, Andrés Velasco y Sigrid Alegría afinan los detalles de lo que será la fiesta de cumpleaños de Alonso (15), el hijo de ambos. Al despedirse de su guapa ex pareja, el protagonista de la teleserie nocturna de TVN explica que han decidido con los papás de los compañeros de su hijo que no habrá alcohol ni dejarán que se fume.

“Es que cuando se guía a un hijo, uno tiene que tener muy clara cuál es la postura propia frente al cigarro o al copete”, dice el tocayo del ex ministro de Hacienda.

Si bien siempre ha sido un padre presente en la vida de Alonso, Andrés lleva un año involucrado “puertas adentro” -como dice- con la labor de la crianza, desde que su hijo decidió irse a vivir con su papá. Es ahora que Andrés sabe que tiene la maravillosa oportunidad de inculcarle más que nunca las lecciones de vida que quiere traspasarle a quien, hasta el momento, es su única descendencia. “Los hijos nos están poniendo a prueba todo el tiempo y eso es lo entretenido. Tener un hijo es como un viaje”, reflexiona.

Ya sentado en el patio del canal de televisión, alguien le lanza una broma sobre su gracioso y afeminado personaje de los “separados”. Él contesta riéndose. Sabe que, a  diferencia de su primer trabajo en teleseries (“El rucio” en “Amores de mercado”, también homosexual), Mateo Fernández es una exagerado rol que no pasará desapercibido. Y bien se lo han hecho saber algunas voces de grupos de derechos gay, que alegan que su interpretación es una burla.

“Me dijeron que se habían sentido un poco ridiculizados, olvidando que es una comedia delirante y que no hay acercamientos a la realidad en términos sutiles. Todo es exagerado, el chanta es súper chanta, el mamón es súper mamón y evidentemente, mi personaje, más aún tratándose de alguien afeminado, llamó la atención. Pero la teleserie no plantea problemáticas en profundidad. Pueden discutirse cosas, pero no es la intención. No resiste análisis”.

-Pero debe haber alguna diferencia entre tu primer personaje y Mateo, en una sociedad chilena bastante más abierta que antes al tema gay.
"Sí. ‘El rucio’ era un personaje marginal que trabajaba en una ‘boite’ de mala muerte. Ahora tengo mucha más cancha para jugar; la temática está mucho más instalada en la gente, y siento que ya tengo mucho más años de experiencia como para plantear un personaje un poquitito más contundente. Mateo es casi una señora, pero puede pararse frente a frente a otro hombre y defenderse dignamente. Por eso no estoy de acuerdo con los comentarios que hablan de que se ridiculiza al personaje. Mateo se defiende solo".

“La idea no es burlarse de él. Al revés, es reírse con las tonteras que hace, con su espontaneidad e histrionismo. El hecho de ser homosexual no significa que tenga que ser afeminado. En este caso, estamos viendo a un personaje sumamente amanerado, y ése es su atractivo, no su sexualidad. Si eso resulta ser una ofensa con la gente afeminada, podemos conversarlo, pero decir que los gay se sienten ofendidos los pasa a llevar, me parece un poquito absurdo”.

-¿Tus amigos gay te han dicho algo?
“Me han felicitado. Me han dicho que les da gusto ver una interpretación genuina, en una tecla que para ellos es tan común. Mis compañeros de trabajo a veces se ríen y se preguntar si de verdad soy así, porque me lo tomo muy en serio. En el camarín ando loqueando y la Coca Guazzini me reta. Además, como tengo funciones dentro de la casa de ‘los separados’, también en el set estoy preocupado de cosas, como de que haya fruta, por ejemplo”.

-¿Eres la mamá del grupo?
“En algunos aspectos, sí, y mis compañeros lo notan y se ríen. Pero siento que nos ayuda mucho. Hace que la relación entre nosotros tenga un símil en la escena y el camarín. Además, tiene que ver con la etapa que estoy viviendo, de preocuparme más por las cosas ahora que llevo un año viviendo con mi hijo”.

El hogar de Andrés lo compone actualmente su hermano y Alonso. Los tres hombres Velasco son algo autistas, según el actor. Entre el menor que le gusta estar conectado en internet, hablando con amigos y viendo series, y el tío de éste que se concentra en estudiar para la universidad, intentan manejar sus tiempo para coincidir en las comidas y hablar de sus cosas.

“No tenemos nana ni nadie que nos ayude. Somos tres hombres en la casa, con todo el caos que eso significa. Pero hemos querido hacernos cargo de eso también, de llevar nuestra alimentación, nuestro aseo, nuestro orden, y ha sido bien enriquecedor, porque se desarrolla el lado femenino de uno o de nuestra cultura”, comenta.

-¿A qué te refieres con el lado femenino?
“A ir a comprar frutas, verduras, hacer legumbres, que significa el día anterior echar a remojar las lentejas. Y después, al día siguiente, cocinarlas para tenerlas listas recién en la tarde. Esa vuelta es muy femenina, porque uno como hombre, según lo que nuestra cultura promueve, prefiere las soluciones rápidas, que es pedir comida o ir a comer a algún lado, sacar un bistec, hacer fideos o huevos, y estamos. El menú no sale de ahí”.

-Uno de los prejuicios que se tiene de una casa de un hombre de 38 años, con su hermano y su hijo quinceañero, es desorden varonil, suciedad y un refrigerador vacío.
“No, para nada. Siempre hay lechuga, zanahorias, papas, las mallas con zanahorias, los kiwis, manzanas, plátano, palta... Tengo cosas congeladas, por supuesto. A veces llego a la casa súper tarde y tengo que solucionar con eso, así que congelo la salsa boloñesa y las lentejas. Siento que estamos logrando una mezcla en la casa de lo masculino y femenino”.

-¿Siguen teniendo entonces ese toque despreocupado que se le atribuye a los hombres?
“Sí, la casa tiene un desorden, y no ando como loco gritando que ordenen. A veces no pasamos la escoba en mucho rato y se juntan las pelusas. No tenemos un  rollo con negar nuestra masculinidad caótica y sucia, pero tampoco esperamos a que el refrigerador esté vacío para ir a comprar. Además, al hacerme cargo de mi hijo, siento que también estoy educándolo. Está en una edad en que también está aprendiendo a ver a su padre que se hace cargo de sí mismo, y me parece que es un buen aporte para él. Va a ver que no solamente con una mujer uno puede vivir bien”.

-Parece que ahora, más que nunca, es el momento de dejar claras las cosas que quieres traspasarle a tu hijo.
“Por lo menos en esta etapa, sí. Es importante la presencia del papá cuando chico, pero la madre se transforma en una figura realmente vital. Yo siempre he estado ahí, pero hoy tengo una participación más activa y me preocupo de enseñarle a ser hombre. No tanto a ser…”.

-Macho.
“Claro. Hombre significa ser muchas más cosas que lo que la sociedad propone. Tienes que ser capaz de cocinarte, de ordenar tu ropa, de saber lavarla, saber sacar una mancha, no acumular loza sucia… No tenemos por qué bajar nuestra calidad de vida, solo por el hecho de no estar viviendo con una mujer al lado, que supuestamente sepa hacer esas cosas. A mí no me interesa tanto que mi hijo tenga ordenada la pieza, sino que tenga la motivación para hacerlo. Hay cosas delicadas, como el baño. Si no está limpio es asqueroso y eso es vivir mal. Y si mi hijo quiere llevar a alguna amiga, no puede prestarle el baño sucio. Eso habla mucho de uno, de cómo ha sido educado y de cómo uno ve la vida”.

-¿Cuál es tu vicio privado?
“Yo tenía la tendencia a acumular cosas, casi como un ser coleccionista, pero nunca llegue a seguir una sola línea. Básicamente, fui cachurero. Pero me di cuenta que no era algo que me iba a acercar al bienestar. Al contrario, se transformó en una mochila que no me interesaba cargar. Pero hoy, lo que tengo como vicio, es el bienestar, y con eso me he puesto obsesivo. Me preocupo de comer bien. No quiero comer otra cosa que no sea fruta en la mañana. Para mí es religioso eso. Quiero mi cuerpo, tomando unas buenas dosis de agua al día, teniendo buenos pensamientos”.

-¿Cómo cuidas tu cuerpo?
“No consumo medicina alópata de hace casi tres años. Ninguna aspirina, nada. Tengo una vida sana, a partir de la alimentación. Si me alimento bien, mi cuerpo va a estar bien. Y en caso de emergencia, uso hierbas, fitoterapia. También he aplicado homeopatía, terapias energéticas, de ordenamiento de las energías físicas que tiene más que ver con la medicina china; masajes sanadores que te ayudan a eliminar los miedos, y así te ahorras un montón de enfermedades”.

-Sí, suena algo obsesivo.
“Pero espero no transformarme en un loquito de la cuestión. Como de todo, incluso, algunas porquerías, pero pocas. Mejoro mi rutina, pasando pocas horas frente a la pantalla, y trato de dormir la mayor cantidad de horas. Tomo muy poco alcohol, y los espacios con mucho tabaco también me hartan. Por eso estoy un rato con los amigos y ya me quiero ir”.